Ciencia ficción, historias humanas y una cinta de terror llegan a los cines chilenos esta semana. Una raza alienígena que ha aterrizado en la Tierra y que despliega 12 naves estáticas alrededor del mundo, es la trama que plantea La llegada. Diriga por Dennis Villeneuve (Sicario) y protagonizada por Amy Adams, deja de lado los efectos especiales para plantear interrogantes filosóficas como el origen de las personas y el paso del tiempo, "se inscribe dentro de lo destacado del año", dice la crítica. Le sigue el debut cinematográfico de Alex Anwandter, Nunca vas a estar solo. Es una versión libre del caso Zamudio, que fue distinguida con el premio Teddy en el Festival de Berlín. Está dividida en dos bloques que funcionan por si solos: uno cuenta la vida de un estudiante de danza perseguido por su homosexualidad y otro sigue la peregrinación de su padre en busca de justicia tras su muerte. Por último, para los amantes del terror llega la cinta danesa Ellos te están esperando, sobre un virus que se propaga convirtiendo a todos los infectados en zombies. Más allá de la sangre y las víceras, la historia explora las relaciones familiares en situaciones extremas, aún así, no logró convencer a la crítica que la tildó como "un capítulo desechable de The walking dead".

La llegada: Encuentros Cercanos

Crítica por René Martín.

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La llegada. Dirigida por Dennis Villeneuve. Con Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker. Ciencia ficción, drama. 116 minutos. Estados Unidos, 2016. Todo espectador +7

Nota 6

Una raza alienígena ha aterrizado en la tierra. 12 naves distribuidas alrededor del mundo se muestran absolutamente estáticas y silentes. La opinión pública es poco lo que sabe y los gobiernos del mundo trabajan en conjunto, aunque con distancia, para averiguar las razones de la llegada de estos seres al planeta. Entra en escena la doctora Louise Banks (Amy Adams) una experta en lingüística y algo entregada a la soledad después de haber perdido a su pequeña hija. Su misión es clara: averiguar qué quieren los alienígenas.

El lenguaje es la piedra angular en el cómo entendemos el mundo que nos rodea y nos damos a entender. Esto es algo que Banks sabe muy bien y su meta es enseñar el lenguaje terrestre a la vez que aprender el idioma foráneo. Sabe que un error en la comprensión podría traer consecuencias peligrosas, en especial cuando los militares son los que poseen el control y todo el mundo espera con miedo.

El cine de ciencia ficción siempre ha sido una herramienta fundamental a la hora de plantear interrogantes filosóficas que corren por sendas como el origen de la vida, del tiempo o de quiénes somos como personas. La Llegada se interna por estos derroteros y se emparenta con clásicos como Solaris, 2001 o las más recientes Under the Skin y Moon, dejando de lado el Hollywood más simple y juvenil tipo Misión Rescate o la insostenible Interestelar. Sin estridencias ni sobrecargando la mano por el lado de los efectos especiales, esta cinta explora el tiempo, nuestra resiliencia frente a las pérdidas y nuestra facultad de sobrellevar el determinismo inherente en nuestra existencia. El director Dennis Villeneuve (Sicario) demuestra ambición en su obra y apunta alto en el planteamiento que hace de las posibilidades que existen en la realidad que pensamos conocer. Amy Adams, como nos tiene acostumbrados, está estupenda en un rol complicado y en el que se apoya toda la historia; hubiera sido fácil llevar su desempeño a una estridencia insoportable con ánimo de Oscar, pero Adams, como todo el inmenso universo que se plantea, prefiere lo más pequeño, cerebral e interno, dejando que las acciones y consecuencias se dejen absorber de manera natural.

La Llegada es una historia que se inscribe dentro de lo destacado del año, solo falla al plantear un escenario mucho más amplio y profundo del que es capaz de abarcar, además de poseer un serio tropiezo con un grupo de personajes que (menos mal) pronto salen de la disputa, pero esto no juega en desmedro de un resultado inteligente, adulto y que obliga a pensar y replantearse todo lo que hemos sido testigos. Tanto dentro como fuera de la sala de cine.

Nunca vas a estar solo: Dos en una

Crítica por Pablo Marín.

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Nunca vas a estar solo. De Alex Anwandter. Con Andrew Bargsted, Sergio Hernández, Gabriela Hernández. Chile, 2016. 81 minutos.

Nota: 4

El cantante y compositor Alex Anwandter clavó su primera bandera en el cine con un filme inspirado –libremente- en el caso de Daniel Zamudio. Eso sí, tanto o más que en el joven que esperaríamos (Andrew Bargsted), en Nunca vas a estar solo el peso de la dramaturgia termina estando en otro lado. Pablo es un estudiante de danza que aspira a audicionar para la TV y que ocasionalmente se encama con un joven vecino. Pero hay un par de matones que buscan, hasta que encuentran, el momento de darle una pateadura y algo más. Por el hecho ser homosexual. Con ello, termina una parte de la película que es un mediometraje en sí mismo. Luego viene la procesión del padre de la víctima (Sergio Hernández), emprendedor tardío de una clase media modesta, que deambula por la ciudad en busca de justicia para Pablo y para sí mismo. Esta "otra película" es más artificiosa y menos entrañable. Desafectados como están estos bloques entre sí, la cinta exhibe caracterizaciones atractivas y sabe darse atmósferas envolventes, pero ni ésos ni otros logros la inoculan contra un manierismo que no decide desde dónde mirar y que, cuando lo hace, se distrae con la frase sentenciosa y la imagen por la imagen.

Ellos te están esperando: Capítulo desechable de The Walking Dead

Crítica por René Martín.

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What we become. Dirigida por Bo Mikkelsen. Con Mille Dinesen, Troels Lyby. Terror, drama. Dinamarca, 2015. 85 minutos.

Nota: 3

En el pequeño vecindario de Sorgenfri en Copenhague, un peligroso virus comienza a diezmar a la población. Rápidamente el gobierno toma el control del lugar y las fuerzas armadas sitian el poblado para prevenir que el virus se propague. Lo que no se ha comunicado a los habitantes del sector es que el virus transforma a los infectados en hambrientos zombies.

Dejando de lado la violencia explícita y el exceso de sangre y vísceras que pueblan el género de los muertos vivos, What We Become está más interesada en ahondar en las dinámicas familiares que se desarrollan en momentos extremos, cuando las fortalezas internas deben salir a flote para enfrentar la dura realidad. Su cometido no lo logra del todo, en especial porque no logra desarrollar personajes atendibles, menos situaciones de claustrofobia y miedo que la situación requiere al confinar a sus personajes a un ambiente restringido y potencialmente peligroso. El resultado es un intento más o menos meritorio de exploración del género, pero que se queda como un capítulo más bien desechable de The Walking Dead y casi sin una gota de sangre.