Elicura Chihuailaf, poeta mapuche : “Con la pandemia, la naturaleza nos está dando una segunda oportunidad”

Elicura Chihuailaf en Asturias. Fotografía de Camila Yver.

Candidato al Premio Nacional de Literatura, el autor de Sueños azules y contrasueños reflexiona en torno al impacto de la pandemia, que lo dejó varado en España en marzo. Desde Asturias, donde espera el momento de volver, el poeta habla de la necesidad de "tomar lo mejor de cada uno de nosotros y ponerlo al servicio del buen vivir colectivo".




Desde la colina en la que se encuentra, se ve un pequeño valle rodeado de cerros. Es un paisaje cubierto de verde, con árboles, pájaros y campos. De algún modo recuerda a su tierra, si no fuera porque más allá del valle, el camino hacia el sur conduce a Castilla y León. Elicura Chihuailaf está en Asturias, donde espera el momento para volver al país. La pandemia lo sorprendió en Madrid, en marzo. Se encuentra bien, en casa de parientes, pero extraña su hogar: “Esto es como un extraño exilio, con el tiempo uno comienza a añorar su territorio, las personas, las bandurrias, las voces, los esteros, los bosques”.

Nacido en 1952 en la comunidad de Quechurewe, a 70 kilómetros de Temuco, Elicura Chihuailaf creció en una colina rodeada de hualles, nogales y castaños. Sentado en las rodillas de su abuela, escuchó las primeras historias de árboles y piedras que hablan entre sí. Aprendió a reconocer plantas e insectos cuando salía con su madre y su padre, lonko de la comunidad, a buscar hierbas. Así aprendió que “la tierra no pertenece a la gente” y que mapuche significa “gente de la tierra”.

A través de su poesía, Elicura Chihuailaf ha recuperado la memoria de sus ancestros y su cultura, y ha buscado abrir un diálogo con la sociedad chilena. Autor de elogiados poemarios como Sueños azules y contrasueños, y del ensayo Recado confidencial a los chilenos, Chihuailaf es indudablemente el autor más relevante entre los poetas mapuches actuales. Hace una semana, la Universidad de la Frontera oficializó su postulación al Premio Nacional de Literatura, galardón al que se presenta por tercera vez y al que están nominadas también poetas como Carmen Berenguer, Rosabetty Muñoz, Elvira Hernández y Claudio Bertoni.

En diciembre pasado, antes del estallido de la pandemia, Elicura Chihuailaf viajó a un festival en Francia. Luego se dirigió a España. Aun debía volar a Australia a una bienal, cuando la emergencia sanitaria lo dejó varado en Madrid. Entonces, junto a su pareja y su hija se trasladaron a Barcelona.

“Ese período fue complicado, porque Madrid y Barcelona llevaron el pandero en la cantidad de contagiados y fallecidos”, cuenta. “Como había la obligación de salir a abastecerse, andar por la calle era caminar en medio de la muerte; todo el mundo tomaba las medidas más extremas posibles. Ahí me di cuenta que estábamos viviendo un tiempo de quirófano: uno tiene que extremar las medidas de protección, hacia uno mismo y los demás. A fines de mayo pudimos salir hacia Asturias, a un lugar rural cercano a Oviedo, y llegar al campo significó volver a lo que es de uno, los árboles, los pájaros”, dice a través del teléfono.

Para el poeta, la pandemia ha ofrecido la posibilidad de reflexionar en torno a nuestros modos de vida. Más que aprovechar el tiempo de la emergencia para escribir, dice, él prefiere abrir los sentidos.

“Personalmente, me interesa más observar y escuchar. Creo que a todos nos ha servido esta dura advertencia de la naturaleza, aunque no la hayamos generado nosotros. En nuestra comunidad siguen los bosques nativos, con todo lo que ella implica. La naturaleza nos está dando una segunda oportunidad, una gran oportunidad, que es tomar la senda del buen vivir. Ahora, los pueblos nativos de todo el mundo y los pueblos nacionales profundos lo han hecho toda la vida, no son ellos los depredadores de la naturaleza”.

¿Cuál es la advertencia que nos hace la naturaleza?

Consiste en tomar el camino del buen vivir, que significa asumir el desarrollo con la naturaleza, no contra ella, el desarrollo de unos que lo ejercen contra la naturaleza. Nosotros no somos parte de eso y el pueblo chileno profundo, dada su condición social desmedrada, se hace parte sin quererlo, tiene que trabajar de alguna manera. Pero los pueblos nativos y nacionales siempre han sido cuidadores de la naturaleza. Yo creo que la pandemia nos deja una gran lección, que es es necesario tomar ese camino, y hacerlo significa establecer alianzas entre los vulnerados y vulneradas para construir un país más justo y que logre democracia real, porque la democracia no ha existido para los pueblos nativos ni para los pueblos chilenos profundos. Conversar, porque la conversación es un acto de subversión en el mejor sentido, porque este sistema va contra lo que pensamos y lo que hacemos. Entonces creo que es una tarea poética tomar lo mejor que habita en cada uno de nosotros y ponerlo al servicio del buen vivir colectivo.

En las movilizaciones del año pasado se vio con frecuencia la bandera mapuche, ¿responde a una mayor comprensión o empatía con el pueblo mapuche?

Yo creo que responde a una mayor empatía, y ojalá que esa empatía lleve a una mejor comprensión, porque para llegar a ella el pueblo chileno tiene que indagar: qué son estas culturas. Creo que hay una intuición, y por eso están presentes las banderas mapuches, de que los pueblos nativos estamos en la memoria de cómo debe desarrollarse cada territorio. Creo que despertó la memoria de ser nativo, porque no hay ningún ser humano que no provenga de un pueblo nativo. Lo que demostró el pueblo chileno fue volver la mirada y aguzar el oído para ver y escuchar esa memoria que está en cada habitante de este país.

El poeta Elicura Chihuailaf en los bosques de Quechurewe. Fotografía de Héctor González.

¿Cómo ha sido el diálogo con el poder político?

No ha habido diálogo o ha sido un diálogo de sordos, especialmente con este gobierno. Eso no quita la responsabilidad que tuvieron todos los gobiernos anteriores, sin excepción. Desde la post dictadura, no hicieron lo que pudieron hacer y no abrieron las puertas de la democracia los pueblos nativos y el Chile profundo.

¿Cómo se explica la violencia de los grupos más radicales mapuches?

Es una respuesta a la violencia del Estado. Yo he insistido desde hace años que para terminar con la violencia hay que terminar con la violencia. La violencia no la ejercen los pueblos nativos, sino una pequeña elite que se ha enquistado en los Poderes del Estado. Para terminar con la violencia hay que terminar con la violencia estatal.

¿Cómo toma su nueva nominación al Premio Nacional de Literatura?

Lo recibo como una posibilidad de apertura de una ventana, que pueda mostrar que hay una hermosa cultura que está girando en las ciudades de Chile, en Santiago y otras ciudades. Obtener el premio sería eso: pensar que Chile comience a ser un país más justo, donde se abra una puerta a la conversación. Nuestro pueblo siempre ha querido la paz, Ercilla dio cuenta de ello. Nuestra gente ofreció territorios, pero él dice nosotros teníamos el fin de llegar por todos lados avasallando. Hoy el conflicto lo generan los grupos de poder. Yo creo que obtener el Premio Nacional abriría la posibilidad de poner sobre la mesa nuestros conceptos, porque aquí ha habido una permanente dictadura conceptual: cuando se habla de desarrollo se habla de un concepto, cuando se habla de salud se habla del cuerpo olvidando que el cuerpo es una integridad con el espíritu, como dicen nuestras machis. Es fundamental el diálogo con la naturaleza, y que estemos convencidos que es un ser vivo; cuando entramos a un bosque podemos escuchar las voces de la naturaleza, entrar con respeto a la naturaleza porque ella nos protege.

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