Es extraño, pero en Concepción son pocos los que sufren por la desafiliación del club. No es que no lo quieran, ni que se hayan olvidado de él, la razón es otra muy distinta. En las calles, en las plazas, en los barrios, en los bares, en todos lados, es común ver camisetas lilas paseándose como si no hubiera ocurrido nada, como si el domingo hubiera partido y se tuviera que ir al estadio. Las lágrimas que ilustraron aquella tarde de abril ya pasaron. Ahora, la idea es otra: trabajar por la refundación del club.

El 9 de octubre pasado, la avenida Bernardo O'Higgins, la principal arteria vehicular penquista, por cuarta vez en el año vio desfilar a miles de fanáticos. Fue insólito. Más de cinco mil hinchas lilas llegaron hasta el estadio Alcaldesa Ester Roa Rebolledo -Collao, para ellos- a participar en una de las más masivas manifestaciones que ha visto la ciudad. No fue un banderazo. No había partido al día siguiente. De hecho, no existía absolutamente ninguna razón lógica por la que estuvieran allí. Pero las pasiones más intrínsecas del hombre no se explican con la lógica y, en Concepción, después del castigo, cualquier excusa sirve como motivo de reunión y comunión.

Detrás de esa y todas las manifestaciones hay un grupo de hinchas y barristas que está decidido a replantear completamente a la institución. Tienen poder. Se trata del Club Social y Deportivo Deportes Concepción, dueños del 18% del cupo federativo, pero además del patrimonio más importante del club: sus campos deportivos.

En mayo pasado, después de muchas gestiones, esta tropa se convenció en levantar al León de Collao del suelo y aprovechar la peor crisis de su historia para comenzar desde cero. El cabecilla es Víctor Tornería, ingeniero civil industrial de 34 años, que después de una larga y silenciosa investigación de las bases de la institución morada, se decidió a hacer algo por ella.

"Estamos en el peor y mejor momento del club", matiza Tornería. Su optimismo sorprende. Explica que, primero, reabrieron el libro de socios con campaña en Concepción y Santiago en la que añadieron 450 nuevos miembros. Luego, llamaron a votación para definir quién se haría cargo de la entidad, ganando con un 97% de los votos.

En la nueva dirigencia todos son hinchas acérrimos, algunos incuso ex barrabravas, la mayoría profesionales de distintas áreas que aportan con su conocimiento para sanear al club. Además, para evitar cualquier duda transparentan todo a través de sus redes sociales, una acción extraña para el fútbol actual.

"Son más de 50 personas trabajando con nosotros. No sé cómo llamarlo, es parte del romanticismo que tiene ser hincha de un club, porque nadie nos ha cobrado nada", asegura el ingeniero, quien pese a estar vestido de camisa y corbata, trasluce un enorme tatuaje del León de Collao en un brazo.

"La concesionaria nos dejó con una cuenta de dos millones de pesos de agua y luz, y otras multas históricas que acarreaba el club y que eran casi siete millones de pesos". En estos momentos, el Club Social lila no tiene cuentas negativas.

El retorno

En Concepción están a la espera de lo que digan los tribunales. La Corte de Apelaciones de Santiago deberá pronunciarse dentro de estos días para determinar si la expulsión del equipo del profesionalismo, determinada en el Consejo de Presidentes de la ANFP, fue o no la correcta.

Roberto Coloma, el abogado que ya evitó una vez la desafiliación del club amparado en la interpretación del reglamento, cuenta que no puede caminar tranquilo por el centro de la ciudad. Es el representante de Deportes Concepción SADP, el dueño del 82% del derecho federativo del club, del que se hizo cargo tras el abandono de la antigua concesionaria. Al igual que todos, trabaja gratis.

Confía en que el veredicto será positivo y advierte: "Si eso ocurre, nosotros vamos a ejercer todos nuestros derechos como socio afiliado a la ANFP y vamos a reclamar por todos los perjuicios que esta situación nos ha provocado".

Identidad recuperada

"Quedaron 30 niños entrenando. Los llamaron de todos los clubes para llevárselos". Quien habla es Patricio Almendra, uno de los últimos referentes del equipo. El ex volante asumió como director de las series inferiores sin cobrar y reconoce que el cariño que él tiene por el León de Collao lo traspasa en cada entrenamiento. "Les hacemos charlas motivacionales, les explicamos que hay que querer al club, que aquí no se viene sólo a jugar", asegura. Ahora, las divisiones menores lilas cuentan con 165 niños entrenando de lunes a viernes.

El fenómeno lila emociona. Ya traspasó la frontera del fútbol, transformándose ahora en un hito social. Para la directiva, lo más importante es que Concepción volvió a reencontrarse con sus hinchas. "La gente se volvió a identificar con el club. En la calle nos dicen que lo estamos haciendo bien, se ofrecen a colaborar, a arreglar cosas, a pintar los camarines", explica Tornería.

En Concepción sueñan con hacer las cosas bien. Se aburrieron de los engaños, de los estafadores y del estigma de ser el "equipo problema" del fútbol profesional. Se apropiaron de una camiseta que sólo les pertenece a ellos mismos. Sonaba impensado hace 250 días, pero ahora el futuro de la institución está en sus manos.