La semana pasada, los británicos Margaret Keenan y William Shakespeare se convirtieron en las primeras personas del mundo en recibir la vacuna de la farmacéutica Pfizer contra el Covid-19. El hecho además marcó un precedente, ya que al mismo tiempo que el Reino Unido se erigió como el primer país occidental en vacunar a su población contra el coronavirus, otros como Canadá y Estados Unidos siguieron su ejemplo, tendencia que seguramente se ampliará en las próximas semanas en otros países con los fármacos de AstraZeneca/Universidad de Oxford, Janssen y Moderna.

Sin embargo, la campaña de vacunación realizada en el Reino Unido no es la primera a nivel global. En China, más de un millón de personas ha recibido alguna de las vacunas que se están desarrollando en el país, incluyendo mayormente a personal militar y sanitario.

Actualmente, tres empresas chinas se encuentran en etapas avanzadas con cuatro vacunas contra el Covid-19: Sinovac, con su medicamento CoronaVac; Sinopharm, con dos vacunas en desarrollo; y la empresa china/canadiense CanSino Biologics con su candidato llamado Ad5-nCoV, o Convidicea, su nombre comercial.

En su fase 3, Sinopharm se encuentra en pruebas con 60 mil voluntarios en Argentina, Bahrein, Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Perú, Rusia, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Sinovac ha hecho lo propio en Brasil, Turquía, Indonesia y Chile; mientras que CanSino lo hace en Argentina, México, Pakistán, Rusia, Arabia Saudita y también Chile, con más de 40 mil personas en total.

También existen algunas diferencias entre las vacunas occidentales y las fabricadas en China. Allí la fase 2 se llevó a cabo con alrededor de 230 candidatos, a los que se le aplicó una sola dosis de la vacuna vectorizada, de ADN, y la eficacia reportada fue de más del 90%. Por ello, se decidió seguir con la misma tecnología con la que se han desarrollado vacunas importantes para el mundo, como el ébola.

Además, a diferencia de las vacunas de Pfizer y Moderna, los candidatos de China no requieren almacenamiento ultra frío, lo que las hace especialmente útiles para los países en desarrollo.

Por otro lado, a diferencia de las vacunas occidentales, hasta ahora ninguna de las tres empresas chinas ha publicado información de su fase 3 sobre la eficacia de sus vacunas.

Pruebas en Chile

En Chile, además de Sinovac, que lleva más de cien voluntarios vacunados en el país, CanSino Biologics inició sus pruebas en Santiago hace dos semanas, y comienza sus pruebas este miércoles en el sur, en conjunto con la Universidad de la Frontera (UFRO), buscando enrolar a personas de Talcahuano, Valdivia, Osorno, Temuco y Puerto Montt.

La vacuna, desarrollada por CanSino, el Instituto de Biotecnología de Beijing y la Academia de Ciencias Médicas Militares, es una vacuna de vector viral similar a la de AstraZeneca y Gam-COVID-Vac de Gamaleya, esta última desarrollada en Rusia.

Sergio Muñoz, director del Departamento de Salud Pública de la Universidad de La Frontera y encargado de la alianza entre el laboratorio y la UFRO, cuenta que “los estudios de vacunas han sido coordinados desde el Ministerio de Ciencia, y de ahí se cursaron invitaciones a las universidades que pertenecen al consorcio de vacunas y tratamientos Covid, para colaborar en alguno de los diferentes estudios que se iban a realizar. Dentro de ese esquema, fue que se nos ofreció a nosotros en Temuco poder participar en este estudio”.

“Este miércoles a las 13 horas está citado el primer voluntario en el Hospital Hernán Henríquez Aravena. Serán 1.400 en Temuco, y 5 o 6 mil participantes en todo Chile”, agrega.

Muñoz detalla que el hecho que la vacuna esté siendo probada sólo con gente del sector sur del país, no influye mayormente en los posteriores resultados. “El Ministerio de Ciencias organizó todo para que las distintas vacunas que se están probando en Chile no se toparan; hay cruces pero son mínimos. La única diferencia radica en que el estudio de CanSino en Chile está enfocado a trabajadores del área de la salud, prioritariamente. Eso implica que, si la meta de 1.400 participantes no se alcanza, probablemente tengamos que abrirnos a otras opciones. La razón es muy simple: lo que se pretende es probar la eficacia de la vacuna en gente expuesta al virus, y no sacamos nada con ir a vacunar a un ermitaño a Lonquimay”, bromea.

Consultado sobre si se pondría la vacuna de prueba, dice que no, pero sólo porque por su trabajo no es necesario. “Mi vacuna ha sido trabajar desde mi casa, fuera de Temuco, y no he salido casi nada. Necesitamos personas que estén siempre expuestas al virus”.

En cuanto a los primeros resultados, Muñoz dice que “el seguimiento del estudio es por un año. Está planificado un análisis interino cuando se detecte un mínimo de casos positivos -unos 50-, pero a partir del inicio deberían ser unos seis meses. En el caso particular de las pruebas en Chile, nunca antes de julio de 2021″, asegura.

Vuelta de mano

Aunque como mencionamos, las pruebas en Chile de la vacuna comienzan oficialmente este miércoles, unos pocos seleccionados ya han sido inoculados con el medicamento desarrollado por CanSino. Danissa Klagges, fonoaudióloga y epidemióloga de la Clínica Mayor Red Salud Temuco, fue la primera voluntaria en someterse al medicamento, este 13 de diciembre.

“Trabajo con el doctor Muñoz en algunas investigaciones y fui invitada a participar como voluntaria, porque conoce mi motivación en esta área. Trabajo mucho con niños, y el confinamiento me ha cambiado mucho la forma de trabajar. Hacer terapias en línea no es efectiva y ver que los niños se están atrasando me preocupa, a pesar que hemos intentado otras opciones”, afirma, agregando que hasta ahora no ha sentido ningún efecto secundario, sin descartar que la inyección haya sido parte del grupo de placebo.

“Por eso, cuando supe de las pruebas con CanSino, y al ver que la gente estaba muy temerosa, el doctor me pidió si podía explicar como epidemióloga que no hay ningún peligro. En la UFRO hay un equipo de doctores de gran trayectoria, y experiencia les sobra. El proceso de las vacunas está hace años probada, y así como personas jóvenes en otros tiempos fueron los conejillos de indias para medicamentos que nos han salvado la vida, hoy nos toca a nosotros devolver la mano. Así funciona la ciencia”, asevera Klagges.

Desconfianza

Acerca de la desconfianza, no sólo en las vacunas en general, sino a un prejuicio por productos venidos desde China, la epidemióloga es tajante. “En todos los temas de investigación, no hay que fijarse en la nacionalidad. En ciencia, esto no tiene tanto que ver como el equipo técnico tras un estudio. En este caso, estas investigaciones están realizadas en líneas muy finas del comité de ética”.

“El desconocimiento de la gente se relaciona con el tema de los antivacunas, pero si vemos las estadísticas los grupos que no se vacunan tienen mayor mortalidad infantil y enfermedades porque los medicamentos han salvado vidas. Hoy estamos en una situación de salud contraria; hay más gente viva en pésima calidad de vida que gente muerta. Hay personas más postradas en estado vegetal, que gente que fallece”, añade.

“Si las vacunas son chinas no tiene nada que ver. Sólo es falta de información sobre cómo se desarrollan los estudios. De hecho, mi hermano también será voluntario y todas las personas jóvenes que conozco los estoy invitando a que participen de las pruebas, y a ponerse la camiseta. No hay que tener miedo, porque el miedo paraliza y nos hace correr en círculos”, dice Klagges.

El Dr. Muñoz coincide, señalando que “lo que valida todo esto es la investigación científica, tanto en la producción como la aplicación de la vacuna, todo ello valida a cualquier laboratorio. Si por ejemplo un laboratorio en Cholchol se rige con las normas científicas y estudios de todas las fases iniciales, y fase 3 en humanos de manera legítima, y después esos resultados son publicados en una revista científica, no hay por qué dudar”.

Es la ciencia la que valida, no el laboratorio”, sostiene.