María Fernanda Valdés: "Antes hacía todo por los demás, ahora lo hago por mí"

Valdés

Campeona del mundo y con diplomas olímpicos en casa, la levantadora nacional cuenta cómo se ve ella misma, el flagelo del dopaje en la halterofilia y los pasos de aquí a Japón y Santiago, ahora que recibió la beca del COI.



María Fernanda Valdés (26) fue séptima en los Juegos Olímpicos de Río y campeona un año después en el Mundial de Anaheim. Son resultados que la hacen soñar con Tokio 2020. No con ir, sino con destacar. Son los resultados también que resonaron en el Comité Olímpico Internacional y el COCh para hacerla merecedora, con vistas también a Santiago 2023, de la beca Tokio 2020. "Es un orgullo para los deportistas que la obtienen, una ayuda, un incentivo directo al deporte. Creo que es importante que en vez de tomar a los deportistas de siempre, se tome a otros nuevos, porque estas son puras caras nuevas", dice.

¿Cómo ve este apoyo una deportista con proyecciones olímpicas?

Me siento tranquila, porque no me importa la proyección que tengan los demás de mí. Uno tiene que ser claro que en este trabajo uno tiene que ser bien crítico y guiarse por la planificación que uno tiene día a día y no por la planificación que te den los de afuera. Ellos no están todos los días contigo.

¿Cuáles son los lineamientos de esa planificación?

Optar a una medalla en los Juegos Olímpicos. Pero para eso hay que trabajar más de lo que hemos trabajado y hay que seguir.

¿Con qué apoyos cuenta?

Con la beca Proddar, esta beca de Tokio, económicamente nada más. De sponsor tengo a Adidas, que me da equipamiento y ropa.

¿Es de salir a tocar puertas para buscar auspicios?

No. Siempre he dicho que para tener auspiciadores hay que tener muchos seguidores. Y yo no tengo tiempo para las redes sociales. Dedico el mayor tiempo al deporte. Al entrenamiento más que a andar subiendo fotos, preocuparme de hacer los videos. Me da lata eso.

Pero podría asesorarse, porque podría ser rentable.

Es que uno pierde el foco. Con esas cosas, uno se desvía de lo que está haciendo.

¿Ve el deporte como algo suyo únicamente, más que como algo en que participen los seguidores?

No soy cerrada a que no puedan ver o que puedan disfrutar del deporte, pero aún así lo que yo hago lo hago por mí. El primer seguidor que uno tiene es uno mismo y después viene la familia.

¿Qué siente cuando ve banderas chilenas en torneos tal vez muy lejos del país?

Eso es súper emocionante. Es gratificante sentir el apoyo de la gente, pero nosotros tenemos que estar claros que a veces se gana y a veces se pierde y el chileno a veces no lo entiende. Yo antes hacía todo por el resto, porque el resto me decía que podía, decía que yo era capaz, pero me dí cuenta de que al final no es eso. Es uno quien tiene que decir soy capaz, quiero, puedo. Y ahí es cuando lo hace.

¿Cómo se enfrenta un período olímpico tan largo... cuatro años, con un objetivo tan lejano?

No, el objetivo nunca está lejos, porque son cuatro años en los que uno tiene que trabajar. Y si uno se queda dormido en los laureles, ahí quedó. Creo que no es fácil, pero uno tiene que tomar el desafío como algo entretenido, no como con lata o triste o pensando que puede pasar una cosa u otra. En cualquier parte en la vida puede pasar cualquier cosa.

¿El factor Arley, la visualización de las pesas, fue positivo?

Evidentemente lo es. Estoy clara que ver a un hombre levantar 180 o 215 kilos es más llamativo que ver a una mujer levantar 140. Por la cantidad de peso, no porque sea hombre o mujer. Si sale una mujer levantando eso, sería la misma historia. Pero creo súper gratificante que el deporte se haya hecho conocer independientemente de quién sea.

¿Cómo es el proceso de clasificación..?

Ahora es individual, antes era por países. Y hay que sumar en un ranking mundial. Nos estamos preparando para el Panamericano de mayo, en República Dominicana, y, bueno, los Odesur.

¿Qué marcas quiere hacer en esas competencias?

El Panamericano, hay que ganarlo, como sea. De marca... tengo una, pero no me gusta decirla antes, porque uno se quema la boca antes de tiempo. Las cosas tienen que venir por sí solas y solo Dios sabe lo que va a pasar.

Pero tiene esos objetivos en números.

Lo tengo.

Y para Tokio, ¿lo tiene?

Todavía no hay que prepararse para eso, aún faltan los Juegos Panamericanos... Este es un trabajo progresivo, paso a paso. No hay que correr si aún no se camina.

Cambió de categoría de peso y fue campeona del mundo. ¿El cambio fue positivo?

Fue positivo por varias cosas. Gané mucho, gané actitud, una sabiduría, una fuerza mental diferente, más de creer en mí misma, de salir adelante de la adversidad. A mitad de año se van definir las categorías olímpicas. Dependiendo de eso, elegiré. Si la de 90 kilos está, porque antes no estaba en el programa, nos quedamos ahí; si no, hay que bajar a la de 75.

Ese ranking parte el próximo año, pero le preguntaba porque la Federación Internacional decidió entregar cupos país de acuerdo a su historial de dopaje.

Me parece lo mejor. Muchos incumplieron la ley y por mucho tiempo. Entonces es injusto para los otros países. A nosotros nos siguen todos los días, donde nos ven, cada cierto tiempo nos hacen controles. Creo que el juego limpio es más fácil.

¿Esa persecución la ve de manera positiva o negativa? ¿Cómo toma esa desconfianza?

No tengo ningún problema. Incluso está bien. Demuestra que nosotros no estamos trabajando suciamente, sino que con juego limpio. Uno siempre tiene el temor, porque cualquier producto que uno consuma puede tener algo que no está rotulado. Pero de que yo esté consumiendo algo prohibido, no. No tengo ningún problema en ser controlada.

¿Cómo se cuida y con quiénes comparte o le ayudan en ese cuidado?

Trabajamos con los médicos. Uno les pregunta, se evalúa, nunca consumimos un producto que no hayamos consumido antes, que no esté testeado. Esos son los cuidados, pero hay cosas... por ejemplo en las carnes, que le inyectan cosas que uno no sabe. Ha pasado en otros países. Gracias a Dios aquí no ha pasado.

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