Juan Manuel Baraona

Juan Manuel Baraona

Profesor de Derecho Tributario U. de Chile y socio Baraona, Fischer y Spiess Abogados.

Pulso

Algunos comentarios sobre el debate tributario


En el debate tributario se han escuchado cosas que merecen algunos comentarios. Primero, se afirma que en el sistema integrado las empresas no pagan impuestos, pues el tributo corporativo se da totalmente de crédito en contra de los impuestos que pagan las distribuciones a los socios, accionistas o propietarios. Buen punto a primera vista. Pero quienes así piensan olvidan que eso es efectivo sólo si las empresas reparten todas sus utilidades, lo que no es en absoluto cierto.

Se ha dicho frecuentemente sin contradicción, que en Chile las empresas distribuyen aproximadamente una tercera parte de sus utilidades y no es necesario ser muy astuto para concluir que se trata de las unidades productivas más grandes. El argumento cae por lo menos en sus dos terceras partes. Sólo al fin de los tiempos todas las empresas distribuirán todas sus utilidades retenidas a todos sus propietarios. De modo que, por el futuro previsible las empresas continuarán contribuyendo tributariamente.

Se suele decir también que no se puede bajar la tasa del 27% al 25% pues de este modo dejarían de pagar los súper ricos. Pueden haber razones de recaudación, pero la que se da no me parece apropiada pues, también lo hacen los menos ricos. El rico tendrá más crédito y el menos rico recibirá una mayor devolución, lo que es lo mismo. El verdadero perjuicio para el menos rico no está ahí, sino en el ineficiente sistema que desde siempre ha existido respecto de las devoluciones de impuestos. La ley es clarísima, el remanente a favor del contribuyente será devuelto dentro de los 30 días siguientes al vencimiento del plazo legal. Pero quienes lo hayan sufrido sabrán que en el caso de las empresas, este plazo no se cumple en muchos casos y que las pymes deben esperar más. Ahí está el problema. La cosa debería ser el revés, primero la devolución y luego la revisión. Como lo prescribe la ley.

Es preciso tener en consideración, que yo sepa, que los impuestos corporativos no han sido una buena herramienta redistributiva. De modo que para afectar a los súper ricos deberíamos recurrir a los impuestos personales, y no solamente de los empresarios. Ello, suponiendo que nos ponemos primero de acuerdo en qué es un súper rico. Dejemos, por ejemplo, como están la tasa de la empresa y las del impuesto global complementario y desintegremos el sistema semiintegrado. La tasa marginal total de los aproximadamente 37.000 contribuyentes que están en la tasa más alta del impuesto Global Complementario entendiendo que esos son los súper ricos, que obviamente no lo son, y que representan el 1,28% de los contribuyentes del impuesto Global Complementario, subiría a de 44,45% a 52,55%. ¿Suficiente? Y si no lo es, ¿70% será suficiente o más?

Otro tema. Se dice que el problema es que los súper ricos hacen martingalas con sus sociedades por lo que hay que subir las tasas de las empresas. Pero las principales martingalas son cosas del pasado, como los retiros para invertir y el término al aprovechamiento del crédito de primera categoría por los parientes. Incluso esta idea fue propuesta por el gobierno en la reforma de 2012 y rechazada por el Parlamento de la época. Además, para eso fueron aprobadas en 2014 las medidas antielusivas. ¿O es que la solución es tener solamente empresas unipersonales?

 

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