Ayer, a las 22 horas, en la introducción que antecede al primer número, el libreto que guía a Eva Gómez volvió a sonar levemente destemplado -tal como sucedió con Maná en el debut- cuando habló de "la voz más influyente a nivel mundial". Ya en comerciales, la omnipresente voz en off de Alex Hernández, el director televisivo del evento, preguntó al público: "¿Qué prefieren: lomo vetado o filete?... ya, vamos con filete".

De algún modo, ambos en su estilo y en sus metáforas, casi pegaban en el blanco. Anoche fue el turno en la Quinta Vergara de Elton John, por lejos el artista más trascendente del actual certamen y quizás el más importante que alguna vez haya pasado por su historia, de esos nombres que por un par de horas sitúan a Viña en un estándar mundial, con estrellas que bajan de los recientes premios Grammy para pasearse por el mismo lugar que luego recibiría a La Sonora de Tommy Rey o que luce sus galerías saturadas de noteros con orejas de conejo y lentes fluorescentes.

El público lo entendió así desde un principio -fue una de las tres jornadas que primero se agotó- y llenó el reducto desde temprano, con un mayoritario contingente adulto, pasado los 30 años, con familias bien sentadas, dispuestas a contemplar y ovacionar antes que a chillar: cuando a las 22.23 horas apareció el inglés, con su traje negro brillante, sus zapatos metalizados y sus gestos de gratitud, la reverencia fue absoluta.

Una enérgica The bitch is back fue el primer bocado, para luego entrelazar una seguidilla de clásicos como Bennie and the jets, Tiny dancer y Philadelphia freedom. "Buenas tardes, Chile", fueron sus primeras palabras, agregando que antes sólo había pasado por Santiago, y como aperitivo al primer gran estallido de la jornada: Rocket man (I think it's going to be a long, long time) estrenó el karaoke y los aplausos de pie. Luego pasaron Don't let the sun go down on me y la versión original de Candle in the wind, canción que, transformada en un tributo post mórtem a Diana de Gales, se convirtió en el single más vendido de todos los tiempos.

Pero si Sir Elton John tiene esos pergaminos, también había llegado la hora de agasajarlo con trofeos locales. A los 60 minutos de show, los animadores asomaron para iniciar el ritual de los premios. Aunque en un principio su staff había solicitado que la interacción con Eva Gómez y Rafael Araneda fuera breve, ayer por la tarde se optó por que todas las gaviotas y antorchas se entregarán en un solo momento y de manera rápida, para sólo darle tiempo al espectáculo. Además, el cantautor debía partir de inmediato al aeropuerto de Torquemada, ya que tenía pedida su pista a partir de la medianoche para trasladarse en su avión privado a Argentina, próxima escala de su tour.

PIFIAS
El final quedó para Crocodile Rock, Saturday night's alright for fighting y una emotiva Your song. Fin del show, el artista salió por uno de los accesos laterales del lugar y se dirigió directo a la terminal aérea, dejando una estela de pifias, inconformismo y peticiones que, en parte, calmó el pase a comerciales, aunque el número siguiente, Memo Bunke, estuvo muy cerca de sufrir el síndrome Ricardo Meruane: aquél que retrata a un cómico imposible de sepultar las ganas de seguir cantando con una leyenda anglo.

Luego de la presentación de Elton John, parecía que Memo Bunke sería la primera víctima de la ira del público este año. El humorista apareció en el escenario entre pifias y gritos por el inglés, y aunque inició su rutina de manera normal, ignorando la chifladera, a los pocos minutos se arriesgó y, tal como lo hizo Meruane en 2011 después de Sting, dijo que él también era fan del artista que acababa de bajar. Y a diferencia de lo que ocurrió con su compañero dos años antes, ahora el público por primera vez se rió, y Bunke continuó: "Me habían dicho que iba a actuar después de Albert Hammond, pero después me cagaron y me dijeron que iba después de Elton John", lanzó.

Luego de eso el humorista siguió con su rutina, haciendo canciones, algunos chistes de doble sentido y la canción de La mosca, logrando el peak de la noche: 44 puntos (la jornada, hasta las 00.49 horas, marcó 30,9). Y aunque fue despedido sin premios, las pifias obligaron a los animadores a hacerlo subir nuevamente. Sólo así, y cerca de la una de la madrugada, apareció Albert Hammond, que invitó a cantar con él a Pablo Herrera y Andrés de León.