Reuniones de negocios en clubes nudistas continúan pese a #MeToo

La práctica está tan extendida, que algunas empresas han enviado instructivos a sus trabajadores para terminar con estas costumbres.


Celebrar un trabajo bien hecho con una visita grupal a un club de caballeros parece tan moderno como, bueno, el término “club de caballeros”. Pero todavía es lo suficientemente común como para que al menos una compañía –Under Armour– haya tenido que decirles este año a sus empleados que dejaran de incurrir en gastos en visitas a clubes de striptease.

El entretenimiento en vivo para adultos genera alrededor de US$6.000 millones en ventas anuales, según el analista de WestPark Capital Ishfaque Faruk, con lo que él llama “crecimiento de tipo de consumo básico”: entre un 1 y un 2 por ciento por año. Faruk monitorea la industria como parte de su cobertura de RCI Hospitality Holdings (ticker: RICK), y ejecutivos de la industria lo han convencido de que los clientes empresariales todavía son parte del modelo financiero.

El año pasado comenzó a cobrar especial importancia el comportamiento sexista y acosador que enfrentan las mujeres en muchos lugares de trabajo, desde insinuaciones explícitamente sexuales hasta que no se les tome en cuenta para cargos de liderazgo y aumentos de sueldo. Después de todo eso, la idea de que un club de striptease sea un buen lugar para, digamos, vincularse con un cliente o compañeros de trabajo parece especialmente imprudente, dijo Marianne Cooper, socióloga del Laboratorio de Innovación para el Liderazgo de Mujer, de la Universidad de Stanford.

“Los negocios no tienen que hacerse de esta manera”, dijo. “No es que sea fundamental para hacer negocios, sino que es fundamental para este tipo de culturas tóxicas disfuncionales donde las mujeres no son consideradas colegas competentes”.

Under Armour recibió el memo este año, cuando prohibió explícitamente los clubes de striptease como un gasto corporativo permitido. Pero esté o no en la tarjeta corporativa, los dueños de los clubes dicen que su clientela corporativa sigue tan entusiasta como siempre.

El Rosewood Theater, un club de striptease de alto nivel ubicado en Manhattan y popular entre quienes trabajan en Wall Street, planea expandirse y el próximo año se realizarán pruebas de clubes emergentes en cuatro ciudades de Estados Unidos. En los clubes de Detroit, Houston y Dallas, todavía hay muchas tarjetas corporativas. Y las acciones de RCI, que posee cerca de 40 clubes y restaurantes para adultos, alcanzaron un máximo récord en julio.

Hasta 150 clientes se dirigen a Rosewood cada noche, según una persona asociada con el negocio que pidió permanecer en el anonimato porque no está autorizada para hablar con la prensa. El club, lanzado por Kalin Moon, cuya compañía se llama Die Happy Tonight, recibe un flujo constante de clientes hasta las 4 a.m., cuando los bares de Nueva York deben cerrar.

Actualmente, las cuentas de gastos de las compañías solo representan una fracción de los ingresos, dice Angelina Spencer, directora ejecutiva de la Asociación de Ejecutivos de Clubes, (ACE, por sus siglas en inglés). La organización, que representa a más de 1.000 clubes, estima la cifra en alrededor del 10 por ciento.

“Se ha reducido considerablemente”, dijo Spencer, excopropietario de un club. “Las empresas, en su mayoría, le han puesto fin a eso”.

Eso no significa que los ejecutivos no sigan entreteniendo a los clientes o festejando con compañeros de trabajo en clubes de striptease. Simplemente significa que ellos mismos están pagando la cuenta o mintiendo a su empleador al respecto. Los nombres de los clubes nunca aparecen en una cuenta de tarjeta de crédito o cuenta de gastos, son reemplazados por algún tipo de seudónimo que suene neutral y que dé a los empleados y esposos una posibilidad plausible de negación.

Lo que es más, los clubes existentes están en posición de fortaleza, dijo Faruk. El estigma local y las regulaciones de zonificación mantienen el número total de clubes en EE.UU. entre 3.000 y 4.000, aproximadamente una cuarta parte del número de McDonald’s. “En realidad, es, sorprendentemente, muy estable”, dijo.

Faruk dice que ve mucho potencial para la industria a medida que los operadores individuales se retiran y buscan ser adquiridos. Desde agosto, RCI ha anunciado la compra de clubes en Pittsburgh y Chicago y ha identificado 500 más como posibles adquisiciones.

RCI no quiso hacer comentarios.



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