En agosto de 2008, Marie Adler tenía 18 años y dormía en su pieza cuando un hombre con pasamontaña entró, amenazándola con un cuchillo: la amarró, la violó y luego le sacó fotos. Tuvo que repetir a la policía cuatro veces lo que le había sucedido, pero su familia de acogida –había tenido varias- y luego los policías pensaron que estaba mintiendo y la acusaron de levantar falso testimonio. Sintiéndose abrumada, optó por retractarse de lo que había contado. Tres años después, dos mujeres policías que seguían las pistas de un violador serial, demostraron que la chica decía la verdad.

El caso de hace 11 años, que se conoció en 2015 por un reportaje de la agencia de noticia ProPublica bajo el nombre de An unbelievable story of rape —y que ganó un Pulitzer—, es la base para esta miniserie de ocho capítulos de Netflix que ha decidido rebautizarla en español como Inconcebible. Y aunque su carta de presentación es Toni Collette, en el rol de una de las detectives, en el primer capítulo la australiana de Sexto sentido y El legado del diablo no aparece. La figura aquí es Kaitlyn Dever (recientemente en los cines chilenos protagonizando Booksmart), quien en el rol de Marie muestra dureza y vulnerabilidad, en una actuación avasalladora en las escenas más duras, cuando es brutalmente revictimizada por la policía estadounidense al punto de no recordar qué ha dicho y qué no.

En muchos shows televisivos, un drama como el de la protagonista podría ser aligerado bajo el tono de entretención. Por 13 razones hizo algo como eso con el suicidio. Inconcebible no va por ese carril: acá no resultan agradables algunos momentos, aunque jamás cae en el morbo y es implícito que en su guion hay un alegato —de ninguna manera discursivo— por todas las mujeres en el mundo que son abusadas sexualmente y deben intentar demostrar que han sido violadas. En esa labor, es fundamental la dirección: los primeros tres capítulos corren por cuenta de Lisa Cholodenko (The kids are all right) y luego toma la posta el experimentado Michael Dinner (Los años maravillosos, Justified), logrando un relato a ratos sobrio y a ratos emocionante.

"Por sus respuestas y lenguaje corporal, no actúa como si hubiese sido violada", le dice a un policía la última de sus madres sustitutas, porque ella tuvo una agresión sexual a los 20 años y asegura saber "cómo se comporta una víctima". En tiempos del #MeToo, Inconcebible —desde ya uno de los mejores dramas televisivos del año— llega justo a exponer un tema que incomoda, donde las víctimas son ubicadas en el banquillo de sospechosas, porque "algo habrá hecho". Es una historia áspera, pero que se vuelve trepidante por los falsos sospechosos, porque la protagonista no parece ser un testigo confiable y porque en el añadido de contar, a la par, la historia de dos detectives mujeres, hay un feminismo inherente y vibrante de que ellas intenten demostrar que otro mujer está diciendo la verdad. Sororidad.

Inconcebible no es una serie sobre si Marie Adler estaba contando la verdad o no. La historia real se conoce y eso no arruina en lo absoluto su visionado. Tampoco se trata de saber quién era el violador serial o cómo lo descubrieron. Inconcebible se trata de quién escucha la historia de Marie y está dispuesta a creerle y apoyarla. No es poca la empatía que puede llegar a provocar en miles de mujeres como ella.