El sol de la tarde iluminaba la esquina en la que levantaron un escenario improvisado. La reunión era afuera de la Catedral de Temuco. Un grupo de mujeres encapuchadas mostraba mensajes feministas pintados en el cuerpo. Alejandro Barra se veía emocionado. Lo habían invitado para hablar de su propia campaña.

Era 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer y cerca de mil personas lo escuchaban.

-Lo que sucedió con mi hija es que pensaron que era una más. Mi hija no es una más, y nunca será una más. Mi hija será un ejemplo y será una consecuencia que llevaré toda mi vida para lograr apoyar a toda la gente que no tiene fuerzas de gritar. Ahí estaremos gritando por ellas. Por todas las Antonias de este país, por todas las mujeres que han sido violentadas y violadas. Agradezco la oportunidad que nos han dado.

El padre terminó su discurso y vio al coro de personas que no conocía gritando por su causa.

- ¡Justicia para Antonia! ¡Justicia para Antonia!

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Antonia Barra Parra se suicidó el 13 octubre. Tenía 20 años y vivía en Temuco. Lo hizo después de acusar a M.P.B. (27 años), a través de audios a amigas, de haberla violado en una cabaña en Pucón, el 18 de septiembre.

En su familia no imaginaban lo que estaba pasando. Antonia no dijo nada ni actuó de manera diferente. La única luz fue un mensaje de despedida que dejó a su expololo.

Esos audios son los elementos más importante para la investigación que lleva la Fiscalía Regional de La Araucanía, la que intenta esclarecer qué llevó a la niña a terminar abruptamente con su vida.

Han pasado casi dos meses desde que la tragedia entró al hogar de los Barra. En el living de la casa, ubicada en el barrio Las Encinas, instalaron una fotografía de ella, la cuarta de los cinco hijos. Aparece de perfil, su pelo rubio cayendo sobre sus hombros, chaqueta de cuero y jockey negro. También pusieron un mandala que regaló una amiga de la madre. Retrata a la niña caminando hacia la cordillera, al atardecer.

"Los recuerdos que tengo son esa sonrisa. Los sábados llegaba y le daba un beso en la frente. Lo que echo de menos son todos los días ese 'buen día, papá', '¿cómo estás?, ¿buena semana". Ella era la que se preocupaba de eso. Del saludo, de que todos estuvieran bien", dice Alejandro, comerciante y presidente de la Fundación Saber Crecer, que se dedica a ayudar a colegios vulnerables.

El fin de semana del 13 de octubre, Alejandro y su esposa habían viajado a Chillán. Venían de vuelta a casa cuando, una hora antes de llegar a Temuco, una de sus hijas llamó por celular. Contestaron y se enteraron de la muerte de su Antonia. Gritaron y quedaron en shock.

"Lo lógico es que uno apriete el acelerador..., pero bajé la velocidad. Empecé a pensar... que había pasado algo. Llegué y le dije a mi familia que algo había pasado. Que conocía a mi hija. Me metí a su celular y, efectivamente, había una conversación que manifestaba una duda. Empiezan a llegar los amigos y me cuentan (...). De ahí en adelante empezó este tema. Le dije a mi familia que me iba a preocupar por la justicia, que esto no se iba a quedar así", cuenta hoy, sentado en un sillón del living, bajo el retrato de su hija.

Enterarse del testimonio que había dejado Antonia fue un golpe durísimo para la familia. Implicó enterarse de situaciones que desconocían. Hoy, los cuatro hijos, la madre y el padre están siendo ayudados por un siquiatra. De a poco están intentando retomar sus vidas.

"Vivimos un duelo que jamás pensamos vivir, se nos fue nuestra Puchu, una mujer maravillosa, inteligente, simpática, amorosa, talentosa, bella por dentro y por fuera, te arrebataron de nuestro lado, de nuestro andar", escribió Carla, su hermana, en sus redes sociales.

El padre ha asumido la voz de la campaña por la búsqueda de justicia para la niña. "No me puedo mostrar como muy débil. Sigo siendo el pilar de esta familia y todos me tienen que ver así, lamentablemente. Mis penas las guardo", reconoce.

El resto de los hijos ha participado activamente de las campañas que se han levantado en redes sociales por justicia y en contra de M.P.B.

El mantra de Alejandro se rompió el 25 noviembre, cuando la familia llegó a la Universidad Mayor, donde Antonia estudiaba Ingeniería Comercial. En la entrada vieron un pendón con fotos de alumnos. Lo habían elaborado a principios de año para hacer publicidad a la carrera. Ahí aparecía Antonia, estudiando junto a sus compañeros.

Ese día recibieron un diploma que la distinguía, por segundo año consecutivo, dentro del cuadro de honor por sus buenas notas.

El padre subió a recibir el diploma. Todos los alumnos, apoderados y profesores aplaudieron con fuerza. Fue la primera vez que rompió a llorar en público.

Quienes la conocieron coinciden: era una mujer preocupada por sus cercanos, cariñosa y buena amiga. Le gustaba bailar y cantaba a cada rato.

En sus redes sociales se mostraba como una persona sensible a temas sobre igualdad de género y violencia en contra de la mujer.

En la universidad le decían "Anto", "Nanto", "Rayencita" y "Monito". Junto a sus compañeros más cercanos organizaban paseos a una parcela en Cunco.

"Es un dolor grande. Desde el primer día mi amiga fue la Anto. Sentada al lado. Y ahora ver que no llega... Muchos pensamos que está de viaje, todavía esperamos su mensaje, ha sido duro", reconoce su amiga Francesca Durán.

Para este verano, Antonia estaba juntando plata para irse a estudiar inglés a Estados Unidos.

"Ahora les digo a mis hijos que si tienen un problema, cuéntenlo... todo tiene solución", dice Alejandro.

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Al testimonio de Antonia antes de suicidarse se sumaron otras siete mujeres que aseguraron haber sido agredidas por M.P.B. No se conocían entre ellas y algunas se comunicaron con Alejandro Barra para contarle lo sucedido. Los casos involucran violación y otros tipos de abuso sexual.

La más grave habría ocurrido en 2013. La víctima sería una mujer que en ese entonces tenía 13 años.

El Ministerio Público está analizando los testimonios en conjunto. En el caso de Antonia, cuya familia presentó una querella criminal por el delito de violación, la imposibilidad de tomarle declaración es un obstáculo importante . Han pasado 56 días de su muerte y aún no hay formalizados.

De todas maneras, fuentes cercanas a la investigación advierten que se han recolectado una serie de pruebas que permitirían sustentar la denuncia por violación. La más importante es un audio, enviado a un expololo, en el que acusa directamente a M.P.B. de agredirla sexualmente el 18 de septiembre.

"Le dijo (M.P.B.) al otro día, 'me violaste'. Se lo dijo, 'no te quiero ver nunca más, no te pares frente a mí, no me saludes'. Yle dice que lo va a funar, le dice en más de una oportunidad que lo iba a denunciar", revela Alejandro Barra, haciendo referencia a los testimonios de su hija a los que ha tenido acceso.

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Los hechos ocurridos en Pucón se han ido aclarando poco a poco. Antonia fue a pasar las Fiestas Patrias con una amiga a esa ciudad. La noche del 18 llegó a la discotheque Sala Murano y luego se dirigió, caminando con dificultad, junto a M.P.B. a una cabaña arrendada. Solo se conocían por Instagram. En la cabaña había 10 personas, a quienes ya se les tomó declaración. También se han periciado cámaras de seguridad.

Al día siguiente, se fue sola del lugar y envió un audio a una amiga pidiendo ayuda. Su voz da cuenta del mal estado en el que se encontraba y el shock que sentía.

Según los abogados de la familia Barra, se están investigando eventuales amenazas de parte del supuesto agresor después de ese día.

"No estoy inventando, lo dicen dos testigos. Antonia les dijo el sábado (un día antes de suicidarse) que el tipo la había llamado, la había puteado. Otra testigo dice que ella estaba preocupada, porque el tipo la había amenazado. Fueron dos frustraciones, la primera es la violación y, segundo, la amenaza. No pudo con eso", dice el padre, quien piensa que M.P.B. pudo haber insinuado a su hija que tenía fotos y videos de esa noche.

La Tercera se comunicó con el denunciado por medio de su abogado, pero no quiso hablar. En la investigación declaró que no hizo nada sin consentimiento de Antonia. No tiene otros antecedentes en la justicia.

Buena parte de la ciudad se ha vuelto en su contra. Se han realizado manifestaciones afuera de su casa y en lugares donde trabajó. Hay grafitis y pancartas con su nombre. Por el momento, M.P.B. se encuentra viviendo fuera de Temuco.

"Veo para atrás, a lo mejor una foto que me envió ese mismo día 18, el mismo día que sucedió... Tenía los ojos hinchados, pero ¿a qué lo puedo atribuir yo?... Que está cansada, que trasnochó. Ahora le das vueltas y piensas que estuvo llorando toda la noche", dice Alejandro.

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Martes 3 de diciembre, en el centro de Temuco:

Y la culpa no era mía...

Como en todo el mundo, la performance de Lastesis fue realizada por varios grupos de mujeres. La fecha era especial. Ese día, Antonia cumplía 21 años.

La historia ha movilizado a gran parte de la ciudad en tiempos de estallido social. Hay grafitis por todos lados que piden justicia. Su nombre, como consigna, se repite con otro caso insigne de la región: la muerte de Camilo Catrillanca.

El primer velatón fue organizado días después del estallido social. Fue en la plaza que ha funcionado como epicentro de las protestas en Temuco. Pidieron a los manifestantes no pasar por ahí para evitar disturbios. Ese día, todos respetaron el luto de la familia. "Ha sido motivante (...) la cantidad de gente que pide justicia para la gente que ha sido violada; no más violencia; en el caso mío, apoyo lo mismo, pero además estoy con el tema de mi hija. La gente escucha, todos estaban calladitos escuchándome", recuerda Alejandro.

"Es bien contradictorio lo que siento. Puedo decir que estoy en paz, porque la disfruté. Hasta los 20 años la disfruté a concho. El último paseo al que fuimos fue bien bonito. Ya no está, pero me quedan esos recuerdos", dice.

¿Por qué es contradictorio?

-A veces se contrapone con mi parte más lógica. Me pregunto ¿por qué no me lo dijo? La siquiatra me ha explicado por qué no lo hizo, pero a veces igual te cuestionas. Yo que soy tan avispado y no me di cuenta de nada. A veces le digo a Antonia, ¿cómo no me diste ninguna señal? (...), pero entiendo lo que estaba pasando con mi hija. Fue un trauma tan grande, que se lo guardó.

La Tercera Domingo se asesoró con la fundación Todo Mejora para comprobar que la redacción del texto cumpliera con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Si sientes que leer este reportaje te afectó y necesitas hablar de ello o si tienes ideas suicidas o las tuviste en el pasado, te recomendamos llamar cuanto antes al Fono Salud Responde del Ministerio de Salud, al teléfono 6003607777, a través del cual especialistas podrán brindarte ayuda. Si eres adolescente o joven menor de 30 años, puedes comunicarte por chat con Fundación Todo Mejora, en los horarios establecidos. Descarga la App gratuita Todo Mejora en Google Play o App Store y conversa con ellos.