A mediados de la década pasada, cuando los precios de la energía superaban los US$ 100 por MWh y la demanda crecía fuerte, los recursos hídricos de Aysén aparecieron como alternativa para desarrollar proyectos que permitieran asegurar una cobertura eléctrica al resto del país.

Fue así como surgieron dos proyectos emblemáticos: Hidroaysén (de Colbún y Endesa, hoy Enel Generación), que consideraba una potencia instalada de 2.750 MW y una inversión de US$ 3.200 millones; y Energía Austral que aportaría unos 1.000 MW con tres centrales, la primera de ellas el proyecto Cuervo, que costaría US$ 733 millones y una potencia instalada de 640 MW.

Ambos, prometían ser la solución a los altos precios y a la posible escasez. Sin embargo, la fuerte oposición ambiental, sumado a las restricciones de transmisión -la zona de Aysén está distante unos 1.000 kilómetros de la línea troncal del SIC- fueron poniendo cada vez más problemas a su desarrollo. La masificación de las renovables, que llevaron a la baja los precios, fue la lápida.

En materia ambiental, Hidroaysén fue rechazado a comienzos de 2014, y hoy está en tribunales ambientales con pocas posibilidades de construirse, luego que uno de sus socios, Enel, anunciara que evalúa devolver sus derechos de agua. Cuervo no corrió mejor suerte y luego de una difícil tramitación ambiental, su titular optó por desistir a fines de agosto.

Para María Isabel González, directora de Energética, la irrupción de las ERNC ha hecho "innecesarias" a este tipo de centrales. En el corto plazo simplemente no son necesarias, y como hay tanto proyecto eólico y solar, tendrían que ser capaces de competir con esas alternativas, y la verdad que esas alternativas tienen costos que son inalcanzables hoy para las centrales de embalses por ejemplo", dice.

Una visión similar plantea el secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía (CNE), Andrés Romero, quien considera que los megaproyectos tienen dificultades para competir en precios con las nuevas tecnologías. "Lo que ha pasado es que Chile tiene mucho más recursos que Aysén, y si en algún momento Chile necesita los recursos de Aysén, tendrán que usarse. Pero la energía que hoy se ofrece en el mercado eléctrico es energía con menor impacto y más barata que lo que Aysén estaba ofreciendo", señala.

El futuro

A juicio de González, pese a que Hidroaysén y Cuervo no lograron concretarse, los proyectos hidroeléctricos grandes en la región no están descartados del todo. "Si bien tenemos una gran capacidad de respaldo para ese tipo de energías que son intermitentes, yo pienso que en algún momento, pero no cercano, vamos a necesitar esa energía de respaldo, y las centrales de embalse se complementan muy bien con la energía solar y eólica", sostiene.

La consultora agrega que esto también dependerá de como se desarrolle la tecnología de almacenamiento, "cuanto baje su precio, pero hasta el momento la forma más económica de guardar energía es con agua".

Para Romero, es difícil imaginar una central de esas características en la zona en los próximos años: "Hoy no se ve en el corto plazo ni el mediano plazo una central de esa naturaleza. A futuro, quien sabe. A lo mejor el país se fija el objetivo de tener 100% su matriz renovable al 2050, y para lograr ese objetivo el país dice que deberíamos usar el agua que hay en Aysén, pero es otra discusión, es súper distinta a la que había antes".

Ramón Galaz, director de Valgesta, indica que es relevante que exista consenso a la hora de decidir sobre los recursos hídricos de la región. "El tema de establecer proyectos hidroeléctricos en la zona de Aysén es un tema extremadamente complejo. Cualquier decisión, en favor o en contra, debe venir de una decisión muy consensuada, y para eso creo que se requiere el largo plazo", señala.