Cuando al sociólogo Carlos Ruiz le preguntan sobre Podemos en España, opta por hablar poco. Cree que la política del partido de izquierda es débil, más ligada al espectáculo, que hay pocas cosas que copiar y que sus debilidades han quedado en evidencia con el episodio de la casa de 600 mil euros que compró su líder, Pablo Iglesias, dirigente que mantiene lazos con sus pares chilenos. Uno de los ideólogos del FA cree que es tiempo de que el bloque deje de eludir debates que, a la larga, debiliten a la coalición y le cuesten caro a toda la izquierda. Una de esas deudas es Venezuela y el gobierno de Nicolás Maduro, el continuador de la revolución bolivariana que comenzó con Hugo Chávez en 1999 y que ha despertado la adhesión de la izquierda chilena. Ese apoyo, en algunos casos, 19 años después, se ha diluido. Ruiz afirma que ya no solo hay que evitar cualquier clausura de ese debate, como pretenden, a su juicio, fuerzas como el PC: es momento de profundizar y definir una posición.

El exembajador Pedro Felipe Ramírez, exministro de Allende, tras cuatro años en Caracas calificó al gobierno de Maduro como una dictadura. Él se declaró chavista, no madurista. ¿Se puede defender hoy desde la izquierda al proceso bolivariano?

Coincido con la idea de que con Maduro las cosas viven cierta involución en términos de construir fuerza social y política con capacidad transformadora. No es posible homologar la experiencia bajo Chávez que bajo Maduro. Ahora, hay que complicar un poco más el análisis: las cosas se empezaron a enredar antes de que muriera Chávez. En la última presidencia de Chávez ya se empieza a ver, debido a la asfixia económica, que la distribución en la cual estaba basado el régimen chavista ya no es tan efectiva, se empieza a extrapolar el componente militar dentro del gobierno, hay una dificultad por mantener unidas a la democracia política y social y, de algún modo, la herencia que se le da a Maduro es tratar de articular una fuerza que se viene descomponiendo. Me parece muy pobre, muy poco edificante, que la izquierda chilena no quiera discutir cómo se erosiona la construcción de un bloque de transformaciones en Venezuela. Y, además, se erosiona la posibilidad de conducirlo por vías democráticas. Lo que vimos, más allá de lo que dice la derecha o el abstencionismo, es la erosión de ese bloque de transformaciones. Si la izquierda no ve el aumento de la oposición de exchavistas a Maduro tapa el sol con un dedo. Desde los años 60 y 70 se generó una masa clientelar, un régimen que no tenía capacidad de integración social. Chávez no construyó la crisis política de Venezuela, pero eso no se revisa, tampoco se revisa la experiencia de Chávez y más encima ahora no se puede revisar la experiencia de Maduro. Ni la izquierda ni la socialdemocracia ni la DC chilena hacen un debate real respecto de los fracasos de la izquierda, de la socialdemocracia y de los democratacristianos en Venezuela.

Resulta paradójico que los líderes del FA (Giorgio Jackson, Gabriel Boric y otros) mantengan silencio sobre uno de los principales temas de la agenda internacional. Bien o mal, hay otras fuerzas de izquierda que sí tomaron una postura.

Eso es lo que me preocupa. Está toda la manipulación mediática de la derecha, de si Venezuela es o no es una democracia; una derecha a la que no les importan los derechos humanos, los defiende cuando quiere. Pero también hay una izquierda que hace una defensa de Venezuela donde no se puede discutir nada, no se puede decir nada. Y no se puede decir nada donde no solo la izquierda chilena, también la izquierda latinoamericana, puede sacar lecciones, un balance de lo positivo y negativo. Lo que hace esa izquierda, y apunto a Daniel Jadue, Alejandro Navarro e incluso el PRO y Marco Enríquez-Ominami, que partieron corriendo para allá, es que se cierra la discusión. Y la verdad, no tengo por qué acatarlo. Se comportan como iglesias de izquierda, y así la izquierda no va a llegar a ninguna parte. Tenemos poca capacidad de anclarnos en el siglo XXI si seguimos con ese tipo de prácticas que en el siglo XX nos costaron muy caras.

Pero en el FA hay una omisión que es premeditada. ¿Cómo se resuelve eso? ¿Falta mayor densidad ideológica?

No creo que sea una debilidad por falta de opiniones, lo que el FA tiene que definir es una capacidad de resolver y confrontar sus diferencias, porque sale cada uno y dice lo que quiere. Tengo la impresión de que en cosas internacionales -y también nacionales- en el FA hay muchos temas tabúes, como, por ejemplo, hablar de la Concertación.

¿El FA debe tener ya un mecanismo único para procesar las diferencias?

Si el FA logra eso, como fuerza política y no como personajes, le haríamos un gran aporte a la izquierda latinoamericana, porque este es un debate que obliga a ponerse 100% sí o 100% no y siempre tenemos la misma explicación para las cuestiones de fondo. ¿Y sabes qué? Ya llevamos mucho tiempo en esto, la izquierda latinoamericana ha vivido fracasos cíclicos en un siglo y tiene que revisar esos fracasos.

En Venezuela lo peor es la crisis humanitaria: falta de alimentos, de atención de salud, de remedios, de cuestiones básicas en lo cotidiano...

Es algo sumamente complejo. Primero, la derecha cuando aborda el problema de la escasez no se hace cargo del sabotaje. Le pregunto a la derecha si la defensa de los derechos humanos se ampara en sabotajes para perjudicar a un régimen y luego salir a decir que no hay remedios. Se va construyendo un sistema en que todo el mundo juega a dinamitar las condiciones y, en ese sentido, el repliegue defensivo de Maduro es autoritario. Si vamos a comparar eso con la democracia chilena son 20 puntos aparte, tendría que ver el Palacio de Miraflores bombardeado. Pero vamos al tema de fondo, no se ve una mayoría política en Venezuela que conduzca a una estabilidad política y a transformaciones sustantivas. Maduro heredó una situación agónica, con una clientela más o menos estable desde el Pacto de Puntofijo a partir de la renta petrolera. ¿Qué viene ahora? ¿Un nuevo régimen que va a equilibrar las cosas de nuevo a través de la renta petrolera? ¿O en Venezuela ya hemos visto que esta película fracasa cuatro, cinco o seis veces? ¿O lo único que resulta en Venezuela es una dictadura tipo Pérez Jiménez? ¿De qué estamos hablando?

La izquierda más clásica, como el PC, asumió una postura de defensa del régimen de Maduro. ¿No es una buena manera de diferenciación con esa izquierda manifestar rechazo a ese gobierno? Usted mismo ha aludido a la existencia de una izquierda del siglo XX que está muy agotada. ¿No es expresión de una nueva izquierda del siglo XXI la condena a Venezuela?

Me gustaría discutir con Jadue, la tradición comunista tiene que incorporarse a un pensamiento de la izquierda del siglo XXI. Lo que no les voy a aceptar es que me traigan las catedrales tal cual las traen desde el siglo XX. Eso es naftalina, es no hacerse cargo de las derrotas que han existido y que hemos pagado carísimo. Hay derrotas y hay fracasos, que no es lo mismo. Jadue: discutamos, por el bien de la izquierda, fraternalmente, pero forcemos un poco más el entrecejo y vamos un poco más hondo en esta discusión, más allá de decirle al diputado Macaya esto sí o no es democracia, es más complejo. El FA tiene aquí una posibilidad histórica y espero que RD, que los autónomos, que los liberales, contribuyan a una apropiación de la historia inmediata más compleja, elaborada, menos simplista.

Venezuela ¿es una democracia o una dictadura?

Es que por eso te digo. Así como el clivaje izquierda-derecha explica poco. Imagínate que en algunas cosas en Chile el Partido Liberal está más a la izquierda que el PC, eso es lo que pasa cuando se genera un fenómeno histórico del populismo, cuesta meterse en el eje izquierda y derecha. No estoy descubriendo nada nuevo, porque el gran problema es que los ciclos de democratización política no suelen coincidir con los ciclos de democratización social que van de la mano de un distributismo clientelar, estatal, en manos controladoras de burocracias en muchos casos autoritarias. Logran disminuir la pobreza, hay cierta igualdad social. En cambio, a veces, cuando hay democracia formal, como en Chile, el coeficiente Gini no deja de empeorar.

Pero no me respondió...

Es que es muy difícil hablar en ese clivaje. No me quiero poner a hablar en sociologués, pero es un poco lo que le pasaba a Gino Germani cuando se preguntaba qué era el peronismo en los 50, dictadura o democracia, y construye la diferenciación entre democratización social y democratización política. Democratización política no, pero democratización social sí.

No sorprende la reacción del PC, tan a ultranza con el proceso bolivariano.

En ese sentido no, el PC ha hecho esto miles de veces, recuerda con el estalinismo. Creo que el ADN comunista está muy acostumbrado a esta cuestión y Jadue y otros son una esperanza respecto de lo que pasa allí dentro. Lo conminaría a una discusión mayor, entiendo que lo agreden, pero creo que él o Camila Vallejo son gente en que uno tiene esperanza.

¿Cuál es, a su juicio, el estado actual de la izquierda latinoamericana?

En este momento hay un escenario complejo. Es momento para reaccionar, discutir y hacernos cargo de los problemas que hay, no con esa idea de eludir. Viene un ciclo muy complejo, que viene de los porrazos del ciclo progresista, del 2000 al 2010, y un poco más adelante, se perdió una gran oportunidad de profundizar la democracia política, y optaron por la salida fácil: el distributismo clientelar. Eso pasó en Brasil. No justifico lo que pasa con Lula, que es una canallada gigantesca, ¿pero por decir una cosa no se va a poder decir la otra? No. Se perdió una oportunidad de ampliar la democratización política en Brasil, en Venezuela, para qué decir en Argentina, donde las fuerzas populares son sumamente instrumentalizadas. Todavía no incorporamos la idea de relacionarnos como organizaciones políticas con organizaciones civiles fuertes, que construyamos una práctica de derechos individuales, de autonomías, de toda una serie de problemas que el liberalismo nos quita, y lo hace porque nosotros lo dejamos. Claro, en Brasil sacamos un millón de personas de la pobreza, ¿profundizamos la democratización social? Sí ¿Profundizamos la democratización política? No. R