En Tulsa, la ciudad de Oklahoma donde rodaron La Ley de la calle, poco y nada saben de ella. No hay señas que indiquen los lugares de filmación. Tampoco visitas guiadas a los puentes y callejones en que las pandillas de La ley de la calle se desangraron a golpes y sueños. Nada.

Con más suerte, algunos lugareños recuerdan a Los desalmados, la otra película que Francis Ford Coppola rodó en el mismo 1982 y en la misma ciudad. Claro, Los desalmados era en color y tenía a Patrick Swayze y Tom Cruise. Además anduvo mejor en taquilla y críticas. A su lado, La ley de la calle, en blanco y negro, parecía de otro planeta.

Pero a 30 años del estreno de ambas, ninguna se ve con los mismos ojos. De Los desalmados son pocos los que se acuerdan y de La ley de la calle se acuerdan cada vez más. Incluso, según el escritor y cineasta Alberto Fuguet, La ley de la calle alberga una multitud silenciosa de seguidores que de a poco se irá asomando. Una razón para que aparezcan, dice, podría ser su filme Locaciones: buscando a Rusty James.

El autor de Cinépata terminó este documental justo el 2013, a 30 años del estreno del que considera su filme favorito: el que le hizo cambiar el cristal con que veía la vida. La cinta se mostrará el 13, 14 y 17 de abril en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici) y en agosto se exhibirá en Chile.

"Comencé a hacer este documental cuando de alguna revista argentina o colombiana me llamaron para que les escribiera sobre mi filme preferido. Con el tiempo concluí que debía hacer un documental. Ir a Tulsa, la ciudad de Oklahoma donde se filmó. Algo así como un peregrinaje", explica Fuguet.

¿Dónde y cómo vio La ley de la calle por primera vez?

La vi en el Cine Arte Normandie, en septiembre de 1984, en una función de la tarde, llovía. Ver cualquier película en el Normandie en aquella época era una garantía de calidad. Además me quedaba cerca de la Escuela de Periodismo de la U. de Chile. Por otro lado, era una película rara en esa sala, más acostumbrada a dar Fassbinder. Era gringa, de Coppola y con actores que yo conocía de filmes comerciales de antes: Matt Dillon, Diane Lane, Mickey Rourke. Me acuerdo claramente: me quedé pegado en el asiento. Salí y pagué de nuevo la entrada para verla otra vez. Lo positivo es que es una influencia buena, de la que se puede aprender.

¿Qué aprendió?

A tener una voz propia. Por esa época yo había sido expulsado del taller de José Donoso. Básicamente me habían dicho que me dedicara a otra cosa, porque no servía para la literatura. Pero tras ver La ley de la calle comprendí que Donoso estaba equivocado y que se podían hacer las cosas de otra forma. A él le molestaba tal vez la forma en que yo narraba. Lo mismo pasaba con los críticos en Chile. A mí me gustaban comedias norteamericanas como Albóndigas (1979), con Bill Murray, o Continental divide, con John Belushi (1981), en general eran consideradas basura gringa. Curiosamente La ley de la calle gustó mucho en Chile.

DOCUMENTANDO TULUSA

Tulsa, la segunda ciudad más grande del estado petrolero de Oklahoma, es la urbe estrella de La ley de la calle. Sus gigantescos edificios, puentes y casas Art Deco sirven de escenografía a la vida errabunda de Rusty James (Matt Dillon), un pandillero que lidera a los suyos y rinde tributo constante a su hermano mayor, el Chico de la Motocicleta (Mickey Rourke).

En blanco y negro y de gran estilización visual, La ley de la calle generó un particular culto en Argentina, donde su estreno coincidió con la llegada de la democracia. Gran parte de los entrevistados por Fuguet en el documental provienen de Buenos Aires. Están ahí escritores como Fabián Casas, cineastas como Ezequiel Acuña y críticos como Leonardo M. D'Espósito y Diego Trerotola. Por Chile están, por ejemplo, Héctor Soto y Ernesto Ayala, o el cineasta Sebastián Lelio.

La película, de hora y media de duración, es radical en al menos dos decisiones: ninguno de los que hablan aparece en cámara y tampoco hay entrevistas a los responsables de la cinta. "En principio iba a hacer entrevistas en la ciudad de Tulsa: fui con cámaras, micrófonos, puse avisos, etcétera. Pero nadie sabía de la película. Así es que más bien hice mi propio recorrido en auto y a pie. Yo me acordaba de la película, que era en blanco y negro. Y claro, llego y veo todo en color. Es otra cosa. La ciudad es mucho más bonita de lo sombría que la puede haber presentado Coppola", recuerda Fuguet.

El escritor está más o menos consciente de que La ley de la calle nunca fue ni será un bocado para las masas. Pero su entusiasmo quiere ser contagioso: "Creo que en Chile impactó más de lo que se cree. Fue uno de los pocos éxitos absolutos del Cine Normandie, junto a Brazil, por ejemplo. ¿Quién lo sabe? A lo mejor, cuando la estrenemos, descubrimos tantos fanáticos como los de Star trek o La guerra de las galaxias".