Game of Thrones: Una teleserie con dragones

Al contrario de otros productos para la "pernocultura", como El señor de los anillos, la producción de HBO ha sabido conquistar de forma transversal a hombres y mujeres de distintas edades, consiguiendo con algunas escenas una bomba termonuclear de cultura pop sólo comparable al "yo soy tu padre" de El Imperio contraataca.




Hace exactos cinco años yo editaba una revista de TV cable. El tema de portada de abril de 2011 era Game of thrones, la adaptación de HBO para la serie de novelas Canción de fuego y hielo de George R.R. Martin, de la cual yo había leído el primer volumen y era (soy) bastante fan. Me acuerdo que nos pidieron evitar ser  "nerds" en el artículo. Encargo que venía de la propia oficina de HBO, que tenía sus dudas con la recepción del nuevo drama. Demasiado de nicho, demasiado geek, demasiado juego de rol, demasiado "Tolkien". De hecho era cosa de revisar twitter (lo hice y lo recuerdo bien) para percatarse que la previa para la serie no era precisamente optimista. Los pegados con HBO repetían que no les tincaba tanto, que se veía muy fantástica, que se alejaba de la línea de Mad men, por ejemplo. Como fuera, buscando evangelizar definí a la serie como una mezcla entre Los Soprano y El señor de los anillos. Me equivoqué. Debí poner entre una teleserie de Televisa y El señor de los anillos. No sólo por lo que ocurría dentro de la pantalla, sino por lo que iba a pasar fuera y alrededor de esta.

Cinco años después de esa ligera comparación, Game of thrones es un éxito planetario. La serie más vista de HBO; el "producto" más requerido en las ComicCon y a un nivel masivo, el mayor fenómeno nerd desde… ¿el Batman de Nolan? Al contrario que otros productos para la "pernocultura", como El señor de los anillos o las películas de superhéroes, Thrones ha sabido conquistar de forma transversal a hombres y mujeres de distintas edades, consiguiendo con la secuencia de "la boda roja" (tercera temporada), por citar un ejemplo, una bomba termonuclear de cultura pop comparable sólo al "yo soy tu padre" de El Imperio contraataca.

Hace poco el director Joseph Khan, conocido por videoclips para Korn y Muse, la película Torque y un corto difundido por YouTube que reinventaba a los Power Rangers, decía en un podcast que hoy sería impensable filmar una película de adolescentes como en los 80. Como eran las de John Hughes, donde la pirámide alimenticia era clara: el deportista popular en lo alto y el nerd en la parte baja, como el material para abusos y chistes tontos. En los 80 ser nerd era no ser cool, ahora es todo lo contrario. Ser nerd en el 2015 no sólo es "llevarla", sino que garantiza tener tema de conversación para cualquier reunión social. Y en ese ritmo el éxito absoluto de Game of thrones es el mejor ejemplo. En 1984 no cabía que un anteojudo conquistara a una chica hablando de Dungeons & dragons, hoy esa misma chica prefiere al experto en los Starks y los Lannister al goleador del equipo. ¿Cambió la ecuación? En absoluto. Por ejemplo, ya es impensable que un medio contrate a un crítico de cine que sólo maneje a los clásicos. Debe saber de cómic, de videojuegos y tener clara la diferencia entre Marvel y DC tanto como saber que distinguía a Truffaut de Godard. El año pasado, el Chicago Tribune amenazó con despedir a Kevin Dettmar , uno de sus críticos literarios más veteranos, si continuaba con su negativa a reseñar novelas de fantasía y ciencia ficción. Dettmar no tuvo otra que retirarse a leer la bibliografía completa de George R.R. Martin. Era eso o buscar pega.

Si hace una década se decía que HBO cambió nuestra costumbre de ver televisión, hoy me atrevo a afirmar que Game of thrones hizo lo mismo. Como el mejor evangelista nos ha convertido a todos en nerds, algo que no lograron ni Star trek, ni Dr. Who, ni ningún otra obra de fantasía televisiva que la antecedió. Thrones hizo lo impensable, volvió a los dragones la mascota preferida de los hipster. Por supuesto, no a todos los ha gustado eso. Es curioso. Si uno peina rápido las redes sociales o internet descubre que la mayoría de las críticas negativas contra la serie vienen del mundo nerd, precisamente del nicho que por décadas fue dueño de las espadas y caballeros. ¿Detestan la serie o detestan que el producto nerd por excelencia haya salido de la caja y conquistado al planeta? ¿O qué Thrones haya hypeado lo cool? HBO la hizo, le quitó la pelota a quienes no juegan a la pelota y eso duele. De una forma rara pero duele.

¿Por qué Game of thrones gusta tanto? La pregunta no es fácil, es como explicar el final de 2001: Odisea al espacio o definir qué estilo de música hace Tool. Respuestas hay variadas. Están los que defiendan la idea de que la serie es básicamente porno con espadas; otros que apuntan que vive del spoiler, es decir de escenas impactantes y climáticas que provocan morbo. Están los lateros análisis que comparan lo de los Siete Reinos con el actual orden sociopolítico del mundo y los que rescatan que todo está en el carisma de los personajes. Es probable que la mayoría tenga razón. Si me preguntan, reitero lo que apunté en el primer párrafo; Thrones es básicamente un melodrama mexicano en un universo fantástico. Y si nos gusta es por lo mismo que nos gusta ese producto popular, latino y tan AM. Hijos perdidos, relaciones torcidas, ricos enamorados de pobres, pobres enamorados de ricos, pillos deformes y malos tan malos que sólo porque la historia está bien contada nos lo creemos. Recuerdan Cuna de lobos, esa obra maestra de Televisa donde Catalina Creel, una tuerta millonaria, mataba a diestra y siniestra para garantizar la felicidad de sus hijos y la mantención de su fortuna. En Game of thrones es lo mismo, todo vale por la gente que quieres. Y a la larga no hay tema más masivo que ese: todo vale por la gente que quieres.

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