Puede ser que cada vez que ves un pequeño cuadro, una funda de cojín una chaqueta intervenida con un lindo bordado, ese bichito curioso brote dentro de ti y es que los resultados que obtienes de bordados son a veces muy impresionantes, sobre todo cuando se practica el bordado de estilo libre, técnica con la que puedes expresar su creatividad, además de parte de tu personalidad. Cuando las puntadas se dan por convicción e intuición y la prolijidad muchas veces va difuminándose en el camino a favor de esos resultados más explosivos.

Lo mejor de esta técnica es que puede ser practicada tanto por principiantes como para costureras experimentadas. Eso fue justamente lo que atrajo a Javiera Schuffeneger, diseñadora gráfica que trabajó varios años en las áreas digitales de agencias de publicidad. Aunque sus intereses también estaban en lo análogo.

“Siempre me llamó la atención y tuve habilidades para todo lo que tenía que ver con manualidades y hacer cosas con las manos”, cuenta. Quiso hacer un curso de cerámica, pero su presupuesto solo le alcanzo para ingresar a uno de bordado. “Ahí me lancé”, dice.

Ahí no solo aprendió sino que cambió su vida: hoy trabaja haciendo bordados y talleres, tiene una tienda en Pucón —donde vive hace dos años— y su proyecto BordaeTuMadre tiene más de 90 mil seguidores en Instagram. El espacio está en un centro comercial rodeado de naturaleza. “Si eres bordadora, en este lugar te encontrarás en un paraíso”. Además de su trabajo, vende a precio justo materiales, lanas, agujas, bastidores, telas, tijeras y todo lo necesario para bordar. “Son cosas que no encuentras fácilmente aquí, donde el acceso a materiales es más limitado y mucho más caro”, apunta.

Lo que más le gustó del bordado libre, y que la llevo a dedicarse completamente a ello, es “que no limita la creatividad”. Cuando se hace bordado tradicional, como el punto cruz o el crewel, tienes que seguir ciertos patrones o direcciones, siempre con el mismo material. En cambio con el bordado libre, tal como lo dice su adjetivo, pasa todo lo contrario. “Si te aburres de ocupar hilo, puedes usar mostacillas; si te cansas, puedes aplicar pintura, y así”, comenta. “Te da espacio para hacer lo que quieras”.

¿Se puede partir sin haber tomado nunca una aguja?

¡Claro que sí! De hecho, estos son los alumnos que más le gustan a Javiera en sus talleres, ya que solo vienen dispuestos a aprender. “Para empezar no se necesita nada, ni conocimientos previos ni habilidad de dibujo o diseño”, dice.

A ella le gusta enseñar la técnica desde la intuición, dejándose llevar por los colores. “Me gusta recibir a la gente nueva diciéndoles ‘relájate, crea, elige los colores que quieras, no te limites, no te pongas barreras pensando que no eres tan bueno para estas cosas’. Solo se requieren ganas y disposición”. Aunque si lo piensa bien, lo único necesario de comienzo a fin es la paciencia, aunque es una habilidad que se puede adquirir.

Comenzando por el punto atrás

Para comenzar, Javiera sugiere aprender el punto atrás. “Es un punto básico con el que uno puede crear lo que sea. De hecho, puede que este sea el único punto que te cepas en la vida, pero aún así puedes hacer efectos bacanes y trabajos súper bonitos”, opina.

Hacerlo es sencillo, o al menos así se ve en un tutorial de YouTube. Para empezar, haces una puntada por el revés y avanzas una zancada. Luego, entierras la aguja por el frente y vuelve a avanzar otra zancada, esta vez por detrás. Sacas la aguja y regresas a la puntada anterior, entierras la aguja y avanzas de nuevo por detrás. Así, vas avanzando en el diseño como si fueras retrocediendo en la tela. Aunque suena complejo, es más fácil de lo que parece, y está muy bien explicado en el siguiente tutorial.

La idea es poder jugar con puntas más largas y otras más cortas. También con distintos colores, generando luces y sombras. “Con este punto puedes ir soltando la mano para después aprender algunos más complicados, como el nudo francés, el rococó, picot u otros puntos con volumen y tejido”, sugiere.

Materiales básicos para empezar

Los materiales que se necesitan para comenzar en el bordado libre son pocos y muy simples: una tela, una aguja e hilo. “Teniendo eso ya puedes componer piezas desde cero”, explica Javiera. Lo ideal, pero no imprescindible, es contar con un bastidor, “que te va a ayudar para que este proceso sea mucho más amable”.

El rol del bastidor es tensar la tela, por lo que “hace que el trabajo quede más prolijo, más lindo, sin arrugas, te ordena más la mesa de trabajo y será más fácil ir componiendo los espacios que te van quedando en blanco o los que están muy rellenos”.

Bastidor plástico India 12 cm


También existen otro accesorios que pueden ayudar al proceso, dice Schuffeneger, “como lápices especiales, para transferir el diseño a la tela, o diferentes tijeritas que a las bordadoras nos vuelven locas, porque hay algunas que son coleccionables, de distintos colores y tamaños”.

En cuanto a la aguja, con la clásica del costurero basta para partir. A medida que vas aprendiendo y perfeccionando el bordado, eso sí, conviene invertir en agujas mejores y más cómodas. “Finalmente, la aguja es la que define la prolijidad de tu bordado”, dice la creadora de Bordaetumadre.

“Si ocupas una aguja mala, sin filo y que no hace agujeros lo suficientemente grandes como para que quepa tu hilo y se pueda deslizar bien, se va a notar en el resultado”. Por lo mismo, recomienda que si quieres tener una buena factura en el trabajo, es esencial trabajar con buenas agujas. “Incluso es más importante que un buen hilo”, recalca.

Las siguientes son agujas japonesas, con ojo largo para facilitar el enhebrado y una punta muy afilada, ideales para bordar con lanas delgadas. “Estas agujas”, dicen en la tienda Revesderecho, “tirarán de hilos largos fácilmente a través de telas apretadas”.

Aguja Hemline Chenille Premium #18-22 (6 unidades)


Beneficios del bordado

Bordar, además de entrenido, puede ser terapéutico. No se trata de una creencia hippie, sino que es una certeza con fundamentos científicos. “Este tipo de actividades te ayudan a enfocar tu atención y concentración en una sola tarea, por lo tanto son muy útiles para relajarse pero también para potenciar tu creatividad y tu desarrollo psicomotriz”, comparte Schuffeneger.

También fomenta la autoestima, algo no menor en tiempos donde campea la inseguridad, la ansiedad y la poca confianza en uno mismo. “Al poco tiempo podrás ver que eres capaz de bordar algo y eso mejora la autopercepción. Por más pequeño que sea, una florecita pequeña, o hasta que ya puedas intervenir tu ropa; son beneficios que mejoran la autoestima”, cuenta.

Un estudio de la Universidad de Brighton comprobó que el bordado puede promover un cambio significativo en la salud mental de ciertas personas, “dotando de propósito la vida cotidiana a través de una compañía que involucra el cuerpo, la mente y los materiales“. Aunque solitaria, es una relación entre la persona, la aguja y la tela, que se desarrolla en el tiempo y se propone como vía de potencialidad terapéutica”, concluyen.

La impaciencia o la inseguridad, dice Schuffeneger, es algo con lo que llega la mayoría de las personas que asiste a su taller. Pero al poco tiempo se supera. “Hay gente que habla del bordado como una nueva forma de meditación: concentrarse en una tarea y pasar la aguja por la tela una y otra vez; poner atención a los sonidos del hilo atravesando la tela o el de la tijera cortando un material; ese olor a hilo recién comprado: todos son estímulos que van a favorecer a tu desarrollo emocional y tu creatividad”, profundiza.

“Con el bordado uno puede soltar sus limitaciones, la creencias de que no somos creativos o no somos buenos para trabajar. Hay que quitarse las barreras que uno se impone, ese síndrome del impostor que acecha, y atreverse a indagar en esta técnica que, de seguro, les va a traer un montón de beneficios a futuro”, expone.

¿Dónde aprender?

¿Te dieron ganas de probar el bordado estilo libre? Javiera Schuffeneger tiene un curso online en la plataforma Crehana. “Puedes ir aprendiendo a tu ritmo. Ir pausando, retrocediendo, adelantando. Puedes hacer el taller en una semana o demorarte dos años, da lo mismo”. Antes de la pandemia solo hacía cursos presenciales, pero esta plataforma le permitió expandir su ola de conocimientos a cualquier parte del mundo. “Ha sido un trampolín que me ha ayudado a dar a conocer la técnica y mi trabajo”, puntualiza.


*Los precios de los productos en este artículo están actualizados al 3 de marzo de 2023. Los valores y su disponibilidad pueden cambiar