El underground electrónico sale a luz

Hoy el club de música electrónica Mamba de Santiago hará su primer evento para 5.000 personas y con tres escenarios. ¿Cómo desde fiestas clandestinas se formó una escena que ya es industria?

Que no la notemos a simple vista no significa que no esté, que no anda por ahí una escena interesante y que tiene vocación de volverse más relevante en el largo plazo. Suele ser así: lo que se cultiva y logra crecer en el subsuelo de la sociedad se transforma en vanguardia. Pero hay momentos en que se deja ver y este sábado es uno de esos momentos en Santiago. Hoy será el primer Open Air de Mamba, el club que en los últimos dos años se ha consagrado a una escena electrónica que llevaba largo tiempo entre fiestas clandestinas y parlantes de 80 watts. Si hay o no una escena electrónica underground en la ciudad se demostrará hoy desde las 5 de la tarde hasta las 5 de la mañana en un rave en el patrimonial Hospital San José (Calle San José 1053, Independencia. $10.000 en la puerta y $12.000 con estacionamiento). Su primer megaevento.

Raff, uno de los DJ’s más reconocidos del ambiente y que cuenta con hits con más de un millón y medio de escuchas en Spotify, está expectante: “La música electrónica chilena será el segundo fenómeno latinoamericano”, dice. Hace unos años Raff decidió instalar un sello para promover no sólo su trabajo sino también el de otros músicos electrónicos como Román & Castro, Fantasna y Fernanda Arrau. “Este movimiento electrónico va a marcar la diferencia, llama la atención afuera y en el último año muchos artistas se han presentado en Bogotá, Buenos Aires, Monterrey, Ciudad de México”, dice por su experiencia dirigiendo el sello Pirotecnia.

No es el único ni el primero en hacer esa apuesta. Matías Aguayo trajo hace casi diez años su sello Cómeme y hoy hay más como Discos Pegaos, Pato Carlos, Sanfuentes Records y Levante, que es la autoproducción de Matanza, un trío que fusiona techno y sonidos étnicos autóctonos de Latinoamérica, que se presentará también en el Open Air.

Para Raff la novedad de esta generación está en que “se dejó de copiar, de hacer techno alemán o house de Detroit o Chicago”, dice. “Esa cosa latina y sincopada lo tiene el techno chileno, sin caer en lo tropical. Hay un color. Afuera les llama la atención”, dice. Pero, sobre todo cuando la escena busca ser identitaria, “es importante que crezcan con los lugares para que los músicos no estén trabajando en sus casas”, comenta Raff. Para eso, agrega, Mamba ha sido fundamental.

Música de club

Antonia López de Bello en Bellavista, más abajo de todo el ajetreo  de Constitución y la frontera de Pío Nono y las sopaipillas. Más abajo también del rock pop de la calle Loreto; más cerca de Patronato, el barrio más multicultural de Santiago. Por ahí está Mamba. Un viernes por la noche está llena la esquina, las bicicletas colgadas de los barrotes de las ventanas en una pared con grafitis y una pacífica fila esperando entrar por $5.000. El público no es  hipster con barba y anteojos, pero hay, no son dark todos de negro, pero hay, no son hip-hop o raver con los pelos de colores, pero hay; jeans-zapatillas-polera, uno que otro drag queen, uno que otro famoso de la tele.

Mamacita (Carolina Paz Vallejos) es una de los músicos más características de la escena y ha colaborado con buena parte de ellos. “Cuando yo era chica todos eran amigos. Muchos profesionalizaron sus carreras, mejoraron su sonido y tienen fans. Es una generación en que cada uno se fue por su estilo, pero con raíces electrónicas. Es una escena precisamente porque somos distintos”, cuenta. “Hace unos ocho años que hay otro espíritu. No hay pudor en ser autodidacta o no saber tanta música. Todos quieren enseñarse, trabajar con los otros”. Un ejemplo de esto es la escuela de DJ que hicieron hace un año en que Alejandro Paz enseñaba gratis a los más inexpertos.

Adentro, Mamba son unos 200 metros, un patio interior para fumar, una barra y las paredes rayadas por el público. Desde una esquina, en una tarima rodeada de parlantes, toca el DJ. “Antes iban 10 personas a nuestras fiestas y para nosotros era bacán. Ahora van cientos de personas y es otra cosa. Se nota mucho que se está desarrollando”, dice Diegors (Diego Morales), uno de los DJ’s.

Para Mamacita otras corrientes musicales también han abierto camino: “Hace tiempo que la gente viene soltándose, pero creo que en Chile el reggaeton fue lo que de hizo a la gente bailar. Ahora quieren perrear lo que sea y también esta música, que es puro baile”.

Sin embargo, el crítico de música Cristián Araya piensa que este fenómeno no es más que el lógico continuar del paso que dieron músicos como Vicente Sanfuentes y Ricardo Villalobos entre el años 2000 y 2006: “La música electrónica en Santiago ha sido muy constante en generar gente nueva que toma su trabajo en serio. Lo que cambia ahora es que se está haciendo un trabajo de gestión mucho más profesional”.

Como todo, habrá que verlo, pero por el momento más de 20 bandas y DJ’s se preparan para tocar en tres escenarios distintos, ante al menos 5.000 personas en el Open Air, como nunca antes.

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