Según un estudio publicado el pasado jueves en la revista Science, en Turquía se originaron cientos de lenguas tan diversas como hindi, español, ruso, holandés, albano e inglés.

Gracias a un complejo modelo informático diseñado originalmente para hacer mapas de epidemias, científicos detallaron la evolución de la familia de lenguas indoeuropeas.

Similitudes entre cientos de lenguas habladas desde Islandia a India han dado lugar a fuertes debates sobre el lugar donde se originaron y lo que su propagación y evolución puede decir acerca de los primeros humanos.

La teoría dominante es que las lenguas habladas actualmente por unos 3.000 millones de personas provienen de nómadas de la Edad de Bronce, que utilizaron caballos y carros para asentarse al este y al oeste de las estepas al norte del Mar Caspio, cerca de lo que hoy es Ucrania, hace unos 5.000 a 6.000 años.

Otros sostienen que fue la agricultura -no el caballo y la rueda- lo que ayudó a difundir las lenguas, y señalan sus orígenes en la actual Turquía hace unos 8.000 a 9.500 años.

Este último estudio publicado en Science usó una enorme base de datos de palabras comunes o afines, tanto modernas como antiguas, e identificó las raíces del lenguaje en la actual Turquía y no en la estepa.

"Este es uno de los ejemplos clave propuestos de que la agricultura es una fuerza importante en la conformación de la diversidad lingüística mundial", dijo el autor principal del estudio, Quentin Atkinson, un psicólogo evolutivo de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda.

Los resultados se basan en investigaciones arqueológicas y genéticas que han sugerido que la migración humana temprana ayudó a estimular la expansión de la agricultura, señaló Atkinson.

"No era solo que todos los cazadores-recolectores estaban en Europa y miraron por encima de la cerca y vieron que sus vecinos cultivaban y comenzaron a hacerlo ellos también. Hubo un movimiento real de personas", dijo.

"Los idiomas sugieren que fue un movimiento cultural también; los cazadores-recolectores no estaban sólo arando, también estaban adoptando una cultura y una lengua".

El uso de métodos diseñados originalmente por los epidemiólogos para rastrear el lenguaje tiene sentido porque hace tiempo que se vieron similitudes entre la evolución de los seres vivos y las lenguas vivas, dijo Atkinson.

"Darwin habla al respecto en 'El origen de las especies' y 'El origen del hombre'; "estos curiosos paralelismos", los llama", agregó.

Los biólogos que buscan el origen de una pandemia toman muestras en varias ubicaciones, secuencian el ADN y hacen un mapa de cómo el virus ha evolucionado a través del tiempo, observando cómo sus genes fueron modificados.

"Una vez que se tiene el árbol genealógico... se puede rastrear en sus ramas el origen", dijo Atkinson durante una entrevista telefónica.

"Lo que hicimos fue aplicar el mismo enfoque a los idiomas".

El equipo construyó una base de datos de palabras afines, como madre en español, mother en inglés, moeder en holandés, mat en ruso, mitera en griego y mam en hindi.

Luego crearon un árbol genealógico de los idiomas, que los ubicaba en el espacio y en el tiempo y daba cuenta de la ganancia o pérdida de cognados (términos con un mismo origen etimológico, pero con distinta evolución fonética). Así concluyeron que todos estos cognados derivan de la palabra proto-indoeuropeo 'mehter'.

"Este es un gran avance", dijo el arqueólogo Colin Renfrew, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido en un artículo adjunto en Science.

Pero no todo el mundo está tan convencido.

"Hay tanto en este trabajo que es arbitrario", dijo Victor Mair, un experto en el idioma chino en la Universidad de Pensilvania, a la revista Science.

El modelo de Atkinson se basa en saltos lógicos en los cambios lingüísticos y en la forma en que los idiomas se difundieron, dijo Mair, mientras que la hipótesis de la estepa "se basa en gran medida en datos arqueológicos, como los patrones de enterramiento, que están directamente ligados a materiales datables".