El dopaje en el fútbol chileno se controla desde 1989. Desde la fecha hasta este campeonato, una comisión interna de la ANFP era la encargada de tomar y analizar las muestras en cada partido de fútbol. Lo hacían en masa, llegando a tomar más de 1.000 muestras por campeonato. Sin embargo, la veracidad del sistema era algo relativo.

Resulta irrisorio que en un campeonato profesional como el chileno, sea el propio organizador quien tome y estudie las muestras, relativizando y dejando dudas abiertas en relación a la real autenticidad que ésta podría tener, ya sean para beneficio o perjuicio del deportista. Es cierto que en el fútbol una sustancia no ayudará a mejorar el rendimiento de un equipo, pero en la alta competencia y en la pelea por un puesto de titular, es lógico que se generen dudas.

El síntoma no es sólo nacional. Para la FIFA, recién desde 2004 comenzó a suscribirse la normativa de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), pero bajo su propio código (FIFA-WADA) al que no todas las federaciones y confederaciones en el mundo se han adscrito. En la región, Uruguay, Argentina, Colombia y Perú son los países que ya se han normado. No así Paraguay, en donde esta misma semana se conoció la ejemplar sanción interpuesta al defensor Julio César Cáceres (37), castigado con cuatro años de sanción por eludir un control antidopaje y arrojar positivo por consumo de octopamina en el siguiente. Una prueba irrefutable de que el fútbol, en materia de lucha contra el dopaje, se ha puesto serio.

"La ANFP históricamente ha tenido un sistema propio que funcionaba con un laboratorio no acreditado por la AMA. Era bastante particular y alejado de las normas de la Agencia", dice Roberto Dagnino, secretario general de la Comisión Nacional de Control de Dopaje (CNCD). Sus irregularidades: "El oficial de control manipulaba la muestra; las botellas se reutilizaban, se lavaban, lo que era ilógico. Era un sistema muy sui generis".

Ahora, en cambio, la nueva normativa espera poner en regla al fútbol, como a todas las federaciones del país. Dagnino explica que "el principal cambio es que ahora son ellos (los futbolistas) los que manipulan todo. Los oficiales no tocan absolutamente nada hasta que esté sellado todo". Pero además, desde este torneo en adelante se realizarán los mismos test que se piden en el atletismo o cualquier otro deporte, exponiéndose a castigos similares.

No sólo eso. "Hay también una serie de conductas que hoy día no son permitidas y son sancionadas y que antes no lo eran, como, por ejemplo, el oponerse a un control", explica Hugo Muñoz, director de la ANFP. Hasta hace tres meses un deportista podía eludir una toma de muestra acusando una lesión o pidiendo no ser citado.

Ahora, las muestras serán analizadas en un laboratorio homologado por la AMA, ubicado en París. "Es un proceso que hace que se demore un par de semanas más el resultado y que también tiene un costo adicional, que asume la Comisión", dice Muñoz. Efectivamente, el costo corre por parte de la CNDC, que es financiada por el Estado. "Cada análisis tiene un valor de 130 dólares", explica Dagnino.

Otra modificación importante tiene que ver con la transparencia y el régimen disciplinario. "Hoy las decisiones sobre eventuales sanciones las toma una Comisión de Expertos -y no el Tribunal de la ANFP- que es la misma para todos los deportes federados y en la que los integrantes del fútbol no pueden participar para evitar que sean juez y parte", explica Muñoz.

Controles sorpresa

"Existen dos tipos de controles: en competencia, que ahora se hacen a dos jugadores por equipo en cada partido, por sorteo; y los controles sorpresa fuera de competencia", comenta el director de la ANFP. Lo curioso es que ambos ya se podían realizar, pero desde hace al menos cinco años, precisa Muñoz, sólo se efectúan los primeros. "Desconozco por qué motivo no se llevaron a cabo", reflexiona.

"En un entrenamiento cualquiera, la Comisión tendrá absoluta potestad de ir y solicitar a jugadores al azar o elegidos previamente para pedirles su muestra de orina", explica Dagnino. La idea es tener un control más riguroso de los deportistas, revisándolos periódicamente.

Otra modificación es la cantidad de controles. Sólo el año pasado, la ANFP tomó 1.400 muestras de orina, cifra totalmente escapada de la que ahora se buscará. Optimizando recursos, la Comisión espera controlar alrededor de 300 deportistas durante el Clausura, enfocándose en los partidos donde haya mayor probabilidad de dopaje. "Al final del campeonato tomaremos muchas más muestras, la idea es hacer un control inteligente y no gastar por gastar", reconoce el director de la Comisión.

¿Cuáles son las expectativas? "En realidad, creo que no aparecerán muchos positivos. Si los hay, serán más por drogas recreativas, como la marihuana o cocaína, que por un dopaje", culmina Dagnino.