Tamara Lunger, montañista italiana y compañera de escalada de Juan Pablo Mohr: “Yo creo que llegó a la cumbre del K2, pero pienso que hubo un accidente”

Tamara Lunger y Juan Pablo Mohr, en el campamento base del K2. Foto: Tamara Lunger

En su primera entrevista desde que volvió del segundo monte más alto del mundo, el K2, Tamara Lunger relata a La Tercera los detalles del ascenso que le costaron la vida a Mohr, Ali Sadpara y John Snorri. Repasa errores, como no llevar una cuerda de respaldo el día del ataque a la cumbre, y recuerda las últimas conversaciones que tuvo con Juan Pablo en el campamento 3, antes de su ataque a la cima. “JP me dijo que iba a intentar la cumbre y que si yo no podía subir, iría conmigo la próxima vez, que no me iba a dejar sola”, rememora.


-Ahora, vamos a la cima o a la muerte.

Tamara Lunger, alpinista italiana y compañera de escalada de Juan Pablo Mohr en el K2, no podía creer lo que escuchaba. Mucho menos de la boca de alguien que conocía bien: Ali Sadpara, avezado montañista paquistaní, considerado un héroe nacional. Con un tono seco y perentorio, Sadpara le hacía saber por radio a un oficial del Ejército que estaba dispuesto, al parecer, a asumir cualquier consecuencia con tal de lograr el objetivo. Era el todo o nada.

***

Desde su casa en Italia, Tamara Lunger, esquiadora profesional de 34 años, intenta por estos días recuperarse de una tragedia que aún no alcanza a comprender del todo. Lo primero que le dijo su madre al enterarse de la muerte de sus amigos fue que no perdiera la fe en Dios, que todo ocurre por una razón. “Yo nunca, yo nunca”… pero no logra terminar la frase. Quiere decir, tal vez, que nunca perdería su fe en Dios y que algo nuevo, algo importante, va a comenzar. Que las lágrimas son momentáneas. Que pronto recuperará su fuerza.

Tamara conoció a Juan Pablo Mohr en el K2 (8.611 metros), la segunda montaña más alta de mundo, aunque más salvaje y peligrosa que cualquier otra, según los expertos en la disciplina. Desde el comienzo sintió una conexión muy profunda con el escalador chileno, en contraste con su desgastada relación con su compañero de cordada, el rumano Alex Gavan, con quien venía discutiendo desde que salieron de Skardu (Pakistán) para emprender la caminata de 90 kilómetros hasta el campamento base del K2. La montañista había llegado a la zona en diciembre de 2020, en compañía de Gavan y su compatriota Simone Moro, para intentar el ascenso invernal al K2.

Tamara Lunger, camino al campamento base del K2.

Pero con el rumano Gavan simplemente tenían estilos y formas de ser diferentes. Cuando Tamara trataba de distender el ambiente con una broma, Alex la acusaba de contaminarlo con energía negativa, y luego aprovechaba de atacarla: ‘No has hecho nada en tu vida, no tienes experiencia, tengo más experiencia que tú, y eres muy arrogante’. Tamara no se quedaba precisamente callada: ‘Ok, si piensas eso de mí, desde mañana estás por tu cuenta’. Después de la pelea, la escaladora italiana fue directo a la carpa del catalán Sergi Mingote y Juan Pablo Mohr, a quienes les contó lo ocurrido. El chileno le dijo: ‘Terminamos esta rotación y vienes con nosotros’.

“Yo sentía lo que sientes en casa al ver a las personas que quieres. Era realmente especial, porque con mi otro compañero sentía que tenía que ser más fuerte de lo que era, era demasiada pérdida de energía, y con JP y Sergi sentía que podía ser yo misma, podía bromear, cantar. Si sentía la mano fría, me la tomaban. Era una familia desde el comienzo”, dice Tamara, con destellos de alegría.

Ese mismo día, la esquiadora permaneció en el campamento 2 con Alex, mientras Sergi y Juan Pablo seguían hacia el 3. Al día siguiente todos bajaron. Cuando Tamara alcanzó el campo base avanzado, escuchó gritos y se percató de que algo o alguien caía abruptamente, y le dijo a Alex: ‘¡Es una persona, es una persona!’. Entonces fueron de inmediato al lugar del accidente y encontraron a Sergi, todavía respirando, aunque con mucha dificultad. Nadie se atrevía a tocarlo; tenían miedo de quebrar su columna. Al llegar el médico les dijo que quizás había esperanza, pero se retractó al ver que su cabeza estaba abierta y que había partes de su cerebro repartidas en las rocas. Sergi murió en los brazos de sus amigos.

“Recuerdo que vi a Juan Pablo corriendo montaña abajo para ver a Sergi, realmente corriendo, nunca había visto algo así. Cuando Sergi cayó, JP gritó: ‘¡Paren, paren, paren!’, pero era imposible detener esa caída, ni siquiera con un piolet, porque era una ladera empinada y congelada. Cuando JP llegó abajo lo escuché decir ‘¡mierda!, ¡mierda!’. Estaba impactado. Después dijo: ‘¡No, no puedo dejarlo acá, no puedo dejarlo acá!’, mientras los sherpas discutían si lo bajarían el mismo día o a la jornada siguiente. JP insistía en bajarlo de noche. Decidieron hacerle caso. Recuerdo que dijeron que era más fácil hacerlo de esa manera, ya que por la mañana el cuerpo estaría rígido y duro, y sería difícil cruzarlo por los seracs, bloques gigantes de hielo fragmentado.

Lunger, Mohr y Sergi Mingote.

El diálogo que se dio entre Tamara y Juan Pablo tras esa tragedia fue simple:

-Si puedo hacer algo por ti, házmelo saber -le dijo a JP, consciente de que Sergi era como un padre para él.

-Sí, me puedes ayudar mañana, cuando llegue el helicóptero, a armar y limpiar las cosas de Sergi, para enviarlas con su cuerpo.

El 16 de enero, el día en que falleció Sergi, una expedición conformada por 10 nepalíes (entre ellos el atleta Nirmal Purja, conocido como “el rey de los ochomiles”) conquistó por primera vez la cumbre del K2 en invierno, uno de los premios más codiciados del montañismo profesional. Mientras, el chileno y la alpinista italiana lloraban a su amigo catalán, en un brutal contraste de lo que en ocasiones se vive en las alturas.

Juan Pablo y Tamara fueron los únicos que fueron a felicitarlos. Ahí se enteraron de que “Nims” había logrado hacer la cumbre sin oxígeno suplementario, es decir, de la misma forma que pretendía hacerlo Mohr, por primera vez en la historia. “No fue un problema para JP, se lo tomó con tranquilidad”, recuerda Tamara.

Después de perder a su amigo, a su maestro, Juan Pablo no sabía qué hacer. Tamara le recomendó que se tomara unos días y que la respuesta llegaría sola. Finalmente, decidieron quedarse y unirse en equipo para lograr, por Sergi, la cumbre del K2. Fue un período intenso, casi terapéutico, en que al menos se tenían el uno al otro.

En las frías tardes de “descanso” en el campamento base, Tamara se dedicó a escribir en su diario, mientras Juan Pablo se quejaba, en broma, de que también quería escribir pero que en sus diarios seguía pegado en el trekking hasta el campamento base, que no era capaz de llegar al presente, al ahora. Un día, Tamara decidió visitar el memorial en honor a los fallecidos en la montaña. Invitó a Mohr pero éste no quiso ir: ‘No quiero ir al memorial antes de la cumbre, no me siento bien viendo eso’, le dijo.

¿Qué recuerda de Juan Pablo Mohr en los días previos al ascenso al K2?

Recuerdo cuando hablaba con sus hijos por teléfono. Yo sentía mucho amor, mucha conexión. Su hija le preguntaba ‘¿cuándo vuelves, cuándo, cuándo, cuándo?’. Me afectaba el cómo hablaban, me emocionaba. JP decía: ‘Lo más importante para mí es volver con mis hijos, sería muy bueno llegar a la cumbre, pero no me obsesiona, porque tengo un proyecto de escaladas. Me decía ‘únete al proyecto, tenemos un proyecto en Skardu’. Siempre decía: ‘No tomaré un riesgo, si ocurre, si llego, genial, pero no voy a presionar’.

¿No sentía presión por llegar a la cumbre?

Creo que él no tenía presión, pero el equipo al que se unió (con el montañista islandés) John Snorri y Ali Sadpara, creo que ellos sí estaban bajo presión. Conozco a Ali desde 2012, y nunca lo había visto así, siempre quería demostrar que era fuerte, y como los nepaleses les quitaron el primer ascenso en invierno, fue como una gran bofetada, porque ellos ya estaban ahí hace un mes, y su equipo estaba lastimado en su orgullo, porque eran paquistaníes que ya habían estado ahí antes, así que estaban enojados. En el fondo, los nepaleses intentaron hacer su propia cosa, no querían a alguien más que se uniera. Trataron de evitar contacto con la gente, que no supieran lo que hacían y cómo lo hacían. Nadie sabía lo que hacían, eran muy secretistas.

¿Esto puede haber afectado la seguridad da la expedición?

En el campamento 3, el día de cumbre, JP se fue a medianoche, y sé que todos se encontraron antes de una grieta, y desde entonces eran un solo equipo, y solo pienso que Ali y John… (su voz se detiene y hace una larga pausa). Porque sabía que Ali le había dicho por radio a un oficial del Ejército que cada equipo debe tener: ‘Ahora, vamos a la cima o a la muerte’, algo así, así que pienso que estaban convencidos. Eso no es algo malo, hay que estar convencidos.

Pero esa no era la mentalidad de Juan Pablo.

Exactamente, no es la mentalidad de JP, pero si te unes a ese equipo, eres de ellos. Yo creo que llegaron a la cumbre, ya que de acuerdo a las investigaciones de los teléfonos satelitales, llegaron a la cima a las 19:00 y es muy tarde, está oscuro, y si tienes un problema, es tu fin. Por otro lado, si alguien tuvo un problema en la bajada, estoy segura de que JP no era la persona que diría ‘me voy, tengo que salvar mi vida’. Creo que JP dio todo de sí para ayudarlos, porque para mí él era el más fuerte. Si lo veías en el campamento 3, se sentía muy fuerte, era rápido, para mí era una máquina. Y aunque fue sin oxígeno, yo siempre pensé que iría a su tiempo y que los podía seguir. Entonces, ellos tenían dos botellas de oxígeno, quizás se les acabó, creo que fue un accidente, porque de lo contrario habrían bajado. Yo creo que JP era tan fuerte que habría sido capaz de bajar de alguna forma. Debe haber habido un problema.

Volvamos un poco a lo que ocurrió previo al ataque de cumbre. ¿Qué recuerda de la primera parte del ascenso junto a Juan Pablo? El plan de ustedes era llegar desde el campo base al campamento 2.

Queríamos, pero en los días previos me sentí mal, tosía, es la peor salud que he tenido en todas mis expediciones. Yo pensaba: ‘Ojalá estuviera lista’, porque del base al C2 es largo. Cuando comenzamos a subir dijimos: ‘Mantengámonos en contacto en el inReach’. Luego yo le escribí a JP y le dije: ‘Por favor, espérame en el campamento 1’, así que él me esperó y me preguntó ‘¿cómo te sientes?’, y yo le dije ‘estoy cansada’, y él me preguntó ‘¿quieres dormir aquí?’, y yo le dije ‘quizás es mejor dormir aquí’. Adoraba esto: teníamos un plan, pero él era flexible, era concentrado, pero al mismo tiempo era flexible, esto yo lo apreciaba mucho.

¿Cómo pasaron esa noche?

Tuvimos una noche difícil, porque nuestras colchonetas tenían un hoyo, así que dormimos en el hielo. Era divertido, hice un video en el C1 y dije: ‘Es duro para mí, no estoy recuperada, pero esperemos que mañana me sienta mejor’, y JP dijo ‘sí, sí, recemos, porque ella camina como una tortuga’. JP siempre bromeaba, era un placer estar con él. Al día siguiente pensamos qué hacer, así que dijimos: ‘Podemos ir al campamento 3 bajo, para cumplir con el horario’, porque desde ahí podíamos ir al campamento 4, porque yo siempre tuve la idea de ir hasta allá. Yo sé cómo es el invierno, y sabía que era casi imposible seguir empujando toda la noche con esas malditas bajas temperaturas.

Al día siguiente, el 3 de febrero, llegaron al campamento bajo 3. ¿Qué ocurrió ahí?

Al día siguiente queríamos ir al campamento 4, pero dijimos ‘vamos al campamento alto 3 y ahí decidimos qué hacer’. Yo ya estaba vomitando, no estaba bien, no comía, y subimos, y era empinado, técnico. Yo estaba a 150 metros del C3 y vi a JP ahí y pensé ‘no voy a la cima’, me sentía débil, no motivada, así que le hice un signo a JP, una X, le dije que me iba, y él me preguntó: ‘¿Por qué vas a bajar?’. Él bajó, se llevó un gas, una cocinilla y subió de nuevo.

¿No le produjo un conflicto aquella separación? El sentido común sugiere que es más seguro mantenerse juntos.

Cuando comenzó a subir, mi corazón lloraba, estaba tan triste, no quería bajar porque sentí que necesitaba estar con él, pero bajé a rapel, y me encontré con Ali, y me preguntó ‘qué haces’, y le dije que iba al campamento 1… pero ya era tarde y él me dijo: ‘No es buena idea, es tarde, entrarás a la oscuridad, es mejor que vayas al C3, descansa y si te sientes bien, vamos a la cima’, y yo dije ‘ok, vamos de nuevo’. Subí al C3 y JP ya estaba en la tienda, con Tomás, el doctor, y al verme me dijo ‘qué haces aquí’, y yo le respondí: ‘Quería estar contigo’.

¿Puede relatar las últimas horas que pasó con Juan Pablo en la carpa, en el campamento 3?

Yo me sentía pésimo, vomitaba, tiritaba, y JP preparaba sus cosas, hervía agua, preparaba sus banderas para la cima, preparaba sus calcetines eléctricos. Recuerdo que dijo que tenía congelamiento en los pies, al igual que yo. También recuerdo que me dijo: ‘Iré a la cima, luego bajamos, tú tienes tu tercera rotación, y yo iré de nuevo contigo a la cima, no te dejaré sola’. Por eso ahora me pregunto: ‘¿Por qué no bajó conmigo?’. Y me sentí mal porque estaba medio dormida, no estaba tan presente cuando él se preparaba para irse.

Se ha hablado que hubo falta de carpas en el campamento 3, que hubo un desastre logístico. ¿Quién es responsable?

Los responsables de la falta de carpas son las personas de Seven Summit Treks. Los sherpas usualmente dejan las tiendas para los clientes, pero pienso que tal vez no estaban conscientes de que subiría tanta gente; pero creo que aun así, pienso que eso salvó más vidas, porque no tuvieron tiempo para descansar, ni espacio, no pudieron prepararse apropiadamente y bajaron. Todo, todo pasa por una razón, y en esto, yo estoy segura de que gracias a eso no arriesgaron sus vidas.

¿Alcanzó a ver a Juan Pablo justo antes de que se fuera?

Sí, salió de la tienda y vi que no se había puesto el arnés ni los crampones dentro de la carpa, y salió, estaba muy frío, muy frío, y pensé: ‘Esto él lo debería haber hecho diferente’, porque está afuera, poniéndose su equipo, su arnés, sus crampones, y estará 15 minutos afuera, en el frío, por nada. Debería haber hecho eso en la carpa, pero pensé que no le diría eso ahí, sino cuando bajara, para que mejorara esos pequeños errores.

¿Dónde aprendió a ser tan cuidadosa en la montaña?

Yo realmente pienso que tuve la mejor escuela: Simone Moro me enseñó todo, me dijo que hasta el mínimo error que cometas… cada movimiento que hagas debe ser el indicado, no debes ponerte en peligro, porque al ponerte los crampones afuera puedes agarrar un congelamiento. Hay una delgada línea entre lo bueno y lo malo. Y no hay espacio para errores. Porque un error te lleva al próximo problema, y luego al próximo y al próximo.

Foto tomada en uno de los campamentos previos a la cumbre.

***

El libro K2: enterrados en el cielo, de la alpinista Amanda Padoan y el escritor Peter Zuckerman, ofrece una gran descripción de los riesgos de la “montaña salvaje”. “El K2 presenta todos los obstáculos del Everest… y mucho más”, afirman los autores. Alguno de ellos son las grietas ocultas por capas de nieve, que pueden significar la muerte de los escaladores que pisan y caen al no ir encordados; los bloques de hielo que se desprenden sin advertencia; las avalanchas; y las tormentas, las cuales son más devastadoras que en otros ochomiles, ya que al encontrarse el K2 más alejado del Ecuador es más “vulnerable a los ciclones extratropicales y las consiguientes corrientes en chorro (…). El margen climático del K2 es una lotería. Los escaladores no saben cuándo se abrirá esa ventana, ni siquiera si se abrirá”.

Todo lo anterior se traduce en estadísticas desalentadoras para quienes se aventuran a conquistar la cima. “En el año 2008, la tasa de mortalidad de quienes abandonaron el Campamento Base para intentar alcanzar la cumbre fue del 30,5%, porcentaje superior a la tasa de bajas de la playa de Omaha el Día D (en la Segunda Guerra). Aunque no se dediquen a la estadística, para los escaladores de alta montaña no hay comparación: el K2 es más letal que el Everest”, concluyen Padoan y Zuckerman.

¿Observó algo más antes de que Mohr se fuera hacia la cumbre?

Lo vi nervioso antes de salir, diferente, y le dije: ‘Te deseo lo mejor, sé que lo puedes hacer, y ¡lógralo!’. Luego le pregunté: ‘¿Te espero aquí o bajo?’, y JP dijo: ‘No necesitas esperar, hablemos por el inReach, yo te escribo’. Pero él no tenía más batería, a pesar de que se había llevado un batería extra, pero quizás la batería por el frío no funcionaba. Había un problema.

¿Se fijó si Juan Pablo llevaba equipo de emergencia en su mochila, como saco de dormir o combustible?

No, no tenía nada de emergencia, pero es normal, nadie lo tenía. No llevó su cámara, solo su pequeña cámara que va en el casco. Creo que llevó el teléfono satelital, porque no lo encontré en sus cosas. Le pregunté si quería llevar una cuerda, porque yo había llevado una cuerda liviana, de 25 metros, porque si cruzas la travesía del Cuello de Botella y todo se viene encima, después de que vuelves de la cima, y no hay cuerdas fijas, es importante tener una cuerda de respaldo, así que yo le pregunté si quería llevar la cuerda y él dijo ‘no’.

¿Esa cuerda podría haber hecho una diferencia?

No tengo idea si la cuerda hubiera hecho diferencia, o si Ali o John tenían una cuerda, pero tener una cuerda nunca es algo malo, porque si no la usan, si no van atados… Siempre es bueno tener una cuerda, porque nunca sabes lo que va a pasar, quizás alguien se rompe su pierna y necesitas la cuerda para ayudarlo.

¿Qué sintió al verlo ir?

Cuando se fue, vi sus linternas, pero no me sentía bien y dije: ‘Ahora solo tengo que mantenerme caliente’. Era el segundo día que no comía, solo vomitaba, perdía mi energía, así que necesitaba bajar. Traté de hacer agua y me demoré una hora en hacer un litro; todo es complicado. Salí a orinar y luego me puse en dos sacos de dormir, con mi equipo, con -40 grados, y seguía tiritando. Yo pienso que el hecho de sentirme mal me salvó la vida, porque de lo contrario habría ido con ellos. De alguna manera necesitaba sentirme mal, aceptar esto, o de lo contrario estaría muerta.

¿Se arrepiente de no haberlo convencido de quedarse con usted?

Esto es lo que más me duele. De todos modos, no creo que yo haya querido convencerlo de no ir: él tenía mucha experiencia, era muy fuerte y no quería decirle que bajara. Además, yo sentí que quería estar con él, pero también sabía que él podía fácilmente, “fácilmente”, ir a la cima solo. Él decía: ‘Yo lo intentaré, y si tú no puedes, yo iré contigo la próxima vez, no te dejaré sola’. Así que él ya me había dicho que quería ir. Eso yo lo aprecio, pero me deja claro que su intención era intentar la cumbre en esta ventana, así que no quería convencerlo de otra cosa.

El campamento 3 está ubicado a 7.300 metros de altura y la cumbre a 8.611. ¿No dificultaba eso la posibilidad de lograr la cumbre a buena hora?

Dawa, el jefe de expedición de Seven Summit Treks, nos había dicho que había que estar en la cumbre a las 09:00, porque en la tarde los vientos son fuertes, y Juan Pablo sabía eso, sabía que había que estar en la cumbre temprano. Además, en invierno es peor. Juan Pablo me había dicho que quería ir desde la cumbre directo al campamento 1, porque ahí podríamos dormir mejor, y se suponía que habría mucho viento en la montaña. Al día siguiente, el 5 de febrero, pensé oír su voz, pero no era él; yo le escribía, pero nunca tuve respuesta.

¿Se quedó sola en el campamento 3?

Todos dejaron el campamento 3 y me dije: ‘Oh, mi Dios, debo escapar de aquí’, porque estaba oscureciendo, y sentía que la muerte me acechaba. Sentí que no quería estar ahí, estaba sola, hacía mucho frío, así que decidí tomar mis cosas y dejar las cosas de JP ahí en el campamento 3, porque pensé ‘si está cansado, puede descansar acá cuando vuelva’, así que le dejé todo armado, su colchoneta, su cocinilla, su gas, todo lo que necesitaba. Así que me sentí bien y pensé: ‘Aquí él puede sobrevivir’, y lo mismo quería hacer en el campamento 1, porque si él quería bajar al C1, tenía que tener lo mismo que en el C3, comida, etc.

¿Cómo fue su descenso al campamento 1?

El tiempo no estaba mejorando y seguía con dudas de bajar, pero pensé: ‘Hice lo que pude, es tiempo de bajar, además, cuando JP baje de la cima, será más rápido que yo, así que si lo espero acá, seguiré detrás de él’. Así que bajé y antes de llegar al campamento bajo 3 me encontré con escaladores que me dijeron que alguien se había caído, y ¡por Dios!, comencé a llorar. Pensé que las expediciones invernales se habían acabado para mí. Pensé que la montaña me decía, constantemente, que no debería estar ahí. Lo vi en las cuerdas, en la chimenea. Se salieron pitones, y yo rezaba para que me sostuviera en esa cuerda, y estaba tan concentrada en cada pitón, en cada cuerda, en cada detalle, para no arriesgar mi vida en el descenso. Pero realmente sentí que la montaña nos decía: ‘¡Salgan de acá!’.

¿Sintió que hubo señales para que no subieran?

Cuando los nepalíes fueron a la cima, Sergi murió a esa misma hora. Para mí fue un signo. Sentí una energía, una explicación de todo lo que había pasado.

¿Pasó algo más antes de que llegara sana y salva al campo base?

Llegamos al campo base a las 02:00, pero antes nos perdimos en el glaciar, yo perdí una linterna, y estaba con alguien que tenía una linterna sin luz, así que perdimos el rumbo en el glaciar. En un momento vimos una linterna atrás y yo pensé que era JP, y yo le dije a mi compañero: ‘Si alguien puede bajar al campo base es JP’. Estaba convencida de que era él, le gritábamos a la linterna, le decíamos “JP”, y yo sentía su voz y pensé ‘él está bien, lo encontraremos en el campo base’, pero cuando llegamos allá nos enteramos de que no era él, sino un sherpa. Me sentí destruida, terminada.

¿Perdió la esperanza en ese momento?

No, pensé: ‘Mañana él estará aquí’. Luego me desperté y él no había regresado, y entonces, todos, necesitábamos entender… Sajid (hijo de Ali Sadpara) seguía en el C3, porque él había vuelto porque su oxígeno funcionó mal, y le dijeron que bajara porque el tiempo iba empeorando, y ya había una capa de nubes en la cima, y vieron que había viento, así que era un peligro que se quedara. En ese momento supe que no habían llegado al C3 y para mí fue: ‘Oh, mi Dios’, pero todavía tenía esperanza, porque pensé: ‘Quizás llegaron a las 10:00, ya que Sajid comenzó a bajar a las 9:30, quizás llegaron 30 minutos después’. Fui a la cama y al día siguiente esperé que bajaran, pedí por favor a Dios, pero al día siguiente, cuando me levanté, JP no estaba ahí, y ya estaba claro para mí: no bajarían más. Lloré y lloré. Fue un día muy duro.

Imagen tomada en uno de los campamentos altos previos a la cumbre del K2.

***

El K2 es lo más duro que Tamara ha hecho en su vida, incluso cuando lo compara con otras expediciones invernales. En el campamento base la temperatura bajaba a -35 grados, en el campamento 1 a -45 grados y desde ahí, para arriba, se alcanzaba los -60 o -70 grados bajo cero. Permanentemente se congelan los dedos de los pies o de las manos y, de a poco, el cuerpo comienza a helarse. La vida es casi insostenible.

“Constantemente estás al borde de la muerte”, reconoce Tamara. “Desde el campamento 3 en adelante no hay más un equipo, no existe, es todo tan duro que cada persona debe cerrarse en una pecera, consigo mismo, para concentrarse en todas las cosas que son necesarias para no morir. Es solo un camino para sobrevivir. Todo tu entorno está en tu contra y te quiere matar. Es tan frío, tan feroz, tan extraño, tan malo, y nadie puede ir allá contigo y sentarse a tu lado y tomar tu mano. Lo único que puedes hacer es mantenerte con vida con tu energía positiva, con tus pensamientos positivos, con tus pasos, con tu concentración”.

¿Qué sentido tiene hacer algo que causa tanto dolor?

Si hubieras estado en el K2 y hubieras visto a JP, sus ojos hablaban, estaban tan felices, eran como el sol, entregaban mucha energía, mucho amor, mucha pasión. Cuando amas estas cosas, es todo para ti, y aunque esté la muerte, como lo que ocurrió a Sergi y JP, este amor es tan grande que ni siquiera la muerte te lo quita… es como un hijo, siempre lo amarás. Yo no tengo hijos, pero sé que un hijo puede hacer lo que sea, lo que quiera, pero siempre lo amarás. Creo que ir a estas montañas es como una forma de expresar la vida, expresar valores, ir por las razones que uno tenga. Creo que la misión de JP era construir los refugios en Chile, hacer sus proyectos sociales como el de Los Silos, y dado que fue a estas montañas altas, tuvo más visibilidad, lo que le permitió seguir adelante con sus proyectos para ayudar a la humanidad.

¿Qué es lo que dejó Juan Pablo en su vida?

Amé mucho la pasión que ponía en las cosas, siempre sonreía mientras hacía todo, siempre con pasión, con amor, era hermoso de ver. Lo que más me molesta es que cuando se fue a la cumbre, ni siquiera le di un abrazo (se emociona), no le dije adiós como quería, y esto me quiebra el corazón, es lo peor, lo peor de todo esto. Juan Pablo me enseña que siempre debemos decir adiós de una manera correcta, y dejarles saber a la gente que los amamos, y siempre decir el adiós apropiado, el correcto.

Tamara admite que la era de los ochomiles se terminó para ella, aunque luego se arrepiente y deja abierta la posibilidad. El 22 de febrero fue su primer entrenamiento desde que regresó del K2. Se ve optimista y por un instante se borra de su rostro la huella del dolor. Si de algo está segura, es que quiere seguir los sueños de su amigo Juan Pablo y acercar la montaña a las personas. Para ello, una de las primeras cosas que hará será regresar a Pakistán y completar el proyecto social de Mohr, de quien no se quiere desprender.

“Sé que es duro aceptar que ya no está aquí, pero es también nuestro egoísmo: lo queremos aquí, físicamente, pero él siempre estará alrededor, y podemos recordarlo con su hermosa sonrisa, con sus hermosos ojos, con la pasión y amor que ponía en todo, y esto es de algún modo hermoso. Mucha gente en Chile me escribió y me dijeron ‘qué suertuda eres, que pasaste los últimos meses de su vida con él’. Y de verdad me siento honrada. Él era alguien tan especial”.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.