Tras casi diez años de trabajo conjunto, en los que se mantuvo como el fiel escudero de Mario Salas, Leonardo Zamora (42) decidió emprender su propio camino. Rangers de Talca le abrió las puertas para iniciar su carrera a la cabeza de un cuerpo técnico, con las luces y los flashes sobre él. El debut oficial fue contundente, con un 0-3 ante Puerto Montt. Sus desafíos venideros, su historia con Mario Salas y su proyección como estratega son profundizados junto a La Tercera por el entrenador.

¿Hace cuánto tenía la idea de comenzar su carrera como DT?

Más o menos un año atrás, antes de empezar 2017 ya me habían acercado un ofrecimiento. Lo conversamos con Mario y decidimos que no era el momento. Yo lo decidí así. Sentíamos que nos faltaban cosas como cuerpo técnico, a mí como ayudante. Que después de la UC queríamos internacionalizarnos, buscar otra motivaciones. Pero luego cuando nos fuimos de Católica no se presentaron cosas tan claras. Ahí hablé con Mario y se dio la oportunidad de venir a Rangers. Era buen momento, me había preparado y estaba en mejor pie.

¿Por qué toma la decisión?

Lo sentía así por vocación. Haber aprendido al lado de uno de los mejores del país me fue abriendo la cabeza para ver el fútbol. En realidad lo sentía hace rato y a medida que iba avanzando como ayudante, me sentía cada vez más cerca.

¿Su propuesta se aleja mucho de la de Salas?

Tiene sus bemoles, hay diferencias y similitudes. Cuando uno comparte en un cuerpo técnico tanto tiempo es porque se tienen visiones similares. Sí hay muchas cosas que serán comunes, pero también hay propias intenciones. Por ahí se verán algunas diferencias.

¿Pero coincide en su forma de ver el fútbol?

Sí, eso sí. En cuanto a lo macro del fútbol y compartir esa visión durante tanto tiempo, es difícil llegar y cambiarse a algo totalmente opuesto. A la larga es una forma de ver el fútbol y vivirlo, con pasión como jugador y de cómo enfrentar la vida. Es una filosofía de vida.

¿Cuál es el sello de Leo Zamora?

Tiene que ver con lograr equipos que vean y sientan el fútbol como un todo. Que cuando se está atacando también se está preparado para defender, que manejen variantes, que puedan adaptarse dentro de un partido, que no tengan una sola forma de jugar, pero bajo la premisa de proponer, buscar, presionar y no dejar jugar fácil. Que provoquen situaciones de gol y mantengan lejos del arco al rival.

¿Es muy distinto el trabajo de entrenador al de ayudante?

Es distinto. Cuando uno se transforma en el jefe hay muchas más cosas en la cabeza. Es que las decisiones pesan por sobre muchas otras, afectan a más gente. El peso de las decisiones hacen que se tenga que tener más conciencia, con un análisis más profundo. Hay que darle más vueltas a las cosas.

¿Hay más presión?

No lo siento como presión. Este poquito tiempo que llevo me tiene encantado. Estoy disfrutando. He vivido tantos años en el fútbol que la presión es parte de... uno se acostumbra y sabe cómo canalizarla, usarla como gasolina, de tener esa adrenalina de saber que hay que ir a ganar. Sirve para prepararte y entregar herramientas. Si sabes canalizarla la vuelcas a tu favor.

¿Qué lo cautivó de Rangers?

Me di cuenta de que coincidíamos en mucho. La forma de ver el fútbol es igual, buscar una identidad para el equipo. Me dejaron armar un plantel y un cuerpo técnico a mi medida. Me provocó ilusión ver que estábamos en la misma parada.

¿A qué aspira con Rangers?

Desde el interior, autoexigencia al máximo. Darle alegría a la gente, que ha pasado mucho tiempo sin resultados. Y específicamente intentar un ascenso, quizás no este año. Pero primero queremos generar identidad y después llegarán los resultados, van a venir solos. Evitar traer 17 jugadores todos los años. Primero hacer una base.

¿Con Salas terminaron bien?

Mantenemos una comunicación constante. No sólo con Mario, también con el resto del cuerpo técnico. Es que una amistad de 17 años es muy difícil que se quiebre por no seguir jugando juntos. Hay una muy buena relación.

¿Pudo acompañarlo a Perú?

Los tiempos no coincidieron. Cuando me sale la posibilidad de venir a Rangers, Mario estaba analizando lo de Sporting y lo de Cobreloa. Y yo ya me había acercado a tomar esta posibilidad.

¿Y no quedó con las ganas de esa experiencia internacional que mencionaba antes?

Tuve la suerte como jugador de vivirlo. Me estoy generando mi propio camino, quiero ir paso a paso dentro de mis ambiciones. El día de mañana se podrá internacionalizar mi carrera como técnico. Ya llegará el momento. Y si no, no era no más. Tenía que salir de la zona de confort para probarme.

Ya fuera de la UC, ¿qué valoración hace de su trabajo ahí?

Fue un lindo trabajo, siento que tuvo mucha importancia. Fui formado ahí y volver con alegrías de por medio fue muy importante. El trabajo que hicimos fue súper profesional, siempre intentando llevar a Católica a lo más alto posible. En cinco o seis torneos lo logramos. Siempre estuvimos compitiendo al máximo, dejando huella con el bicampeonato. Es un hito en nuestra carrera. A mí me marcó.

¿Hubo momentos difíciles?

Sí, muy difíciles. Tiene mucha resonancia cualquier mal partido o cosa que pase. Nos tuvimos que acostumbrar. Cuando no se dan resultados no puedes esperar benevolencia de todo el mundo. Uno está muy expuesto en el día a día para la gente. Hubo momentos en Católica que sí lo pasamos mal.

Muy malo el último semestre.

Lo veo como algo multifactorial. Desde el cuerpo técnico quisimos buscar variantes, buscamos adaptaciones, dar un pasito cualitativo. Hay que ir renovándose para que el jugador aprenda. No sólo en nombres, también en formas. También lo intentamos hacer. El club veía las renovaciones y las llegadas... confluyen un montón de cosas. El desgaste se da con relaciones diarias, pero no significa que las cosas anduvieran mal. Después, la UC; por políticas o presupuesto, trajo la gente que trajo. Pero confiábamos en la gente del club a cargo. Varias cosas confluyeron.

¿Estuvieron siempre contentos con el armado de plantel?

Si uno va a un lugar y le dicen cómo funciona, cómo son las cosas, y se inserta en esa política, de generar jugadores de casa, tratar de ser campeones con jugadores de ahí, uno sabe a lo que va. Después no puede decir que está disconforme, no vale quejarse. Uno sabe las realidades económicas de cada club. Queda la desazón de no conseguir más, pero también la satisfacción de que siempre supimos cuáles eran las políticas del club.

¿A qué jugador se llevaría siempre consigo?

A la mayoría de los que tuvimos me los traería. Gran parte de lo que soy tiene que ver con los jugadores de la UC. Que me dejaron entrenarlos, estar con ellos, que preguntaban, aprendí a relacionarme. Había un nivel humano que me permite estar donde estoy. Se portaron muy bien. Cuando jugadores de esa calidad se dejan llevar y se convencen es lo máximo para un técnico.

¿Y si le pregunto por Álvarez, Mirosevic, Buonanotte o Silva?

Jugadores de ese calibre te ayudan en el camarín, aportan experiencia. Podíamos hablar de fútbol y también te daban un feedback. Nos decían "perfecto, vamos así; pero ojo, profe, con esto". Con el Milo teníamos conversaciones eternas de fútbol, con Diego lo mismo. Con Huasito, que estaba haciendo el curso, teníamos discusiones de lo que significa ser entrenador. A Silva lo siento como un tipo muy ganador, un entrenador en la cancha, que podía echarse al hombro cosas tácticas. Pensé que quería ser entrenador y lo va a pensar. Lo que pasó con él lo atribuyo al momento del equipo, a sus características. Mas allá de lo futbolístico, en el fútbol hay rachas que no le permitieron destacar, pero no se puede recriminar nada.

¿Volvería a la UC como DT?

Soy respetuoso de mi momento. Es mi realidad y no me proyecto más allá.

¿Y su carrera cómo la proyecta?

Quiero desarrollarme como técnico desde una idea, desde la operacionalización diaria, desde mejorar una metodología, después ir aprendiendo. Quiero seguir dando pasos, ir logrando cosas, ojalá un ascenso con Rangers, también dirigir en Primera. Pero cuando corresponda, en su momento.