Consejos para evitar la hiperpaternidad

Ilustración: César Mejías

Hijos e hijas sobreestimulados y vigilados, con agendas copadas, sin tiempo libre ni espacio para equivocarse. Aquí la periodista y escritora española Eva Millet, especializada en crianza, da sus recomendaciones para no convertirse en hiperpadres, papás y mamás que pretenden criar seres perfectos en lugar de personas.




Desde Barcelona, donde el confinamiento por el coronavirus comienza a abrirse junto a la primavera, contesta el teléfono Eva Millet. “La verdad es que ha sido una prueba de fuego”, dice esta periodista española, especializada en crianza, autora de libros como Hiperniños y Niños, adolescentes y ansiedad.

Su foco profesional —que hasta hace unos meses la tenía dando conferencias y entrevistas por Europa— siempre ha estado puesto en esta creciente tendencia de los padres occidentales a la sobreprotección de sus hijos, manifestada principalmente en una estimulación excesiva —con muchas actividades y poco tiempo libre— y un control muy férreo de sus vidas, sin dejarles espacio para el error y la autonomía. Es lo que ella ha denominado “hiperpaternidad” —así se titula también uno de sus libros—, de la que aquí reflexiona en medio de este encierro con niños aburridos y papás ansiosos.

¿Cómo has vivido, en tu rol de madre, el confinamiento, la cuarentena y el coronavirus?

Ha sido una montaña rusa emocional. Tengo dos hijos adolescentes, y ellos no te necesitan tanto. O sea, sí te necesitan, pero no quieren estar contigo. Nos hemos respetado los espacios, hemos procurado hacer una comida en familia al día, y dentro del caos encontramos una cierta... no te diría armonía, pero nos hemos acostumbrado.

¿Y qué has observado entre los demás padres? ¿Ha sido la cuarentena un caldo de cultivo para la hiperpaternidad?

A nivel profesional, lo que veo es que esta hiperpaternidad de la que yo hablo desde hace tiempo comenzaba a demostrarse también en el confinamiento, con toda esta hiperactividad: a ver quién hace más actividades, quién cocina más pasteles, quién hace más juegos de mesa, quién organiza mejor el horario. La hiperpaternidad conlleva mucha hiperactividad y mucha competitividad entre familias. Escribí un artículo diciendo 'bueno, esto es una prueba de fuego para la familia, pero por favor no la convirtamos en una competición. No hace falta sacar un diploma de honor’. Es que solo nos faltaba el estrés de competir por ser la mejor familia confinada.

¿Qué rol crees que juegan las redes sociales en esta competitividad? Si no existieran, ¿veríamos menos ansiedad en los padres?

Absolutamente. Las redes sociales son el escaparate para mostrar esos hijos perfectos y esas familias perfectas. Lo que es muy curioso de la hiperpaternidad es que el hijo se convierte en un signo de estatus, es casi un producto a modelar en el que hay que invertir mucho dinero, mucho tiempo, muchos esfuerzos y mucha energía. La hiperpaternidad es un estilo de crianza típico de clases medias y altas, y es un reflejo de tus logros, logros que se muestran en las redes. Yo he visto padres que cuelgan notas de los hijos en su Facebook. Es un exhibicionismo.

Y al padre que observa esas vidas ajenas planificadas y perfectas por su celular, le aparece la culpa por estar desperdiciando las posibilidades de sus hijos.

Juega con esa inseguridad que tenemos todos los padres y madres. Hay mucha inseguridad y el problema es que ahora existe una oferta brutal en el mercado para hacer de tu hijo lo que tú quieras, llena de cursillos, talleres y “experiencias”. Como la infancia hoy no es lo suficientemente mágica, hemos de comprarles experiencias que les den esa magia. Aquí en Barcelona hay una empresa que alquila limusinas rosas para celebrar los cumpleaños de las niñas. Es realmente una exageración. La fiesta de cumpleaños en el parque está completamente pasada de moda. Todo esto es una rueda que se alimenta de la inseguridad natural de los padres.

La periodista y escritora española Eva Millet, especializada en paternidad y crianza. Foto: T&O Walker.

¿Cuáles serían buenos consejos o recomendaciones para estos padres que hoy, en el encierro, quieren evitar convertirse en —o dejar de ser— unos hiperpadres?

La regla número uno es no creerse nada de lo que cuelgan en las redes sociales. Tener un cierto pensamiento crítico. Yo, al menos, no me creo nada. Esto lo he aprendido de las revistas del corazón, cuando salían en portada una pareja de famosos con el título "Más enamorados que nunca", y al cabo de un mes estaban divorciados. Cuando tienes tantas ganas de presumir, yo creo que algo falla. Y también entender que cada familia es un mundo y que nosotros lo vamos a hacer lo mejor que podamos. A partir de esa premisa, lo vamos a hacer bien. Buscar la perfección, ser los mejores padres, tener la mejor familia confinada, es una receta perfecta para la ansiedad. No te creas, no te compares, haz lo que buenamente puedas, y no busques la perfección, porque entonces sí que lo vas a pasar mal.

¿Qué hay de los niños y su aburrimiento? Ya era un gran tema, previo al confinamiento, el qué hacer con el tiempo libre de los hijos. Tú misma describes que las agendas de los niños parecen las de un ministro, siempre llena de actividades.

La del siglo XXI es una sociedad adicta a la hiperactividad, está clarísimo. No tener tiempo en el primer mundo es un signo de estatus y quedas muy bien si tienes todo el día ocupado. Y esa hiperactividad, esta adicción, se la estamos pasando a los niños y a las niñas. Con ello estamos haciendo dos cosas: les arrebatamos el tiempo libre para jugar, generando un déficit de juego importantísimo, comprobado en infinidad de estudios; y tampoco los dejamos aburrirse. El aburrimiento está hoy muy denostado. ¿Qué ha pasado estas semanas? Que tenemos muchas horas por delante y los niños, como tienen tiempo, están jugando mucho. Y aparte de estar encantados, les están demostrando a sus padres que no hacía falta tanta actividad ni tanto ir y venir. Eso es una lección que deberíamos incorporar cuando acabe todo esto.

¿Qué le aconsejarías a un padre que está ansioso porque su hijo se aburre pronto y no sabe cómo hacer para que se entretenga en el encierro?

¡Que tú no eres el animador lúdico-cultural de tus hijos! Yo nunca jugué con mis padres. No está mal jugar con ellos, ni organizarles algunas actividades, pero por sistema no, porque el juego autónomo es súper importante. Aprender a jugar es importantísimo porque el juego, como decía Francisco Mora Teruel, un neurocientífico maravilloso, es el aprendizaje disfrazado. Es la forma que tenemos de niños de aprender cómo es el mundo. Hay que fomentar esos espacios. Si el niño dice que se aburre, bueno, que busque algo. Muchas veces, del aburrimiento surge la tolerancia a la frustración. Estoy aburrido, entonces me pongo a hacer otra cosa: a dibujar, a hacer un lego, a jugar a los autos, a hacer un pastel, a escribir, a pintar, yo qué sé. Es un estado que precede a la creatividad. Los padres hoy quieren que sus hijos sean muy creativos, ¡pero es que no les están dando el tiempo para que lo sean! Que no se agobien, no es tu trabajo entretener a tu hijo todo el tiempo. No digo que no juegues con ellos si estáis en casa o que organicen cosas, ¡pero todo el rato no!

Hiperpaternidad: del modelo «mueble» al modelo «altar». Consecuencias de la paternidad helicóptero (Editorial Plataforma Actual, 2016).

La autonomía de los niños, como has señalado en tu trabajo, está cada vez menos trabajada. ¿Qué oportunidades nos puede entregar el confinamiento para promoverla?

Puede ser otra oportunidad para recuperar esa autonomía que la hiperpaternidad arrebata. El hiperpadre y la hipermadre tienen un miedo casi atávico a que el hijo se equivoque, que haga algo mal, que se traume y que se frustre, entonces incluso se anticipan y resuelven todos los problemas de sus hijos antes de que ocurran. No sé si pasa en Chile, pero aquí son cada vez más los padres que van a protestar a los profesores, que intervienen en discusiones de amigos. ¿Qué pasa con la cuarentena? Que muchos padres ven que sus hijos son capaces de hacer los deberes solos, de hacerse la cama, de ayudar en el hogar y de quedarse en casa, de hacerse responsables. Un psicólogo muy importante de aquí, Javier Urra, me decía: en una sociedad muy sobreprotectora ahora les estamos pidiendo responsabilidad a los hijos. Quédate en casa, ayuda, compórtate, haz los deberes. Es un cambio muy interesante que espero que se quede.

Los niños están demostrando más capacidad de hacerse cargo de sí mismos que la que los padres creían que tenían.

Ojalá eso se quede, porque nos permitirá ejercer una crianza más relajada. La crianza se estaba convirtiendo en una especie de carrera de obstáculos para ver quién tiene al niño más preparado, un chico casi que renacentista, que hable idiomas, que haga 25 deportes, teatro, cerámica, mindfulness y yo qué sé. Esta crianza hiper provoca mucho estrés que no es sano. Ya hay suficiente estrés, que viene sin que lo pidas, como para exigirte más aún.

En un reportaje publicado en Tendencias de La Tercera se muestra cómo un grupo de mamás, activistas por la restricción o prohibición de que los niños usen pantallas, han tenido que ceder ante la presión durante estos días de encierro. ¿Cuál es tu postura al respecto?

Las pantallas son hiperadictivas. Está comprobadísimo que están hechas para que nos volvamos adictos. Nos hacen sentir muy malos padres, además: mi hijo ha estado 3 horas jugando al Fortnite, qué mala madre soy. Pero, yo qué sé, también cuando éramos pequeños nos pasábamos tres horas mirando televisión malísima y acá estamos. Lo que también es verdad que cada vez se las están dando a los niños más pronto, más pequeños. Yo no entiendo para qué, a un niño de dos años, mientras pasea en su coche, le dan un móvil. Me parece una burrada. La clave para gestionar bien las pantallas son los límites. Ponerlos y ejercerlos como padres. Algo que cuesta, ¿eh? Tengo dos hijos adolescentes muy empantallados, pero en su caso las pantallas han ido bien: les han servido para hablar con los amigos, para estudiar. En los hospitales hay gente que se ha podido despedir de sus seres queridos gracias a una pantalla. Es una herramienta muy buena, el problema es que son muy adictivas. Ahí tenemos que ejercer el autocontrol, porque también los adultos estamos muy enganchados, y los límites. Es un proceso lento, pero las pantallas están aquí para quedarse, y los meses que nos vienen vamos a usarlas mucho. Hasta que no haya vacuna, estaremos bastante empantallados.

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