El colegio me costaba mucho, era un poco rebelde. Cada dos por tres las maestras citaban a reunión a mi mamá, porque era revoltoso, inquieto en el aula y de pelearme con mis compañeros. Estuve en un colegio de hombres al principio y después, los últimos dos años, me fui a un colegio a la noche para terminar.

Mis recuerdos son de muy chiquito siempre con una pelota bajo el brazo. Con mis amigos del barrio corríamos detrás de la pelota en las canchas de tierra. En esos años vivía en La Plata -donde nací-, con mis papás y mis abuelos maternos, ellos me cuidaban cuando mis padres iban a trabajar.

Con las chicas era demasiado tímido. Cuando me gustaba alguien mi estrategia era mirar y mirar. Me costaba sacar a bailar, aunque antes los lentos ayudaban, ahora el baile movido y de parla, como se dice allá, es muy difícil.

Tuve la oportunidad de conocer a Soda Stereo. Eran mis ídolos de la adolescencia en lo que era la música y llegué a conocerlos en los últimos recitales que hicieron en River, por allá en el 2007 o 2008. Zeta, Charlie y Gustavo me invitaron después a su fiesta privada. Por eso, para mí fue un golpe duro todo lo que le pasó a Cerati.

Perder un hijo es lo más fuerte que me pudo haber pasado. Nació de siete meses y se descompensó, tuvo un día de vida. Los otros cambios drásticos fueron mis separaciones, haber sido papá por primera vez cuando tenía 23 años, porque no estaba preparado, y cuando me retiré de jugar el fútbol, que estaba preparado, pero el cambio fue fuerte, lo sentí mucho. Fue duro afrontar todo eso, pero yo siempre he sido de superar los obstáculos de la vida y seguir adelante.

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Me siento cómodo en Unión Española. Me parece un club ordenado, que nos da la posibilidad de trabajar hacia lo que uno pretende que es ponerlo en el lugar que se merece y seguir haciéndolo crecer. Creemos que el club está de nuevo en un lugar competitivo importante. Fue bueno lo que hicimos el primer semestre y ahora esperamos que en lo que queda por delante también podamos conseguir algo lindo por el club y para nosotros.

Lo que menos me gusta de mi trabajo es no poder jugar fútbol. Pero ya disfruté esa etapa y la viví con mucha intensidad. Como entrenador soy ambicioso al poner objetivos importantes, siempre en base al trabajo, la autoexigencia, el potenciar a los jugadores individualmente y como equipo, apuntando alto. Disfruto el cargo que tengo, me acerca a lo que hice tanto tiempo como jugador.

El periodismo deportivo polemiza mucho y eso no me gusta. Ha cambiado mucho, hay muchos más medios, se necesita mucha más información, quizás aquí en Chile no es tanto, pero en Argentina hay muchos medios de comunicación deportivos y no se prioriza hablar de fútbol o de un jugador.

Con Macri mantenemos una relación. Nos conocemos de Boca, cuando fue presidente, después se mantuvo una relación y compartimos muchas cosas: estuvo en mi casamiento, me ha invitado a su casa, jugamos fútbol y a veces pádel. Hoy, con la distancia es más difícil, pero a veces nos mandamos mensajes y saludos.

El ritmo de vida en Santiago es mucho más llevadero. Acá vivo con mi señora y mi hijo Gian Luca, que tiene un año; es cómodo y tranquilo en comparación a Buenos Aires, donde la dinámica del día a día cansa. Lo que se extraña es juntarse con los amigos a un asado y sobre todo la familia, allá están mis padres, mi hijo Ryduan, su hermana y su hijo de dos años, que es como mi nieto, obviamente me gustaría tenerlos más cerca.

De aquí a 10 años me veo aún ligado al fútbol, siendo entrenador. Por mi pasado, me gustaría dirigir Estudiantes de la Plata, que es el equipo de mis inicios, donde me crié y donde soy hincha. Algún día, también, dirigir a Boca, de lo que es de ahí en más para arriba, no para abajo, de eso para arriba, todo bienvenido sea.