Reguladores deciden prorrogar las tablas de mortalidad vigentes para el cálculo de las pensiones, producto del Covid-19

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La CMF y la Superintendencia de Pensiones explicaron que esto se decidió así,"primero, porque la pandemia ha incidido en el proceso de actualización de tablas de mortalidad, el cual se ha visto impactado en su planificación original. Y segundo, porque existe la necesidad de evaluar el eventual impacto de la pandemia en la mortalidad de mediano y largo plazo".


Cada cierta cantidad de años la Superintendencia de Pensiones (SP) y la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) tienen la misión de actualizar y fijar las tablas de mortalidad del sistema de pensiones.

Y eso fue lo que publicaron este jueves en una propuesta de normativa, donde los reguladores informaron que consideraron pertinente “prorrogar la vigencia de las actuales tablas de mortalidad 2014″, cuya vigencia termina el 30 de junio de 2022, y que contempla que las mujeres vivirán en promedio hasta los 90 años y los hombres hasta los 85.

¿A qué se debe esta decisión? “Lo anterior se explica por la contingencia sanitaria del Covid-19. Primero, porque la pandemia ha incidido en el proceso de actualización de tablas de mortalidad, el cual se ha visto impactado en su planificación original. Y segundo, porque existe la necesidad de evaluar el eventual impacto de la pandemia en la mortalidad de mediano y largo plazo”, señalaron los reguladores en el informe de la normativa en consulta.

Estas tablas son las que se utilizan para el cálculo del retiro programado, los aportes adicionales para pensiones de invalidez y sobrevivencia (SIS), y las reservas técnicas que deben constituir las compañías de seguros que ofrecen rentas vitalicias y que participen del SIS.

En 2005 fue cuando se hizo una primera actualización de las tablas de mortalidad vigentes a esa fecha, después de 20 años de su publicación. A partir de entonces, se estableció que las tablas de mortalidad previsionales fueran tablas dinámicas o generacionales, y que debían ser actualizarían cada cinco años, aunque esto se modificó en 2014 a una periodicidad de actualización cada seis años, para que coincidiera con la vigencia de los contratos del SIS, que se licitan cada dos años.

Así las cosas, las tablas de mortalidad se han actualizado en tres ocasiones más, lo que resultó en las tablas de 2006, 2009, y 2014.

Es por esto que los reguladores detallaron que en el segundo semestre de este año “correspondía implementar la actualización de las tablas 2014 (que entraron en vigencia en julio de 2016) para generar las nuevas tablas 2020 (TM- 2020) que debían entrar en vigencia a partir de julio 2022″. De esta manera, el de ahora era el cuarto ajuste que se realizaría a las tablas de mortalidad.

El análisis

En su diagnóstico, los reguladores señalaron que “se ha hecho necesario evaluar el eventual impacto de la pandemia en la mortalidad de mediano y largo plazo. La pandemia del Covid-19 se ha caracterizado por impactar fuertemente a la población de adultos mayores, desviándose la mortalidad en este segmento de la tendencia observada en años anteriores”.

A raíz de lo anterior, y considerando que las aseguradoras usan las tablas de mortalidad para estimar las reservas técnicas representativas de los montos de las futuras pensiones que deben pagar, los reguladores concluyeron que “incluir en su estimación un periodo de mayor mortalidad, como lo es el de la pandemia del Covid-19, sin estudiar de forma previa los efectos permanentes que podría tener en el largo plazo, podría resultar en una subestimación de la longevidad y, en consecuencia, en una insuficiencia de estas reservas técnicas”.

En tanto, en el caso del retiro programado, la CMF y la SP dijeron que “podría implicar un uso acelerado de los fondos de pensiones”.

El informe señala que “la experiencia internacional sugiere excluir periodos anómalos en el proceso de estimación de la mortalidad”.

En esa línea, recordaron que”el objetivo de las tablas de mortalidad previsionales es reflejar las probabilidades de fallecimiento futuras de la población pensionada, la cual es cuantificada a través de los factores de mejoramiento. En este sentido, es importante establecer los efectos de la pandemia en la evolución esperada de la mortalidad en el futuro y determinar en qué forma la tendencia de mortalidad observada previo al año 2020 se vería impactada en el mediano y largo plazo”.

La prórroga que definieron los reguladores también se basa en otro argumento: “Producto de los análisis realizados con información disponible del sistema de pensiones (D.L. 3.500) hasta diciembre 2019, se concluye que las tasas de mortalidad consideradas en las tablas de mortalidad vigentes, no son superiores a la mortalidad observada (real) en la población afecta y, por tanto, representan adecuadamente la mortalidad anterior a la pandemia”.

Por otro lado, agregaron que “en lo que respecta a los factores de mejoramiento, los cuales estiman la evolución de la mortalidad base a través del tiempo, si bien su representatividad se podría haber visto afectada por el fenómeno en comento, su eventual reemplazo o modificación requiere de un mayor estudio en función de los antecedentes expuestos, por lo que se considera prudente mantenerlos hasta finalizar el análisis de los efectos de la pandemia”.

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