Un estudio realizado como parte de un proyecto para detectar el riesgo de accidente y adoptar medidas preventivas en las autopistas chilenas, exploró la respuesta de 30 conductores ante la entrega de información a través de la señalética de tránsito. Sus conclusiones arrojaron como resultado que el mecanismo más eficaz para generar alertas preventivas es el de pantallas parpadeantes y a través de frases cortas o simbología. Cuatro de cada cinco accidentes ocurren por descuidos o pérdida de atención por parte de las personas que están detrás del volante.

Los científicos a cargo del reporte buscan fortalecer los niveles de atención en ruta, especialmente cuando las condiciones son de alto riesgo. “Conducir es una tarea de alta demanda atencional”, explicó el Dr. Pedro Maldonado, investigador del Instituto de Neurociencia Biomédica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (BNI), entidad que colaboró con el Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI), también del mismo plantel, en el reporte.

“Hay muchas cosas que el conductor debe considerar. No es solo manejar bien, sino navegar. Efectivamente esto es un desafío para el cerebro, y el problema es que no está diseñado para hacer ambas tareas en simultáneo. Cuando uno navega tiene que prestar atención al GPS, el letrero de salida, etc. y cuando maneja tiene que mirar los autos, la distancia, la velocidad”.

El neurocientífico enfatizó que el cerebro “no se la puede con todo” y que la capacidad de “multiplexear” o hacer muchas tareas a la vez es más bien un mito. Por el contrario, al transitar de una función a otra pierde algún mínimo instante en volver a adaptarse, algo que puede ser crítico en conducción, debido a la necesidad de “alta demanda” de concentración que exige la actividad.

“Eso explica, por obvio que parezca, que la mayoría de los accidentes ocurra por no estar atento a las condiciones del tránsito o que esté prohibido escribir mensajes de texto cuando se maneja. La atención en una tarea de alta demanda debe estar en una sola tarea, y al distraerse se pone en riesgo la conducción. Pasar, por ejemplo, mucho tiempo en GPS hace que un choque sea inminente”, dijo el Dr. Maldonado.

Previo a esta colaboración, el ISCI comenzó un trabajo en la Autopista Central en 2015. El desafío era utilizar la información generada por los pórticos de cobro para desarrollar modelos de predicción de accidentes utilizando herramientas de inteligencia artificial y machine learning.

Tras los buenos resultados iniciales, diseñaron un software piloto basado en el cálculo de variables como la cantidad de vehículos, los tipos de estos, velocidades de tránsito, entre otros, comparado con datos históricos de los tramos centrales del recorrido, que van entre Mapocho y Rondizzoni, para establecer situaciones de riesgo, bajo dos parámetros: escenario normal o de mayor probabilidad de ocurrencia.

“Ahí nació la pregunta de cómo podíamos intervenir o impactar en la autopista para que esos accidentes no ocurran, lo que dio inicio a nuestra colaboración con BNI”, relató Franco Basso, académico del ISCI, líder del proyecto y autor principal del estudio, recientemente publicado por la revista Sustainability.

Pedro Maldonado. Foto: BNI.

De acuerdo a la Corporación Nacional de Seguridad de Tránsito (Conaset), durante el año 2021 se registraron 80.751 siniestros de tránsito y 1.688 personas perdieron la vida, cifra que tuvo un aumento del 13,7% respecto a los fallecidos informados el año 2020. Se trata del peor indicador en los últimos 13 años. Carabineros estimó que las principales causas de los eventos fueron la imprudencia al volante y el exceso de velocidad.

Señales parpadeantes

¿Es posible prevenir un accidente de tránsito minutos antes de que ocurra? Esta fue la pregunta que propició la interacción entre BNI y el DSI de la Universidad de Chile, materializada en dos proyectos de investigación del que surgieron varios hallazgos. La alianza permitió recolectar evidencia internacional y a la realización de experimentos con el reto de resolver la interrogante.

El grupo de investigación trabajó en estas dos líneas, experimentales y documentales, para conocer el canal y los tipos de mensajes que podían reportarse en la autopista. La primera conclusión es que la mejor forma de transmitir esta información era a través de las pantallas ubicadas en los portales. La segunda, es que lo más indicado es que fuera con mensajes cortos, idealmente símbolos, aunque esto requiere de una amplia difusión de la iconografía.

Los investigadores se abocaron en el último estudio a determinar una tercera variable: cómo transmitir esta información para motivar una conducción responsable. El Dr. Maldonado explicó que en la primera observación neurocientífica intentaron determinar cuán visibles eran los letreros de mensajería variable en algunos tramos de la autopista. Es decir, su prominencia. “En ese primer estudio desde la neurociencia intentamos comprender si los mensajes eran llamativos a la atención visual en contraste con las múltiples distracciones para un conductora, entre ellas la publicidad, las paredes, las luces”.

Si uno quiere cambiar la conducta de las personas lo que necesitamos es que esos mensajes preventivos o de alerta efectivamente se vean”, añadió el académico de BNI. Para explorar esta característica de prominencia, se tomaron fotografías a lo largo del tramo a evaluar de la autopista y luego se utilizaron algoritmos de inteligencia artificial para verificar qué elementos efectivamente sobresalían a simple vista. De esta forma, describieron una serie de características físicas asociadas a esos mensajes con mejor rendimiento para captar la atención visual.

Foto: La Tercera

Con ello, el desafío fue incorporar esa visibilidad a la entrega de los mensajes de advertencia. Desde la neurociencia, subrayó el Dr. Maldonado, la propuesta es que esto sea a través de íconos o mensajes cortos y con señales parpadeantes, ya que es un rasgo físico determinante en la atención visual. Para ello, almacenaron evidencia en relación a la fijación visual de un grupo de 30 personas que transitaban en la carretera. Utilizando sistemas típicos de experimentos para observar donde se fija la mirada (video-oculografía) pudieron comprobar la eficiencia de este tipo de alertas.

“Encontramos que efectivamente los sujetos sí miran más los parpadeos y los miran cuando hay congestión y de noche. Entonces en el fondo utilizando técnicas que utilizamos en neurociencia para medir la conducta ocular pudimos determinar que los letreros parpadeantes gatillan más actividad. Hay una tercera etapa pendiente que es poner ciertos mensajes en los letreros y ver si cambia percepción”, añadió el neurocientífico de BNI.

Riesgos al volante

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se pierden aproximadamente 1,3 millones de vidas a consecuencia de estas lesiones. Entre 20 y 50 millones de personas sufren traumatismos no mortales, y muchos de ellos provocan una discapacidad. Más del 90% de las defunciones causadas por accidentes de tránsito se producen en los países de ingresos bajos y medianos. Los traumatismos debidos al tránsito son la principal causa de mortalidad entre los niños y los jóvenes de cinco a 29 años.

En Chile, el 80% de los accidentes se ocasionan por descuidos del conductor, y, por lo tanto, cualquier cosa que pueda disminuir la atención en la tarea aumenta la probabilidad de tener una emergencia. El Dr.Basso remarcó que el trabajo entre ambos centros de investigación es generar nuevos desarrollos científicos que contribuya al reto de una conducción responsable, especialmente en aquellos intervalos de tiempo en que el riesgo es alto.

“Lo que ahora estamos haciendo (en ISCI) es trabajar en un desarrollo computacional en el cual podamos conectar el sistema de predicción de accidentes con los paneles de mensajería variable para que la entrega de información ocurra de manera automática. Lo que estamos tratando de consolidar es que el procesamiento de esta información sea más inconsciente, y para eso estamos diseñando un ícono que funcione en paralelo a una campaña de difusión”, dijo el académico del ISCI y la Universidad Católica de Valparaíso.

El especialista en logística y sistemas de transporte analizó que el objetivo de estas soluciones es redoblar la atención y el estado de alerta de los conductores, además de proporcionar evidencia local para problematizar y poner en el debate la importancia de regular de una manera más efectiva las condiciones de seguridad vial.

Basso añadió que “la evidencia es suficiente respecto a que entre los mayores riesgos en las carreteras tiene que ver con publicidades en video, que son demasiado peligrosas para estar en una calle y es algo que debiésemos empujar desde la academia, aunque esto genera grandes ingresos a las municipalidades. La evidencia también es contundente respecto a que la gran cantidad de estímulos tiene un impacto en la concentración y el sueño, lo cual representa un grave problema de seguridad vial en Chile”.

La presencia de elementos que distraigan a los conductores, un asunto no del todo regulado y con baja fiscalización en Chile, tiene enormes impactos, que se repiten en países de ingresos medios y bajos. Se calcula que estas naciones pierden el 3% de su PIB por accidentes de tránsito. La OMS alertó que las lesiones causadas por el tránsito ocasionan pérdidas económicas considerables para las personas, sus familias y los países en su conjunto.

Esas pérdidas son consecuencia de los costos del tratamiento y de la pérdida de productividad de las personas que mueren o quedan discapacitadas por sus lesiones, y del tiempo de trabajo o estudio que los familiares de los lesionados deben distraer para atenderlos.