Algunas fábricas europeas, que dependen desde hace tiempo de la energía barata rusa, están cerrando

Una refinería y un complejo industrial químico en Leuna (Alemania), país que es el mayor comprador europeo de gas natural ruso. FOTO: KRISZTIAN BOCSI/ BLOOMBERG NEWS

Los precios de la energía industrial se están disparando tras la guerra de Rusia contra Ucrania, lo que dificulta la capacidad de los fabricantes europeos para competir a nivel mundial. Los productores europeos de productos químicos, fertilizantes, acero y otros bienes de uso intensivo de energía se han visto sometidos a presión en los últimos ocho meses a medida que aumentaban las tensiones con Rusia antes de la invasión de febrero.




PARÍS- Durante décadas, la industria europea dependió de Rusia para el suministro de petróleo y gas natural a bajo costo, que mantenía en funcionamiento las fábricas del continente.

Ahora, los precios de la energía industrial en Europa se están disparando tras la guerra de Rusia contra Ucrania, lo que dificulta la capacidad de los fabricantes para competir en el mercado mundial. Las fábricas se esfuerzan por encontrar alternativas a la energía rusa ante la amenaza de que Moscú cierre bruscamente el grifo del gas, paralizando la producción.

Los productores europeos de productos químicos, fertilizantes, acero y otros bienes de uso intensivo de energía se han visto sometidos a presión en los últimos ocho meses a medida que aumentaban las tensiones con Rusia antes de la invasión de febrero. Algunos productores están cerrando ante la competencia de las fábricas de Estados Unidos, Medio Oriente y otras regiones donde los costos energéticos son mucho más bajos que en Europa. Los precios del gas natural son ahora casi tres veces más altos en Europa que en Estados Unidos.

“En general, la gran preocupación para Europa es el aumento de las importaciones y la caída de las exportaciones”, declaró Marco Mensink, director general de Cefic, el grupo comercial de la industria química europea.

El conflicto con Rusia hace que Europa se prepare para racionar el gas si el Presidente ruso Vladimir Putin corta el suministro a toda la región. La empresa estatal rusa de gas natural Gazprom PJSC ya ha cortado el suministro a Bulgaria, Finlandia y Polonia después de que estos países se negaran a acceder a un decreto del Kremlin que exigía el pago del gas en rublos.

El año pasado, Rusia suministró cerca del 40% del gas natural de la Unión Europea.

Se prevé que los elevados costos de la energía en Europa afecten a la producción industrial y al crecimiento económico general de la región este año. Los economistas de la Comisión Europea, brazo ejecutivo de la Unión Europea, esperan que la economía alemana se contraiga en el segundo trimestre bajo la presión de los altos precios de la energía. Alemania, la mayor economía de la región, es también el comprador de gas natural ruso más importante. Es poco probable que los consumidores europeos se hagan cargo de la situación, ya que los altos precios de la energía se están filtrando en los costos de toda la economía, debilitando su poder adquisitivo.

La eliminación de los suministros rusos puede poner a la industria europea en desventaja competitiva a largo plazo, a menos que los fabricantes sean capaces de desplegar tecnologías que reduzcan drásticamente su consumo de combustibles fósiles. Pero muchas de estas tecnologías, como el uso de la energía eólica y solar para alimentar los hornos de las fábricas de productos químicos o el hidrógeno para fabricar acero, están a años de ser comercialmente viables y requerirán enormes inversiones, según los ejecutivos.

Los fabricantes dependen del gas natural tanto como fuente de energía, como de materia prima en la producción. En Europa, el gas natural suele fijar el precio de la electricidad, lo que supone un doble golpe para las fábricas si el precio del gas aumenta. El amoníaco es el producto más sensible, ya que representa alrededor del 70% del gas que Europa utiliza como materia prima. La mayor parte de ese amoníaco se usa para fabricar fertilizantes.

La posibilidad de que las empresas se adapten al aumento de los precios de la energía en Europa depende de que puedan recurrir a los centros de producción de todo el mundo. OCI NV, un productor de fertilizantes con sede en Ámsterdam, ha reducido la producción de amoníaco en su fábrica de los Países Bajos y, en su lugar, está importando el producto químico de sus plantas de Texas, Egipto y Argelia, comentó el director ejecutivo Ahmed El-Hoshy. La empresa aún está completando los últimos pasos de la producción de fertilizantes en los Países Bajos.

Las medidas adoptadas por las industrias consumidoras de energía para moderar la producción han aliviado la presión a corto plazo sobre el suministro de gas natural en Europa, liberando más gas para que el continente genere electricidad y caliente los hogares durante el próximo invierno, cuando las autoridades esperan que el suministro de gas sea escaso.

OCI suele importar cantidades significativas de amoníaco a Europa sólo en invierno, cuando los precios del gas son más altos.

“Ahora todos los meses son de invierno”, sostuvo El-Hoshy.

Otros fabricantes de fertilizantes han decidido cerrar las industrias que no pueden importar amoníaco del extranjero. CF Industries Holdings Inc, el mayor productor de fertilizantes del Reino Unido, anunció la semana pasada que cerraría permanentemente una planta que no producía amoníaco desde el año pasado.

“Como productor de alto costo en una industria global intensamente competitiva, vemos considerables desafíos para la sostenibilidad a largo plazo de nuestro enfoque operativo actual”, dijo Brett Nightingale, director general de la filial británica de la compañía.

Las acerías europeas llevan reduciendo la producción desde octubre para ahorrar dinero en gas y electricidad. En marzo, la subida de los precios de la electricidad en España llevó a las acerías a disminuir la producción o a cerrarla por completo.

“Esto es una locura”, aseguró Miguel Ferrandis Torres, director financiero de la empresa madrileña Acerinox SA, que cerró una de sus líneas de producción durante tres días en marzo.

A su vez, las industrias han estado presionando a las autoridades y gobiernos europeos para que les aseguren que seguirán recibiendo gas de alguna parte si Rusia deja de enviar el combustible.

“Con Putin, nadie sabe qué va a pasar”, advirtió Jacob Hansen, director general de Fertilizers Europe, el principal grupo de presión de la industria. “No podemos producir ningún fertilizante sin gas. Tenemos que insistir en que estamos a la cabeza”.

Si Rusia interrumpe el flujo de gas a Alemania, el país daría prioridad a los hogares y a los servicios críticos, como hospitales, comisarías y cuarteles militares, pero los grandes actores industriales podrían sufrir racionamientos e interrupciones, poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo.

La decisión de quién se queda con el gas en la mayor economía de Europa correspondería a la Agencia Federal de Redes, con sede en Bonn, el regulador energético del país.

La agencia, que ha creado una sala de guerra equipada con reservas de gasóleo, duchas, camas de campaña y suministros de alimentos, donde se espera que un equipo de crisis de 65 personas trabaje las 24 horas del día en una emergencia de este tipo, decidiría en función de los datos de consumo de gas que está recopilando actualmente de las empresas.

“Estudiaremos cómo pueden afrontarlo determinadas empresas, qué compañías pueden vivir con las interrupciones y reducciones de gas, y qué otras firmas definitivamente no pueden”, comentó Klaus Müller, presidente de la agencia.

Klaus Müller, presidente de la Agencia Federal de Redes de Alemania, dice que su organización estudiará qué empresas pueden sobrevivir a las interrupciones y reducciones de gas. FOTO: WOLFGANG RATTAY/ REUTERS

Müller y su equipo también estudiarán factores como la distribución geográfica de los agentes industriales y la forma de transportar el gas hasta ellos. “Intentamos anticiparnos a todos estos factores, pero no es una buena situación a la que enfrentarse”, dijo Müller.

Los fabricantes europeos de productos químicos dependen del gas natural para hacer funcionar los craqueadores, los grandes hornos que separan el petróleo y el gas natural en productos químicos constitutivos bajo un calor y una presión inmensos. Mensink, de Cefic, comentó que la industria está investigando formas de alimentar el proceso con electricidad, pero que la tecnología no estaría lista para su uso comercial antes de 2030.

Las fábricas quieren sustituir la electricidad generada a través de gas por electricidad procedente de fuentes renovables, sin embargo, la oferta de energía eólica y solar no es suficiente para satisfacer la demanda, sostuvo Mensink.

“Estamos tratando de conseguir todo lo que podamos para nuestra producción, pero la realidad es que Europa tendrá que invertir y construir mucho más”, agregó Mensink.

Asimismo, los fabricantes europeos de acero se comprometen a reformar sus industrias para que funcionen con hidrógeno en lugar de con gas natural como materia prima.

“Los suministros de gas que no procedan de Rusia seguirán siendo cruciales mientras no se disponga de una infraestructura de hidrógeno a costos asequibles”, concluyó Axel Eggert, director general del grupo de presión siderúrgico europeo Eurofer.

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