Si los premios Oscar del año 2015 fueran una batalla territorial nadie tendría que cruzar continentes para proclamarse vencedor. Básicamente la contienda se reduce a un mexicano y dos texanos, algo así como primos hermanos de geografía y clima:  Alejandro González Iñárritu, con las nueve nominaciones de Birdman; Richard Linklater y las seis postulaciones de Boyhood; y Wes Anderson con las nueves nominaciones de El gran hotel Budapest.

González Iñárritu, el ex locutor de radio que en 1999 sorprendió con las miserias y desgracias urbanas de Amores perros, lleva 16 años después su batería de neurosis contemporánea a la ciudad de Nueva York. Entre sus calles y los bastidores de sus teatros se bate la vida algo quijotesca de Riggan Thomson (Michael Keaton), un actor de pasado esplendor como superhéroe en Hollywood y miserable presente en la Gran Manzana. Según los pronósticos de los especialistas (ver página 85) es la cinta con más posibilidad de llevarse al Oscar a Mejor Película. Lejos del infernal narcisismo de los personajes de Birdman  se mueve   Boyhood, que posee un ritmo narrativo  inversamente proporcional a las pulsiones y los conflictos existenciales del filme de Iñárritu. La cinta de Linklater deja que la cámara filme en tiempo real y naturalista la vida de Mason, desde los 5 a los 17 años. Por el contrario, El gran hotel Budapest de Wes Anderson es todo un despliegue de realidades y decorados artificiales.

Nacidos en la misma ciudad (Houston, Texas) con nueve años de diferencia, Anderson (45 años) y Linklater (54 años) comenzaron a mostrar sus artes en los años 90 a través de producciones independientes. Si Linklater siempre optó por el verbo e hizo de los diálogos casi una obsesión, Anderson nunca ocultó su preferencia por los microclimas de las familias, por las impecables puestas en escena y por un sentido del humor único. Son ejemplos de cineastas independientes capaces de emigrar a una audiencia mayor. En el caso de Anderson, incluso apadrinado por Twentieth Century Fox. Su película  sobre nostalgias europeas antes de la Segunda Guerra Mundial logró, entre otros reconocimientos, los principales premios Bafta de la industria británica.

Entre ambas producciones, es Boyhood la que llega mejor parada frente a Birdman. En rigor, la carrera por el Oscar a Mejor Película es probable que se defina en última vuelta entre el filme de Linklater y el de González Iñárritu. Mientras el trabajo del primero posee el encanto de una historia de crecimiento en la Norteamérica del sur, la obra de González Iñárritu es una muestra de la implacable competitividad y frustración  profesional en la urbe moderna. Ambas son más contingentes en tópicos y problemáticas  que El gran hotel Budapest, un gran ejercicio visual que seguramente se quedará sólo  con los galardones técnicos del Oscar.

Las nominaciones a estas películas confirman aquella tendencia a legitimar a realizadores que hace unos cuantos años nadaban en el mar del cine independiente, anclado a los festivales europeos. Sin ir más lejos, el Festival de Berlín 2014 fue la pista de despegue para Boyhood y El gran hotel Budapest: la primera se llevó el Oso de Plata a Mejor Director y la segunda el Gran Premio del Jurado, es decir el mismo galardón que hace una semana obtuvo El club, de Pablo Larraín.

ACTORES, GENIOS E IRAK

En la categoría de Mejor Actor la disputa está relativamente difusa: aunque la interpretación de Michael Keaton como el decadente actor Riggan Thomson ha despertado simpatía por las evidentes similitudes con la propia trayectoria artística de Keaton, el innegable poderío de Eddie Redmayne en el rol del físico Stephen Hawking en La teoría del todo puede cautivar al punto de quedarse con la estatuilla.

Esta película del  británico James Marsh está nominada a cinco Oscar y recae en aquella suerte de subgénero de la "biografía ejemplar de procedencia británica". En este caso el personaje es Stephen Hawking y su gran competidora es El código Enigma, nominada a ocho estatuillas, y con el matemático Alan Turing como el personaje central. Ambos trabajos son técnicamente irreprochables, pero dramáticamente algo inertes, un poco en la misma línea de El discurso del rey (2010) y La reina (2006), dos largometrajes que ya fueron premiados en la ceremonia de Hollywood.

Entre los realizadores de la vieja escuela que este año buscan su Oscar está también Clint Eastwood: su controvertido filme Francotirador americano acaparó seis nominaciones, incluyendo Mejor Película y Mejor Guión Adaptado. Objeto de dardos desde el lado liberal americano por su eje ideológico conservador, esta narración sobre un soldado de infalible puntería en Irak tiene la suficiente incorrección política para no lograr premios mayores en la noche de los Oscar.

Desde el universo de las películas de bajo presupuesto, Whiplash (con cinco nominaciones) probablemente se quedará con el Oscar a Mejor Actor Secundario. J.K. Simmons como el exigente y marcial profesor de jazz Terence Fletcher es el alma de esta cinta sobre un abusivo instructor  en una escuela musical que parece academia de guerra.