Benjamín Vicuña: su mirada sobre la infancia

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¿Qué consejos le podría dar a un niño que se enfrenta al mundo actual, tan lleno de estímulos tecnológicos?

Les diría que jueguen con sus amigos y que dejen un poco de lado el WhatsApp, Facebook, Instagram; que tengan más amigos reales que virtuales, que hagan ejercicio, que traten bien a sus amigos y a sus compañeros de colegio, que aprovechen sus oportunidades y que se cuiden de cualquier abuso. Y que si alguien se propasa con ellos, que lo denuncien. Es importante que los papás y mamás los acompañen en la relación con la tecnología. La tecnología puede ser un aliado en diferentes ámbitos, como la educación, la comunicación, el acceso a nuevos conocimientos, en fin, en muchos campos diferentes.

Por su rol como embajador de la Unicef, usted ha visitado diversos países. ¿Cuáles son los desafíos que enfrentan hoy los niños del mundo?

Hice un documental en Haití y otro en Palestina, estuve en Uruguay y en los sectores más vulnerables de Argentina. La infancia debe ser siempre prioridad para un país. Muchas veces se dice que lo fundamental es el crecimiento económico; sí, es cierto, pero para tener una sociedad mejor hay que invertir en infancia, la que no debe tener colores políticos. Uno de los desafíos es que todos los niños y niñas tengan garantizados sus derechos y puedan acceder a ellos. Chile ha avanzado mucho, pero aún quedan desafíos. Por ejemplo, la violencia intrafamiliar hacia niños y niñas. Ese es un tema grave y ahí hay un gran desafío.

¿Cuál fue su juguete favorito cuando niño? ¿Quién era su ídolo de infancia? ¿Cuál es su recuerdo de Navidad más preciado?

Mis juguetes favoritos fueron fetiches y obsesiones. Por un lado, los soldaditos, esos verdes de plástico. También mi primera bicicleta, la que estaba convencido que volaba, le puse todo tipo de calcomanías. Y los campeonatos de bolitas y trompos en la época dieciochera. ¿Ídolos? El Superagente 86 y después su versión evolucionada, MacGyver. Y mis mejores recuerdos son las navidades en Maipú. Hacemos una celebración preciosa para los niños, cerrando la calle y rodeándolos de amor y solidaridad. Primero fui de chico con mi mamá, después sumé a amigos y finalmente a mis hijos. Son días mágicos que te llenan el corazón.

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