Sebastián Soto: “El plebiscito de salida es demasiado importante como para transformarlo en una réplica de la segunda vuelta”

26 Noviembre 2020 Entrevista a Sebastian Soto. Foto : Andres Perez

El académico de la Universidad Católica, integrante de la mesa técnica que realizó la reforma a la actual Carta Magna para habilitar el proceso constituyente y consejero del Consejo de Defensa del Estado (CDE), da su visión sobre cómo la elección presidencial y la composición del nuevo Congreso permeará la discusión de la Convención Constitucional. Además, afirma que "la paradoja es que a la nueva Constitución le conviene más que salga José Antonio Kast".




Sebastián Soto Velasco ha seguido de cerca el proceso constituyente. Y eso podría parecer una obviedad por su condición de abogado constitucionalista o académico de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. Sin embargo, hay más razones. Soto fue parte de la mesa técnica que realizó la reforma a la actual Carta Magna para habilitar el proceso constituyente y, antes de eso, fue uno de los principales orejeros del gobierno de Sebastián Piñera cuando, pocas semanas después del 18 de octubre, sugirió que iniciar el camino hacia una nueva Constitución podía ser una buena salida institucional a la crisis.

Aquí, da su visión del escenario político actual y cómo se relaciona con el trabajo de la Convención Constitucional. Además, el consejero del Consejo de Defensa del Estado (CDE) sincera que votará por José Antonio Kast y explica por qué cree que su llegada a La Moneda puede favorecer una aprobación del nuevo texto constitucional en el plebiscito de salida que se realizará a mediados del próximo año.

¿Cómo cree que afectará al proceso constituyente tanto el resultado de la primera vuelta presidencial como la composición del nuevo Congreso?

Es imprescindible que la Convención intente desacoplarse de la elección presidencial para así evitar que el plebiscito de salida replique lo que creo puede ser un estrecho resultado de la segunda vuelta. Y a mí me parece que la única forma de lograrlo es cambiando de tono y de actitud. En alguna medida ya hemos visto un cambio de tono. Creo ahora es necesario también un cambio de actitud y ese cambio es intentar que la Convención deje de ser el reflejo del octubrismo, tampoco sea el reflejo de la elección reciente, porque muestra una gran fragmentación, sino que intente ser el reflejo de un país que construye ciertos acuerdos sobre su Constitución y el resto se lo deja a la política regular.

Lo ve como un buen resultado para el proceso entonces…

Sí, es un buen resultado para la nueva Constitución porque hizo entender que en democracias competitivas los vencedores de ayer pueden ser los vencidos de hoy y viceversa. Y eso, casi de forma tan fuerte como la regla de los 2/3, obliga o incentiva a escribir una Constitución que convoca a todos o a una gran mayoría.

¿Y cómo espere que se modere la Convención?

Un hito para apreciar si la Convención ha tomado conciencia de este cambio es en la elección del nuevo presidente o presidenta y vicepresidente, es decir, la elección de una nueva mesa a fines de diciembre o principios de enero. Ese día vamos a darnos cuenta con mucha más claridad si la Convención tomó conciencia de este nuevo desafío que tiene por delante porque en esto yo creo que la Convención requiere un liderazgo que sea un político y no identitario, que sea un negociador y no un activista. Y si lo pudiera decir un poco brutalmente, yo diría que se necesita más pragmatismo, se necesita más cocina y menos púlpito. Sé que decir eso puede sonar un poco políticamente incorrecto, pero no decirlo es seguir agregando ingenuidad a todo el proceso.

¿Y cómo se imagina esa cocina?

Me refiero a esta idea de atrincherarse las identidades en los simbolismos, en la agenda propia que supuestamente te lleva a la Convención. Entonces al menos hay tres ideas que destacar en este nuevo ciclo, en el ciclo de los constructores y ya no de los arquitectos. Una es que el líder que asuma sea un líder político, con capacidad y musculatura para negociar. Dos, también mirar el cronograma que diseñó originalmente la Convención y mirarlo con estos nuevos ojos. Estos nuevos ojos no solo nos deben llevar a reducir semanas territoriales, sino que a intensificar pronto el trabajo que se escriba, que se inicien las negociaciones y escribir los textos, sino que también a una cuestión muy precisa: adelantar el funcionamiento de la comisión de armonización. La comisión de armonización es una comisión que está pensada en el reglamento vigente al final del proceso y solo para cuestiones muy específicas de técnica constitucional y de coherencia.

¿Espera que en la nueva directiva exista una mayor presencia de constituyentes de derecha?

Sería una excelente decisión para promover un plebiscito de salida donde no solo esté este riesgo del rechazo sino que también sea un plebiscito de salida que no termine empatado o con un resultado muy estrecho. Me parece que un plebiscito que sea 50-50, o 60-40, es un fracaso para el proceso. Todo lo que pueda hacerse, entre otras cosas, la incorporación en cargos relevantes de convencionales de centroderecha, para que el plebiscito de salida sea un momento de unidad, donde la ciudadanía apoye masivamente el amplio acuerdo de la Convención, creo que es una buena medida.

¿Qué tan duro es para la legitimidad de la nueva Constitución que ese resultado sea estrecho?

El plebiscito de salida es un punto demasiado importante como para transformarlo en una medición de fuerzas políticas o en una réplica de la segunda vuelta.

¿Por qué?

Porque un plebiscito 50-50 o 60-40 dificulta la consolidación de la nueva Constitución, institucionaliza la división y, a mi juicio, inevitablemente va a llevar a que afloren las críticas al proceso y al contenido de la nueva Constitución. En alguna medida un plebiscito con ese resultado deja abierta la discusión constitucional por un tiempo que no sabemos.

“A la nueva Constitución le conviene más que salga electo Kast”

¿Por quién votará en segunda vuelta?

Voy a votar por José Antonio Kast, porque en su posible coalición de gobierno integrará a partidos de centroderecha con los que yo me identifico.

Kast ha sido muy crítico con la Convención mientras que Gabriel Boric ha dicho que espera contribuir a la implementación de una posible nueva Carta Magna. ¿Cree que es relevante para el proceso quien salga electo para el futuro del proceso constituyente?

La paradoja es que a la nueva Constitución le conviene más que salga electo José Antonio Kast.

¿Por qué?

Porque como Presidente le conviene cerrar el tema constitucional con un plebiscito de salida masivo y unificador. En cambio, un Kast como candidato derrotado tiene menos costos si llama a votar en contra de la nueva Constitución y eso puede generar una división o un resultado muy estrecho del plebiscito de salida.

¿Por qué cree que Kast, si es Presidente, no va a hacer campaña desde La Moneda para que se rechace la nueva Constitución?

Kast, como presidente electo, va a tener todos los incentivos a cerrar la discusión constitucional con un plebiscito, como digo, masivo y unificador, que apruebe una nueva Constitución, cuyo contenido ojalá sea lo más representativo de todos los chilenos. Por lo tanto, si el contenido de la nueva Constitución es un contenido razonable, la probabilidad de que Kast como el Presidente electo llame a votar apruebo y de esa forma se consolide un apoyo masivo, es alta.

Kast estuvo en contra del acuerdo del 15 de noviembre mientras que Boric lo firmó a contrapelo de su propio partido. ¿Cree que será difícil la implementación de la nueva Constitución en un eventual gobierno de Kast?

El gran desafío de Gabriel Boric como presidente electo va a ser lograr que las personas que votaron por Kast se sumen a un plebiscito que aprueba la nueva Constitución. Y la única forma de lograr eso es compartiendo el lápiz y la goma con la centroderecha. El post Constitución en general, no solo en Chile, sino que en sus experiencias históricas, son procesos paulatinos. La forma en que las leyes acogen los mandatos de la nueva Constitución es un proceso largo que no involucra a un solo gobierno, a un solo Congreso, sino que involucra a muchos gobiernos y muchas decisiones políticas en el tiempo.

Los partidarios de Kast en la Convención han sido catalogados como constituyentes atrincherados y algunos han deslizado un rechazo en el plebiscito de salida. ¿Cómo se condice su visión con eso?

La Convención debe compartir el lápiz y la goma incluso con los partidarios de José Antonio Kast. Lápiz para escribir las cláusulas más sentidas de todos los sectores y goma para impedir que se escriban otras que despiertan los miedos o son excesivamente disruptivas. En la centroderecha tenemos que comprender que vivimos en el ocaso de la Constitución actual incluso si se rechaza la nueva Constitución en el plebiscito de salida. El rechazo no tendrá la virtud de reforzar la Constitución actual, sino que solo mantiene el debate. Si es que triunfa el rechazo, no sería improbable que el nuevo Congreso tenga que hacer una reforma profunda y plebiscitarla nuevamente. Por eso debiéramos intentar hacer los máximos esfuerzos en estos ocho meses por cerrar un texto constitucional aceptable para todas las facciones. Y eso pasa, creo, por preferir menos contenidos que más contenidos.

Usted de alguna forma aconsejó al gobierno para que decidiera abrirse y proponer el acuerdo constitucional. Luego votó por el apruebo. ¿Se arrepiente de esas decisiones o las mantiene?

Lo primero es que yo fui uno de muchos que participaron y el Presidente escucha a muchas personas. Lo segundo es que esta es una noticia en desarrollo que tenemos que observar y juzgar con la perspectiva del tiempo. Y esa perspectiva no es ni siquiera cuando se apruebe eventualmente la nueva Constitución, sino que mucho tiempo después, porque las crisis como la que vivimos requieren ser resueltas o requieren ser enfrentadas y con medidas ojalá institucionales que permitan volver a encauzar la regularidad de la política. Eso es lo que se intentó hacer y eso es lo que intenta hacer la discusión constitucional. Obviamente, esta no va a ser la solución a todos nuestros problemas, pero sí puede ser una de las soluciones a uno de los problemas, que es el problema de la política, que es el problema de cierta desconexión de la política con la ciudadanía. Sigo creyendo que este era el camino institucional que se imponía al camino revolucionario que buscaron algunos.

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