Cómo hacer y dónde comprar un verdadero cola de mono

Ilustración: César Mejías.

Solito al aperitivo, de postre o con un trozo de pan de pascua a la hora de once. En diciembre, cualquier momento es bueno para probar esta clásica bebida nacional. Solo hay que encontrar la versión que más nos guste.



La verdad es que cola de mono —producido tanto de manera industrial y artesanal— hay muchos. Sin embargo, los primeros suelen no estar a la altura de las circunstancias, mientras que los segundos han ido poniéndose demasiado creativos durante los últimos años, por lo que debemos soportar variantes como el uso de leche descremada, endulzante en vez de azúcar, versiones sin alcohol (sí, leyeron bien) y hasta alternativas veganas. Para mí, el cola de mono es casi una artesanía y por esta razón es que se hace con una base de ingredientes prácticamente irrenunciables. Y sí: es potente, mareador y calórico. Pero así son las cosas y así se toma. Obviamente, siempre muy frío.

En casa

Por todo lo mencionado, para mí lo mejor es preparar el cola de mono que beberemos durante estas últimas semanas del año en la comodidad de nuestros hogares. Primero, porque así nos aseguramos que tenga la calidad, sabor y potencia deseada, pero también porque, para los que gustan de este brebaje, es una linda tradición tener la oportunidad de hacerlo en casa.

Incluso más: como se trata de una receta bastante simple y con pocos ingredientes, se puede hacer participar a todos los miembros de la familia, niños incluidos. La receta que se muestra a continuación es a gusto personal, por lo que se recomienda ir haciéndolo de a pocas botellas: así se ahorra espacio en el refrigerador y no hay riesgo de que se estropee. De esta forma, además, vamos viendo si se le sube o baja la cantidad de azúcar, café o especias. ¡Leche y agua ardiente no se tocan!

Cola de mono casero

—3 litros de leche entera

—1 botella de agua ardiente

—4 cafés expresso bien cargados

—½ kilo de azúcar

—Canela, clavos de olor y nuez moscada

En una olla grande, calentar la leche hasta que apenas comience a hervir, cuidando de que no se suba. En ese momento, bajar el fuego al mínimo y agregar los cuatro cafés más el azúcar y una ramita de canela. También un par de clavos de olor y espolvorear por encima con un poco de nuez moscada recién rallada. Con un batidor manual, de esos de alambre, revolver el tiempo que sea necesario para que se disuelva el azúcar e incorporen bien las especias. Finalmente, apagar el fuego y dejar que todo se enfríe a temperatura ambiente. Una vez que esto suceda, agregar el agua ardiente, revolver bien, y embotellar el cola de mono usando un embudo y un colador de té para que así no se nos cuele nada. Tapar bien las botellas y llevar al refrigerador por unas doce horas. Luego, tratar de beberlas dentro de los siguientes tres o cuatro días.

Un clásico

Si hay un lugar donde se toma cola de mono no solo en diciembre es en el tradicional bar Ciro’s, de calle Bandera, en Santiago Centro. En ese local, la cremosa bebida siempre está dando vueltas en unas antiguas máquinas, que originalmente se usaban para jugos concentrados y que ahora, más bien hace décadas, mantienen el cola de mono siempre bien helado y libre de cualquier turbiedad.

Se trata de una versión bien potente y bastante delgada de este tradicional brebaje, por lo que pasa fácil por la garganta de sus parroquianos, quienes todo el año —y más en estas semanas— pueden pedirlo para llevar a casa ($4.900 la botella y tres por $11.990). Además, para los que no anden por el centro, también pueden comprarlo en Emporio Café Cocina, ubicado en Echeñique 4636, Ñuñoa.

La buena mano

Claudio Úbeda es un cocinero con gran experiencia en el rubro hotelero, tanto en el sur de Chile como en Santiago, además de ser vicepresidente de la asociación de cocineros Les Toques Blanches. Úbeda, como tantos otros este 2020, tuvo que reinventarse en su trabajo a raíz de la pandemia. Por lo mismo, ahora está abocado a la fabricación de diversas preparaciones dulces y saladas, como empanadas, panes, queques, croissants y más, a través de su emprendimiento Dulce y Fermento. Y como para las fiestas también hacen pan de pascua, aprovecharon el envión y están ofreciendo botellas de muy buen cola de mono ($5.900 la unidad, más despacho). Bien clásico, levemente anisado y muy suave. Imperdible.

El más esperado

Desde principios de la década del ochenta, el Centro Tecnológico de la Leche (CTL) de la Universidad Austral de Valdivia produce su afamado cola de mono, sólo durante las últimas semanas de cada año. Pero ojo, no se trata de una preparación cualquiera, sino que de una elaborada con leche de vacas de la zona, pasteurizada en el CTL y que se envasa en bolsa en vez de botella, a la usanza de las antiguas leches nacionales. Son tan solo 30 mil a 40 mil litros que se producen cada diciembre, los que se comercializan en un 95% en la ciudad de Valdivia. Conseguirlo desde otros puntos del país es prácticamente imposible. Además, a diferencia de otros cola de mono industriales, el CTL —como le dicen en Los Ríos— requiere mantener la cadena de frío en todo momento. Así las cosas, no está fácil hacerse de una de estas bolsas en el resto de Chile, pero si se tiene algún contacto en Valdivia, vale la pena hacer el esfuerzo. Dulce como ninguno y con una cremosidad muy especial, es casi un postre líquido, aunque claro, algo engañoso, como todos. El precio de referencia es $3.990 el litro y en su página de Facebook hay información respecto a los puntos de venta.

Sólo para valientes

Hace dos décadas, desde que compró a sus dueños originales la fuente de soda Torremolinos, justo a la entrada de la calle Lastarria, que cada diciembre Roberto Opazo prepara personalmente las botellas de cola de mono ($5.200 el litro y $8.000 1,5 litros) que vende en su local. Las hace sobre todo para los parroquianos y conocedores de su famosa pócima, que se acercan hasta este céntrico local para llevarse una que otra botella a casa. Hablamos de un cola de mono poderoso, sólo para valientes. Cabezón, como debe ser; suave en aroma pero bien dulce. Para gente que sabe y que no duda en pasar años tras año a este sobreviviente del barrio Lastarria. Se puede consultar la disponibilidad al teléfono 226383464.

Mención honrosa

La gran mayoría de los cola de mono que podemos conseguir en supermercados y botillerías, es decir industriales, dejan mucho que desear. Primero, porque les falta un poco más de nivel alcohólico y porque se siente demasiado protagonismo del dulce y casi nada de las especias. Eso hace sospechar lo evidente: son casi puro azúcar. Además, hay algunos que incluso reemplazan el aguardiente por pisco. Y claro, la cosa cambia, pero para mal.

Afortunadamente, encontramos una honrosa excepción en el de la marca Quillayes: servido bien frío, cumple. Aunque nos deja en evidencia que lo mejor, como dijimos el inicio de esta nota, es prepararlo en casa. Donde mis ojos te vean.

Cola de mono Quillayes 650 ml


*Los precios de los productos de este artículo están actualizados al 24 de diciembre de 2020. Los valores y disponibilidad pueden cambiar.

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