Una mujer de 31 años encabeza el listado de posibles víctimas del descuartizamiento descubierto el martes en un paso bajo nivel, ubicado entre las calles San Ignacio con Centenario, a pocos metros del penal Santiago I. Esto, luego de que familiares identificaran un tatuaje en los restos hallados.

Hace nueve días, la familia había hecho una denuncia por presunta desgracia. Siete días después, tras ver por televisión el tatuaje de la afectada, se acercaron a la policía para reconocer el cuerpo y sus pertenencias.

El subprefecto Víctor Arriagada, jefe de la Brigada de Homicidios de la PDI, aseguró ayer que la policía entrevistó a "más de uno de los integrantes de la familia, donde en forma clara y tácita reconocen principalmente el tatuaje y otras características morfológicas".

Según la fiscal del caso, Ximena Chong, en las últimas horas se recibieron "antecedentes de personas que han reconocido dicha marca en el cuerpo de la persona fallecida".

Los restos calcinados fueron encontrados, a eso de las 3.40 del martes. El análisis de la policía reveló que el cuerpo presentaba tres heridas en el cráneo, cortes y otras lesiones en el cuello atribuibles a estrangulamiento. Hasta ayer, ni la PDI y ni la Fiscalía Centro Norte habían confirmado la identidad de la supuesta víctima y estaban a la espera de los resultados de ADN y de pruebas para la recuperación de las huellas dactilares . Otra pericia solicitada al Servicio Médico Legal establecerá si la víctima estaba embarazada, padecía enfermedades o había sufrido intoxicaciones.

Una de las diligencias solicitadas por la fiscalía fueron las imágenes de seguridad que existen en el perímetro de la cárcel para intentar identificar al autor del ataque.

HISTORIAL DE DROGAS

"A ella la detuvieron el año pasado por un asunto de drogas. Le dije que no quería que vendiera eso, que si quería vender, iba a tener que irse de aquí, porque llegarían a destrozar todo. Después la tomaron presa, y luego me dijo: 'nunca más lo voy a hacer, abuelita. Ahora voy a cambiar'. Pero no cambió, siguió igual". Con este relato, M.L. (78), dueña de la casa donde vivía la mujer de 31 años, recordó los nexos que mantenía con grupos dedicados a la venta de sustancias ilícitas, lo que es indagado por la PDI.

Un presunto consumo problemático de estupefacientes y desavenencias familiares llevaron a que la presunta víctima y su pareja abandonaran el hogar de La Florida para vivir en un "campamento frente a la casa, pero los echaron y yo les ofrecí quedarse acá de nuevo. Les dije que juntaran plata para su casa", dijo M.L.

Desde su casa en la comuna de La Florida, M.L., que además es abuela de su actual pareja, detalló a La Tercera que la presunta víctima tenía tres hijos y había afrontado causas por infringir la Ley de Drogas. La última de ellas data del 26 de julio de 2012, cuando un equipo del OS-7 allanó su casa y decomisó 375 gramos de marihuana, 83 gramos de pasta base y 30 gramos de cocaína. Además, en 2011 había ganado un subsidio familiar.

Según la testigo, "no sé para qué se iba para allá (a sector de la cárcel), según dicen, era donde vendía drogas (...). Le decía que no saliera, que no anduviera vendiendo esas leseras".

Relató que con su pareja, "a veces chocaban, peleaban y ella se iba. Nunca hubo golpes, era de palabras. La última vez que se fue quebró platos antes de irse. Fue el 15 de este mes, enojada".

M.L. confirma que la supuesta víctima "tenía varios tatuajes (...). Ella tenía unas flores en el pecho, y en la pierna tenía un tatuaje de una mosca, pero qué se le va a notar ahora cuando la quemaron".