La encrucijada de los “antipantallas”

Para muchos padres, la crianza alejada de pantallas siempre fue una definición clara. Así surgieron agrupaciones, establecimientos y corrientes educativas que apostaban por no exponer a los niños a dispositivos electrónicos, en una postura que en medio de la pandemia -con educación a distancia y teletrabajo- cada día parece más difícil de mantener.




Antes de que el Covid-19 alejara a los niños de sus colegios, la organización en la casa de la socióloga Gabriela Rubio era clara con sus hijos Baltazar (8) y Mariano (5): en la semana no podían mirar absolutamente ninguna pantalla. “Siempre he sido de las que critica el exceso de pantallas en los niños. Lo hacía con los hijos de mis amigas o los compañeros de colegio de mis hijos que ya tienen iPad o celular. Era mi cruzada”, cuenta Rubio.

En su casa de Ñuñoa, sus hijos podían ver televisión y jugar con el celular sólo sábado y domingo. La idea era que tuvieran algo de la infancia que ella vivió con sus hermanas donde recuerda que pasaban horas jugando lejos de una pantalla. “No quería que mis hijos perdieran eso, siento que los niños tienen que aburrirse para que se les ocurran juegos, y mi idea era un poco esa”, dice. Su plan se estaba cumpliendo sin alteraciones hasta el cuarto día de la cuarentena. Entonces ya no pudo seguir aplazando el teletrabajo y se tuvo que sentar frente a su computador en el living, sin distracciones. Ahí cruzó una línea por primera vez: les pasó su celular.

“Me entregué, porque si no, no podía trabajar y me siento súper culpable. Me da culpa no ser capaz de armarles otros panoramas”, dice la madre, y explica que les organiza actividades artísticas, les entrega lápiz y papel, pero que igual con ese tipo de actividades necesitan que ella esté presente. “En cambio, cuando se meten con la pantalla están como hipnotizados y no se acuerdan ni de que existo por un buen rato. Eso es lo más terrible, pero es lo que te facilita la vida”, reconoce. Hoy, es una “antipantallas” a un paso de la conversión.

Su caso no es aislado. En estas semanas de cuarentena muchos padres que habían abrazado la causa antipantallas pensando en sus hijos han tenido que rendirse ante las obligaciones escolares online o simplemente la imposibilidad de encontrar una actividad que mantenga a los niños entretenidos mientras ellos trabajan.

Según datos de la Unesco, hoy algo así como la mitad de los estudiantes en el mundo están en sus casas llenando el tiempo que sin pandemia ocuparían en las aulas para conectarse. Así por lo menos lo reflejan las cifras a nivel mundial. Según datos recabados en Europa durante las últimas semanas, todos los países de la región han experimentado aumentos en la actividad online de los menores de edad durante la semana: en España (180%), Italia (220%), Francia (120%) y el Reino Unido (50%).

En Chile la situación no es distinta. Según un análisis hecho con la herramienta Google Trends, la que analiza el comportamiento de las tendencias de búsqueda, entre el 15 de marzo y el 28 de abril en el país se registró un aumento progresivo en la búsqueda de términos relacionados con aplicaciones, juegos, videos y páginas educativas. Por ejemplo, “juegos educativos”, alcanzó su peak de búsqueda el martes 24 de marzo con las regiones de O’Higgins, Biobío y Metropolitana como las que más lo han requerido.“

Hay miles de excusas que son totalmente válidas, pero no porque yo esté en el suelo les voy a dar una droga a mis hijos y yo sé que a nivel de circuitos de placer en el cerebro, esto es equivalente a un shot de heroína

Carolina Pérez Stephens

Esto podría reflejar que padres, madres y/o cuidadores están recurriendo a internet y su amplio contenido para que niños y niñas pasen este tiempo al interior del hogar. Pero al mismo tiempo, cabe destacar que este tiempo extra frente a la pantalla también estaría siendo aprovechado para entregar material educativo e informativo a los menores, a la vez que entretenido”, dice Alejandra Bonati, gerente de comunicaciones de Google Chile.

La resistencia

La educadora de párvulos de la Universidad Católica y máster en educación de la Universidad de Harvard, Carolina Pérez Stephens, es parte del comando de Comunidad sin pantallas, una red que crearon tres mujeres para fomentar la información sobre el uso de aparatos móviles en los niños, sus consecuencias y consejos para el manejo apropiado.

Como coordinadora de tres jardines infantiles, la educadora ha buscado la mejor manera de enviar material a sus alumnos. A los padres les llegan guías con instructivos y videos de storytelling para que proyecten en los televisores, la pantalla menos dañina según la especialista. Pero además de ser la gurú antipantallas chilena, Pérez es mamá de Lourdes (10) y Borja (8), y como en el colegio de sus hijos es una apoderada más, tiene que seguir el programa que han destinado para la cuarentena.

Hasta antes de que esto pasara, sus hijos no tenían contacto con ninguna pantalla, como máximo podían ver una parte de una película el fin de semana. Ahora, por exigencia del colegio, Lourdes pasa dos horas al día en el computador. “En estos tiempos de pandemia sí necesitamos el computador para acceder al material que nos manda el colegio, pero esa pantalla es un rato corto. No soy partidaria de que niños de prekínder tengan horas de clases en una pantalla porque eso no corresponde. Pero sí, niños a partir de cuarto básico pueden estar un máximo de dos horas, sólo en trabajo escolar, y nada más”, afirma Pérez. Así es como ha permitido que su hija se conecte a la web, sin embargo, ha tomado precauciones para que sólo pueda navegar en el sitio del colegio y no pueda distraerse con otras plataformas como YouTube. Eso sí, aplicaciones en tablets o smartphones siguen totalmente prohibidas.

Cuando se meten con la pantalla están como hipnotizados y no se acuerdan ni de que existo por un buen rato. Eso es lo más terrible, pero es lo que te facilita la vida

Gabriela Rubio

Yulia Savchenko también es parte de Comunidad sin pantallas, además de dar charlas y tener un gran séquito en su cuenta de Instagram @lamadreloca.chile. Al igual que Carolina Pérez, en esta cuarentena ha tenido que ceder ante el uso de aparatos tecnológicos en su casa. Pero ella tiene un historial distinto. El año pasado, su hijo Nicolás (11) sufrió de una adicción a las pantallas y desde entonces además de la prohibición en su casa existe cierto miedo con el impacto del abuso de la tecnología. Con la cuarentena, Nicolás ha vuelto a usar pantallas, pero ahora es distinto, dice la madre, ya que es sólo y únicamente con fines académicos, cosa que lo hace menos atractivo. “Yo sigo con la misma postura; la pantalla es una droga, pero es un mal necesario, es una herramienta de comunicación”, dice Savchenko. Además de Nicolás, Yulia tiene tres hijos de 4, 12 y 18 años. La adolescencia es un factor que dificulta el control, pero aunque los dos mayores tengan celular, en su familia las reglas son claras.

“Ellos se conectan, tienen sus guías, los escucho que están conversando de proyectos con sus compañeros, pero no es mucho más que eso. De repente los he pillado que comienzan a ver unos youtubers, pero por suerte yo tengo la clave de internet en mi casa, así que los dejamos cortados al tiro”, dice Savchenko, que en las noches como sabe que es donde aumenta la tentación de ver videos o jugar online desconecta totalmente el internet para sus hijos. “Hoy día soy una mamá que tiene que estar muy pendiente”, agrega.

Tanto Carolina Pérez como Yulia Savchenko piensan que el computador se puede utilizar como herramienta de investigación y que un programa educativo -como podría ser un documental de naturaleza- puede ser enriquecedor mientras tenga un mediador adulto con quien el niño pueda comentar después de ver la cinta. Pero en lo que más concuerdan es que no existen excusas que justifiquen el pasarles tablets o smartphones a los niños en esta cuarentena.

“El otro día una periodista me dijo ‘pero Carolina, danos chipe libre en la cuarentena’ y yo le dije ‘mire, si yo estoy colapsada, estoy teletrabajando todo el día, nadie me ayuda en la casa, tengo que cocinar, tengo que hacer el aseo, estoy mal y me dicen que la alternativa es darle un shot de heroína a mi hijo para que se quede tranquilo, ¿lo hago o no lo hago?’. Hay miles de excusas que son totalmente válidas, pero no porque yo esté en el suelo les voy a dar una droga a mis hijos y yo sé que a nivel de circuitos de placer en el cerebro, esto es equivalente a un shot de heroína”, finaliza Pérez.

Si no puedes contra ellos...

Hay madres que definitivamente han optado por posturas más prácticas. “Tengo un hijo de 5 años, quien lamentablemente pasa mucho tiempo frente a la pantalla”, dice Romina Menares, doctora en Didáctica de las Matemáticas y académica de la Universidad de Valparaíso. “Yo quisiera que fuera menos, pero por mi trabajo a veces tengo que estar 2 horas concentrada en una reunión y él se encierra en la pieza con un televisor y un celular. Esa es mi realidad en este momento que, por supuesto, no me agrada”, reconoce. Menares pone el caso de que muchas veces deja a su hijo jugando Lego, pero con eso no logra que esté entretenido las dos horas que sí pasa concentrado con un celular o una tablet. “La pantalla tiene la forma de enganchar a los niños para que pasen largas horas del día metidos en las aplicaciones, porque hay muchas apps y videos”, comenta.

Entiende que es un dilema moral, y por eso su propuesta es que en este período de emergencia hay que ser prácticos. “Si eres un padre muy estructurado en la educación de tu hijo y lo que quieres es que juegue en el patio, se embarre las manos o lea libros y a partir de la imaginación obtenga aprendizaje, a mí eso me parece muy bien y me gustaría que mi hijo fuera así, pero en este minuto hay un requerimiento que nos trajo la pandemia y es prácticamente imposible que los escolares dejen de lado la pantalla”, dice Menares.

Los números internacionales muestran que son muchos los que han optado por apoyarse en las pantallas. Un informe de SuperAwesome, una compañía de tecnología para niños, indicó que desde que partió la cuarentena en Estados Unidos, los niños de entre 6 y 12 años aumentaron en casi 70% el tiempo que pasan diariamente frente a las pantallas. Si bien el tráfico en computadores ha visto un aumento ligero y casi principalmente explicado en actividades escolares, el uso de tablets se triplicó y el de celulares se duplicó. El informe mostró que las niñas pasan más tiempo en chats o Tik Tok, y los niños, en juegos en línea.

La pedagoga Isabel Herrera, madre de Beltrán (2 años y 4 meses), se reconoce contraria a las pantallas. “Hasta los 2 años fui súper talibana por todos los estudios, pero después me abrí a que si el sábado y domingo se despertaba a las 7 de la mañana, le ponía tele un rato”, cuenta. Esa era su máxima concesión; asegura que su hijo jamás ha visto YouTube en el celular.

Eso era parte de su plan: cero pantallas hasta los 2 años para no afectar las conexiones neuronales que se están formando en esa edad. Luego, de a poco fue soltando la rienda tecnológica. Algo que se ha agudizado durante la cuarentena: intentó fuera sin pantallas, pero duró sólo un día con ese régimen, aunque sin causarle culpas. Ahora Beltrán ve entre dos a tres horas diarias de televisión -solo el programa Paw Patrol- y así Isabel y su marido pueden trabajar sin interrupciones. “Es harto, pero efectivamente no nos resultaría de otra manera, nos estaríamos matando”, dice Isabel Herrera. Cuenta que su hijo aún no hace pataletas a la hora de apagar el televisor porque una vez que ella está libre se encarga de hacer actividades que a Beltrán le producen más placer que la pantalla.

“Con mi marido altiro hicimos el pensamiento de ‘es una pandemia mundial’, cuando uno se posiciona en esa gravedad es como decir ‘no es mi culpa’, no hay culpabilidad en eso, pero sí pasa mucho en los chats con mis amigas que todas están mandando fotos y diciendo que sus hijos ven mucha tele”, se sincera Herrera.

Ese ha sido uno de los ganadores insospechados por este tiempo de niños encerrados: la casi desahuciada televisión. En Estados Unidos, la visualización de The Cartoon Network durante los días de semana ha subido casi un 60%, según datos de la consultora Nielsen. El resto de los canales infantiles también han experimentado alzas: Disney (43%), Boomerang (31%) y Nickelodeon (25%). Esto obligó a que los canales cambiaran sus parrillas. Por ejemplo, Nickelodeon, la señal infantil más vista en ese país, decidió adelantar su horario de verano y hacer el tradicional estreno de series de temporada estival en estas semanas.

Ese cerebro, encerrado con todo el efecto de los videojuegos, va a llegar al colegio cuando esto termine y el pobre no va a poder aprender nada. La profesora va a querer enseñarle a un cerebro que no puede aprender ni el 1+1. Esta es la tormenta perfecta

Carolina Pérez Stephens

Esta tendencia no sólo se ve en los canales infantiles. The Weather Channel, el popular canal del tiempo, comenzó a transmitir cápsulas educativas dirigidas a escolares. La RAI, la televisora estatal italiana, aumentó su programación para niños y adolescentes, y la BBC británica planea entregar más contenido educativo.Todos estos datos parecen llevar a una verdad incómoda: hoy es muy difícil que los niños escapen a las pantallas. “De alguna manera tienen que llegar a la pantalla y ahí los padres ya cruzan una línea donde se ven enfrentados a ciertos desafíos de ver primero qué hacen con la pantalla y seleccionar qué y cuándo sus hijos la van a ver”, explica Romina Menares.

Frente a esto, distintos organismos han entregado recomendaciones de exposición a las pantallas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea que los niños menores de un año no deben ser expuestos a ningún tipo de dispositivo electrónico. Además, propone que los menores de 2 a 4 años no deberían superar la hora diaria de lo que llaman “tiempo de pantalla sedentario”, que incluye juegos de computadora o televisión.

La Academia Americana de Pediatría, por su parte, dicta que los menores de 2 años no deben estar expuestos a ninguna pantalla, salvo videoconferencias cuando es necesario. Entre los 3 y 5 años recomienda que sólo deben pasar una hora al día, y entre los 6 y 12, ese tiempo diario se duplica. Un poco más al norte las Pautas Canadienses de Movimiento en 24 horas, elaboradas por la Sociedad Canadiense de Fisiología del Ejercicio (CSEP), proponen una combinación de actividad física, juego sin pausas, muchas horas de sueño y un período acotado de uso de pantallas. De los 5 a 17 años dice que se deben pasar 2 horas o menos frente a dispositivos electrónicos; en el caso de preescolares mayores de 2 años, una hora, y en niños menores de esa edad, no se recomienda el uso de pantallas.

El día después de mañana

Isabel Herrera tiene claro que cuando se vuelva a la normalidad en su casa se acaban las pantallas. Dice que en condiciones normales llega de su trabajo a las 5 y entre esa hora y las 8 está con su hijo supervisándolo. “En esas 3 horas yo no lo voy a tener viendo tele, en esas horas jugamos, regaloneamos, salimos a la plaza, vamos a ver a los abuelos”, cuenta.

La educadora Carolina Pérez dice que revertir el efecto no es tan fácil, que la adicción no se termina de un día para otro y que esto va a traer consecuencias en el desarrollo cognitivo de los niños a nivel país. “Ese cerebro, encerrado con todo el efecto de los videojuegos, va a llegar al colegio cuando esto termine y el pobre no va a poder aprender nada. La profesora va a querer enseñarle a un cerebro que no puede aprender ni el 1+1. Esta es la tormenta perfecta”, afirma la especialista.

En este escenario, Gabriela Rubio, la madre antipantallas que tuvo que aceptarlas con la que empezó este artículo, se pregunta si algún día podrá recuperar su antigua normalidad sin televisores y celulares en manos de los niños todo el día. Cuenta que en su nueva normalidad su hijo mayor se levanta todos los días a las 7 de la mañana, se ducha y viste sólo para tener media hora para jugar videojuegos en el celular tranquilo antes de que ella empiece su jornada y se lo pida, y que él junto a su hermano menor están todo el día hablándole de Trollhunter, su serie favorita de Netflix.

Quiero volver a quitarles las pantallas, pero sé que va a estar difícil”, dice Rubio, analizando su estrategia. Plantea que si antes los dispositivos ya estaban extendidos entre los compañeros y amigos de sus hijos, después de la pandemia su uso ya es universal, un antecedente que le deja claro que de ahora en adelante todo cambió y la contienda es más desigual que nunca: “Es superprobable que cuando empecemos a volver a la normalidad muchos niños que no tenían celular tengan y van a estar tan familiarizados, que va a costar mucho más mantenerlos alejados”, se resigna ella, como ya lo han hecho muchos más.

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