Historias y personajes que se nos hacen conocidos nutren las películas que llegan esta semana a los cines. Como gran estreno chileno llega Rara, obra prima de Pepa San Martín, inspirada en el caso de la jueza Karen Atala, que en 2003 perdió la tuición de sus hijos por vivir con su pareja homosexual. Contada desde el punto de vista de las niñas, Rara ha sido distinguida en prestigiosos festivales como el de San Sebastián y la Berlinale. Para los niños llega Trolls, estos personajes de cabelleras coloridas que se hicieron famosos en los años 60' protagonizan una aventura para salvar a su comunidad de unas criaturas llamadas Bergers, "cualquiera con más de 8 años muy posiblemente quiera salir huyendo", dice la crítica. Por último llega Ouija: el origen del mal. El famosísimo tablero espiritista que se puso de moda en los 80' vuelve al cine en manos del director Mike Flanagan, responsable de otras cintas de terror como Somnia (2015).

Rara: Sin miedo a la emoción

Crítica por Pablo Marín.

rara

Rara. De Pepa San Martín. Con Julia Lübbert, Mariana Loyola, Daniel Muñoz. Chile, 2016. 94 minutos.

Nota: 6

Rara, de Pepa San Martín, es la obra de una debutante, pero no lo parece. Y es normal que no lo parezca ya que su realizadora, que se inició como tercera directora asistente en Play, ha sido asistente de unos 18 filmes locales. Es, por así decirlo, una criatura de ese novísimo cine chileno que eclosionó en 2005. Y en su ópera prima contó con la colaboración guionística de Alicia Scherson, la directora de Play. Como quien riza un rizo.

Hasta el más inopinado de los lectores se habrá enterado del link de esta película con el bullado caso de la jueza Karen Atala, que perdió la tuición de sus tres hijas por convivir con su pareja del mismo sexo. Sin embargo la película, a la que tal link no le hace daño en todo caso, no se quiere facsimilar ni fidedigna. Logra, por lo demás, que se la examine en sus propios méritos y deméritos.

El punto de vista del filme es el de Sara (Julia Lübbert), viñamarina próxima a cumplir los trece y que vive las ansiedades, las incertidumbres y las alegrías de las chicas de su edad. Sus padres (Daniel Muñoz, Mariana Loyola) están separados y tanto Sara como su hermana menor (Emilia Ossandón) están al cuidado de su mamá, a su vez emparejada con Lia (Agustina Muñoz). Algo que las niñas parecen vivir como un mero dato, no así su papá ni las autoridades del colegio donde estudian.

Por ahí se encamina una parte del drama. En paralelo, eso sí, seguimos las cuitas de esta chiquilla que busca un lugar en el territorio movedizo de la adolescencia: que se entusiasma, que quiere a su familia y a sus amigas, al tiempo que pierde la paciencia y manda todo a la cresta. La película se toma el tiempo de observar y conducir estos desarrollos, poniéndose a buen resguardo de apriorismos, juicios y sentencias.

Se ha dicho y repetido que cuesta menos hacer actuar a un perro que a un niño. En esta ocasión, los roles de Lübbert y Ossandón son de enmarcarse, lo que en buena parte explica los méritos incontestables de Rara. Pero hay más: hay variadas muestras de oficio e instinto narrativos, así como de empatía respecto de los personajes. Años atrás, el director de Taxi para tres –coincidentemente, padre de la protagonista- decía que el cine chileno le teme a la emoción. No es el caso de esta película entrañable, que recorre disciplinadamente el camino sinuoso de los afectos, al tiempo que se instala con decisión en nuestro tiempo.

Trolls: Exceso de dulzura

Crítica por René Martín.

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Trolls. Dirigida por Micke Mitchel, Walt Dohrn. Con las voces de Anna Kandrick, Zoeey Deschanel, Justin Timberlake. Animación, aventuras, musical. 92 minutos. Estados Unidos, 2016.

Nota: 4

Los Trolls son unos muñecos que salieron al mercado allá por los 60 y que ahora tienen un largometraje animado que nadie se imaginó que podría existir alguna vez. Con un aspecto y exceso de dulzura que a ratos recuerda a Los Pitufos, estos pequeños seres deberán luchar pos sus vidas cuando un grupo de criaturas llamadas Bergers quieran comerse a todo Troll existente. Será misión de la princesa Poppy y su amigo Ramón salvar a toda la comunidad y nunca perder la esperanza.

Pensada para los más pequeños de la casa, cualquiera con más de 8 años muy posiblemente quiera salir huyendo, esta cinta nunca logra sobresalir de la marea de películas animadas que se estrenan. No es tan graciosa, menos novedosa y a ratos hasta irritante en su exceso de festejo, canciones y abrazos. Tiene una sucesión interminable de covers de temas pegajosos de los 80, toda la predictibilidad en la que este tipo de películas habita, una malvada cocinera que posee algún buen momento y un mensaje tan claro que hasta el que se quede dormido entenderá. Más allá no es mucho lo que ofrece.

Ouija, el origen del mal: Una precuela inteligente

Crítica por René Martín.

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Ouija: el origen del mal. Dirigida por Mike Flanagan. Con Elizabeth Reaser, Lulu Wilson, Annalise Basso. Thriller, drama, horror. 99 minutos. Estados unidos, 2016. Mayores de 14 años

Nota: 5

El director norteamericano Mike Flanagan ha sabido ganarse un espacio dentro del cine de terror y suspenso con películas pequeñas, tramas bien construidas y siempre un alto nivel de actuación. En sus historias se requiere atención y paciencia y es conveniente saber que siempre mezcla terror con drama familiar.

Tomando la dirección de la precuela de Ouija (2014), Flanagan nos hace entrar en un Los Ángeles de mediados de los 60 donde habita una viuda con sus dos hijas. La madre trabaja como médium, captando incautos con la ayuda de las pequeñas. No existe maldad detrás de sus actos, y la justificación es que simplemente buscan ayudar a la gente en sus procesos de pérdida. Los problemas comienzan cuando la hija menor comienza a canalizar espíritus reales, sin saber que éstos también pueden engañar, utilizar y buscar venganza.

Moviéndose con seguridad y construyendo un mundo real y más que atendible, esta historia con suspenso y misterio no rompe esquemas, pero utiliza todos los elementos familiares dentro del universo de las casas embrujadas de gran manera, dando vida a una historia que recuerda tanto a clásicos de los 70 como a la saga de El Conjuro, aunque manteniendo personalidad propia. Flanagan demuestra una vez más su completo entendimiento del universo que navega y una gran capacidad para incomodar, asustar y elevar una franquicia que había partido con el pie izquierdo.