[caption id="attachment_111791" align="aligncenter" width="500"]

Vengo.[/caption]

Mejor disco chileno: Vengo de Ana Tijoux

Por Marisol García

Un radar bien ajustado para captar tendencias y la capacidad de sintetizar esas señas en frases y pulsos que superen la consigna son dos virtudes de la mejor cantautoría, y ambas guían al álbum más colorido, personal y preciso de los que hasta ahora ha publicado Ana Tijoux, que ya es decir bastante considerando que no hay puntos bajos en la discografía solista que la chilena levanta desde 2007.

Vengo, editado en la primera parte de 2014, no descansa en singles golpeadores y acaso supera el enojo del previo La bala: es el manifiesto de una creadora madura dispuesta a mostrarse con asombrosa inteligencia y atrevimiento sonoro (en un propositivo hip hop sin secuencias ni sampleos; entre profusión de bronces, percusiones y cuerdas latinoamericanas y europeas).

Tijoux es humilde al exponer sus dudas en "Somos todos erroristas" ("… el trazo se delinea sin miedo al fracaso / sin exitismo, olvidar el conformismo"), tierna en "Emilia", denunciante en "No más" ("… nadie se mira, nadie se pesca / qué triste tu vida moderna") e implacable en "Antipatriarca", el himno chileno que mejor proveyó a la entonces incipiente nueva ola feminista de ideas frescas sobre una lucha de género planteada desde el orgullo.

https://culto.latercera.com/2019/11/24/ana-tijoux-perfil-leila/

En su vocación global, Vengo se vincula a la vez con la tradición chilena que en hitos como "Yo canto la diferencia", "Manifiesto" o "No necesitamos banderas" delineó antes el canto desde los principios del oficio. "Crear es un acto que incomoda/ No voy a pedir permiso ni pedir la palabra" es advertencia y autodefinición de una creadora que luego recordará: "Sólo sé que escribo / luego existo". En el tema que le da título al álbum una mujer sudamericana busca entre ancestros, luchas y paisajes particulares pistas sobre su lugar en el mundo. "Vengo, vengo a mirar el mundo de nuevo/ Vengo en busca de respuestas/ con el manojo lleno y las venas abiertas…". Vengo consiguió ratificar así internacionalmente a Ana Tijoux no sólo en su contundente talento sino también en una excepcional honestidad, vigente hoy en su latinoamericanismo, en su desazón y en su coraje.

https://open.spotify.com/album/4AvYh9UIRwjZJYI9X7p8ua?si=lY71jh5KQoW1y2yawD5Mjw

[caption id="attachment_111789" align="aligncenter" width="900"]

Ecos del desierto.[/caption]

Mejor serie chilena: Ecos del desierto

Por Rodrigo Munizaga

Los 80 partió en 2008 y, por tanto, su origen se enclava en la década pasada. El reemplazante y Los archivos del Cardenal tuvieron primeras temporadas excepcionales, pero segundos ciclos por debajo de sus debuts.

Ecos del desierto, en cambio, apostó por ser una miniserie y en ella se reunió lo mejor del arte escénico: el mejor cineasta (Andrés Wood), el mejor dramaturgo (Guillermo Calderón), los mejores actores del país (Alfredo Castro, Paulina Urrutia, Catalina Saavedra, José Soza) y dos de las mejores actrices, María Gracia Omegna y Aline Küppenheim, quienes interpretaron magníficamente, en décadas diferentes, a la abogada Carmen Hertz y su vida antes y después del asesinato de su marido, Carlos Berger.

https://culto.latercera.com/2018/09/11/la-dictadura-de-pinochet-a-traves-de-cuatro-series-chilenas/

Con la historia de la Caravana de la Muerte sobrevolando el relato, hay un equilibrio entre drama y thriller, que Wood sabe contar bien sin perder de vista que se trata de una ficción, por mucho que esté inspirada en hechos reales.

Esa convicción es la que eleva a Ecos del desierto por sobre cualquier otra ficción que se haya hecho en Chile en la última década.

En la miniserie emitida por CHV en 2013 -impulsada por sus exejecutivos Jaime de Aguirre y Pablo Morales- hay un relato vivaz, una ambientación, fotografía y diseño de producción espectacular e inusual para una producción de TV. Y hay personajes con capas de humanidad, que provocan empatía, emoción y reflexión, sin perder nunca su tono sobrio y sin caricaturizar. Una serie enorme.

[caption id="attachment_111793" align="aligncenter" width="1200"]

Avengers: Endgame.[/caption]

Mejor superproducción: Kevin Feige y Marvel

Por Francisco Ortega

Si entendemos blockbuster como un producto de ficción comercial que paraliza al mundo/los análisis/las modas/la sociología/el comercio/etc., pulverizando las taquillas en un solo fin de semana, todo eso por encima de las virtudes artísticas; el mejor blockbuster de la década no es una película, tampoco una serie (aunque el fenómeno Game of thrones anduvo cerca), sino una persona: Kevin Feige, la firma tras el Universo Cinematográfico Marvel, el MCU.

Nos guste o no, su nombre y apellido dominó la pantalla en estos últimos diez años, marcando escuela, reventando las billeteras, irritando a críticos, ofendiendo a directores y buscado ser imitado pero jamás igualado (a ti te hablo DC/Warner).

https://culto.latercera.com/2019/05/04/intemperie-pop-quedarse/

Feige hizo de Marvel/Disney un imperio imbatible y convirtió a la película evento del año en un a ratos insoportable pero adictivo evento bimensual; algo que cambió la industria y la manera de hacer entretenimiento cinematográfico para siempre.

¿Fast food? Sí, puede ser, Feige cocinó sus películas como hamburguesas. Algunas muy bien preparadas y condimentadas, pero hamburguesas al fin y al cabo.

Y a todos nos gustan las hamburguesas, incluso a los que dicen que las odian, cosa de revisar redes sociales tras un estreno del MCU. Sólo una muestra: considerar que Endgame es la peor película de la década, según una encuesta reciente, no es exagerar; es la comprobación empírica que las Transformers de Michael Bay o las Rápido y Furioso en el fondo no existen o no importan, y eso es muy decidor. Pensar en el cine de la década del 2010 es pensar en Marvel y eso no va a cambiar ni aunque todos los Scorsese del mundo lloren y pataleen. Hubo un solo gran blockbuster esta década y ese se llamó Kevin Feige, el jefe de los superhéroes.

[caption id="attachment_111788" align="aligncenter" width="1920"]

Fargo.[/caption]

Mejor serie internacional: Fargo

Por Daniela Lagos

Cuando en 2012 se anunció que se haría una serie basada en la película Fargo, había razones para dudar. Se estaba tomando una de las grandes películas independientes del último tiempo para revisitarla en la pantalla chica, sin los hermanos Coen directamente involucrados y con un tipo a la cabeza que tenía como su mayor crédito haber escrito algunos capítulos de Bones.

Dos años después llegó a la TV una serie que no sólo acalló cualquier suspicacia y quedó al menos a la altura de la película original, sino que además se convirtió en la mejor de la década que termina (y que tiene sus tres temporadas disponibles en Netflix).

https://culto.latercera.com/2019/09/07/series-imperdibles-expertos-septiembre/

Tomando el universo de la cinta, su estilo de personajes, ritmo, clima y tipo de historia, Fargo exhibe relatos nuevos. Historias en plural porque en cada una de sus temporadas cambia de personajes, actores y trama. Y hasta el momento no ha fallado en ninguna de ellas.

Fargo es una ficción que destaca en el plano en que se le mire. Tiene una cinematografía impecable, historias llenas de humor, drama y también giros, un casting impresionante (Ted Danson, Martin Freeman, Ewan McGregor, Kirsten Dunst y Colin Hanks son algunos de los nombres que han pasado por ahí) y algunos de los mejores personajes que hayan pasado por la pantalla chica. Protagonistas y secundarios misteriosos, soberbios, avaros, malvados, tontos, buenos y varios directamente y maravillosamente extraños, hacen que cada capítulo sea un privilegio de ver.

Se puede discutir cuál es hasta ahora la mejor temporada de Fargo, su mejor policía, su mejor villano, pero lo que es indiscutible es que la pelea es entre sus ciclos y no con otras series. Está muy por delante de todo el resto.

[caption id="attachment_111792" align="aligncenter" width="1067"]

The Cure.[/caption]

Mejor concierto: The Cure en el Estadio Nacional

Por Marcelo Contreras

Escenas en la memoria, secuencias y sensaciones imborrables en esta década de grandes conciertos en Santiago: el campo de guerrilla urbana del estadio Bicentenario con Rage Against the Machine; el embrujo cuadrafónico y la espectacularidad sobrecogedora en la última visita de Roger Waters; el remate sónico de Queens of the Stone Age en Lollapalooza como clímax de año nuevo en Valparaíso; Lorde brillante y cautivadora en Fauna Primavera; Chris Cornell fulgurante en el Teatro Municipal; The Who a la altura de su leyenda en el Monumental; Rush retumbando nítido desde el Estadio Nacional para todo el sector oriente; el gentío en el mismo recinto completamente emocionado con Paul McCartney en 2011 y absorto con Radiohead una noche de cielo rojizo.

A diferencia de la tristeza infinita de Roy Batty en Blade Runner -"todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia"-, todas esas imágenes y sentimientos seguirán grabados en miles de espectadores, y batallan duro por calificar como lo mejor del ciclo de los diez últimos años. Las elecciones suelen ser odiosas y esta lo es, pero The Cure en el Estadio Nacional, el 14 de abril de 2013, reúne un conjunto de condiciones inigualables.

https://culto.latercera.com/2019/05/02/the-cure-disintegration/

La expectativa por décadas de espera era inmensa ante una banda única y generacional de los 80 que jamás tuvo intención alguna de salvar al mundo a la manera de U2, sino encarnar confusiones juveniles en una mezcla de tristeza, romanticismo gótico y deseo de fiesta servido en una imagen inigualable. En Chile, donde la música triste gusta, fue banda sonora perfecta para una generación bisagra entre el remate de la dictadura y la transición.

El carisma de Robert Smith, la emotividad de su canto donde todo depende de él porque en The Cure su voz manda, la complicidad con Simon Gallup, un listado de canciones sinónimo de himnos para fans como "Just like heaven", "Pictures of you", "Lullaby", "Fascination street", "In between days" y "One hundred years". Sonido perfecto. Banda y estadio a tope. Ídolos máximos por primera vez al frente y una generación cautiva por una noche.

[caption id="attachment_111790" align="aligncenter" width="900"]

¿Con qué sueñas?[/caption]

Mejor programa de TV: ¿Con qué sueñas?

Por Rodrigo Munizaga

Las ideas son gratis, el problema es que en la TV no abunda la genialidad. Paula Gómez junto a su productora Mi Chica pensaron en un programa documental donde niños de 7 a 13 años, de distintos lugares de Chile, contaran sus vidas y sueños. Todo aquel que haya trabajado en la industria audiovisual sabe que trabajar con niños es meterse en un problema enorme, porque son impredecibles frente a una cámara y pueden, simplemente, no querer hablar.

La genialidad mayor de ¿Con qué sueñas? es su casting, porque los menores terminaron relajándose y, entonces, nada parece impostado. Aflora en los relatos sentimiento y verdad, junto a una fotografía conmovedora, de niños que quieren construir, cuidar a sus papás cuando crezcan, que se largan a reír o a llorar sin filtro, que dicen verdades como si fueran grandes. Y lo que consigue el programa, en sus dos temporadas emitidas por TVN en 2010 y 2013 (su spin off Sueños latinoamericanos lo dio Canal 13 y una segunda temporada se alista para el canal público), es devolverle emoción a la televisión chilena. Sin tratar a los niños como tontos, sin ser paternalista, sin morbo, con una sutileza enorme y avasalladora.

El mejor programa de la década es también el más premiado (sus dos temporadas ganaron el Emmy Internacional, algo inédito para la televisión local), pero tuvo que ser financiado por el CNTV, pese a tener un presupuesto irrisorio por capítulo ($7,5 millones, mucho menos que otros programas), porque ningún canal habría puesto dinero por él. La lógica de una televisión que se ahoga en su crisis actual.

https://culto.latercera.com/2019/12/14/libros-chile-siglo-21/