La Tercera

Columna de sismología: 1730, el último megaterremoto de la zona central y su lugar en la historia sísmica de Chile

Terremoto de Valdivia (foto referencial)

La gran mayoría de los grandes terremotos en Chile ocurren debido al movimiento entre las placas de Nazca y Sudamericana, en el cual la placa de Nazca se desliza por debajo de la Sudamericana. Pero en realidad este movimiento no ocurre suavemente, si no que a saltos. Ya que hay un roce entre las dos placas, en algún momento éstas se bloquean, pero como quieren seguir moviéndose una respecto a la otra, la corteza terrestre se empieza a deformar (esto significa que el suelo que está bajo nuestros pies ya no tiene la misma forma que antes). Este proceso de deformación genera una tensión en todo el continente.

Un gran terremoto ocurre cuando una porción importante del país se libera y consigue moverse, “rajando” la corteza, y generando ondas, que son las que nos hacen decir ¡terremoto! (y también producen que alguien en casa piense que lo más importante es salvar la TV, como en el 2010). Y si bien los científicos somos capaces de identificar las zonas del país que han acumulado más tensión, hasta hoy no podemos anticipar exactamente cuándo ni dónde se producirá el siguiente gran terremoto, ya que el proceso de liberación de tensión es tremendamente complejo en su naturaleza. Asumiendo esa complejidad, es entonces fundamental poder entender qué ha ocurrido antes, y así poder entender cómo se generan nuestros terremotos, así como también tener una idea sobre el tipo de escenario nos depara el futuro.

El terremoto más grande jamás registrado en el mundo es el que ocurrió el 22 de Mayo de 1960 en la zona sur del país. Allí, la zona de ruptura del terremoto cubrió desde Lebu por el norte hasta Aysén por el sur. Eso son más de 1000 kilómetros. Tal como lee: el suelo debajo de nuestros pies se rompió ese día, y la rajadura tuvo más de 1000 kilómetros de largo. La energía liberada fue tan grande que ni aunque hiciéramos estallar todo el arsenal nuclear del mundo al mismo tiempo, lograríamos igualar esa cantidad.

Pero ya que Chile es un país bastante largo, una pregunta muy válida es: ¿se puede tener un terremoto así de grande en otra zona, como en el centro o en el norte del territorio? ¿o es que ya ha ocurrido antes?

Pues bien, julio marca un aniversario más de un monstruo que azotó toda la zona central del país: el terremoto de 1730. Los escritos de la época muestran que se registraron grandes daños en las construcciones entre La Serena y Concepción, lo que habla de una gran catástrofe. La magnitud que le otorga el Servicio Sismológico Nacional es de 8,7 lo que equivale a un terremoto más pequeño que el del Maule el 2010. Sin embargo, ya que no habían instrumentos en dicha época, los tamaños de terremotos históricos siempre se estiman en base a relatos y a algunas observaciones actuales donde se buscan evidencias de la ocurrencia de uno de ellos. Por lo tanto, la estimación puede cambiar dependiendo de la calidad de los datos analizados.

Hace poco más de dos meses se publicó un nuevo estudio, donde Matías Carvajal y sus colegas de la Universidad Católica de Valparaíso reconstruyeron la zona de ruptura del terremoto de 1730 basados en datos de inundaciones históricas en Concepción, Valparaíso y Japón, obteniendo un registro de muy buena calidad de los tsunamis que han llegado a sus costas después de ser generados en costas chilenas. La conclusión principal fue que la magnitud de dicho terremoto estuvo en el rango 9,2 a 9,3, lo que implica una fractura de más de 900 km. de largo, que en efecto rompió desde La Serena hasta Concepción. Al mismo tiempo, la costa central chilena se movió del orden de 11-12 metros hacia el oeste, generando un gran tsunami. Esto no sería problema si no fuera porque los siguientes grandes terremotos de la zona central no han logrado hacer que la placa sudamericana se haya movido lo suficiente hacia el oeste como para eliminar toda la tensión acumulada, por lo que un escenario que se estudia es que en el futuro cercano un gran terremoto podría afectar la zona central de Chile, generando un gran tsunami. Es aquí donde vive la gran mayoría de las personas del país, por lo que un evento así tiene un potencial destructivo muy grande.

Además, y dado que la primera ola de un tsunami en nuestro país puede llegar a las primeras ciudades costeras tan pronto como 15 minutos después de ocurrido el terremoto, queda de manifiesto que debemos como sociedad mejorar nuestra preparación ante situaciones de emergencia. Un gran terremoto va a ocurrir, y tenemos que estar atentos a ello. Y ya que ahora conocemos mejor nuestros grandes terremotos históricos, nos vendría bien conocerlos bien, para poder saber a qué atenernos cuando el suelo de vuelva a mover.

 * Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica.