Cuando aún nadie se reponía demasiado bien de aquella experiencia lamentable que resultó ser The sea of trees, con seguridad la peor película de Gus Van Sant, ayer llegó un largometraje que sirvió para olvidarlo todo y seguir confiando en que la programación de Cannes 2015 tiene  sentido. Carol, filme de Todd Haynes protagonizado por Cate Blanchett y Rooney Mara, despertó aplausos y bravos furiosos apenas se fue la pantalla a negro tras la última escena. Fue una reacción tan inmediata como las pifias y abucheos que The sea of tres recibió el viernes, exhibida a la misma hora y en la misma sala Debussy.

Basada en la novela homónima de Patricia Highsmith, la nueva propuesta del director estadounidense recrea, con primoroso detalle de época y una constante ráfaga de tristeza, la relación prohibida entre dos mujeres en la cerrada sociedad estadounidense de los años 50. Es la época de Eisenhower, de la caza de brujas anticomunista y de los chicos de provincia que viajan a la gran ciudad a casarse con la mujer de sus sueños.

En ese territorio de moral y buenas costumbres, la joven Therese Belivet (Rooney Mara), que también viene del interior del país, conoce en Nueva York a la pudiente Carol Aird (Cate Blanchett), una mujer sobre los 40 años que es infeliz con su esposo y que encuentra en ella un camino a un mundo mejor. Juntas construyen un refugio que sufrirá los implacables disparos de un entorno conservador y, particularmente, del esposo de Carol (Kyle Chandler), un mediocre y adinerado representante del establishment.

Con una atractiva banda sonora de Carter Burwell (el compositor de los hermanos Coen) y fotografía de su camarógrafo habitual, Ed Lachman, Carol es una descendiente directa de Lejos del cielo (2002), filme de Haynes que también transcurría en los 50 y donde Julianne Moore componía a una ama de casa que  vivía un amor furtivo tras enterarse de que su esposo era gay. Están aquí las mismas constantes del amor en fuga de un mundo hostil y el mismo retrato entre idealizado y amargo de ese período histórico que Hollywood tanto mitifica. Desde ya, muchos especulan que la caracterización de Blanchett valdría una Palma a Mejor Actriz.

El regreso de Moretti

Ayer fue en general una jornada de primer nivel en Cannes. No sólo llegó Carol, sino  también deslumbró el documental Amy de Aif Kapadia, que se presenta fuera de concurso y que cuenta la vida frenética de Amy Winehouse. Dentro de la competencia, también fue la hora del regreso de Nanni Moretti, ganador de la Palma de Oro en el 2001 con La habitación del hijo y responsable ahora de Mia madre, otro de aquellos filmes que descienden de antepasados felices. Mia madre es un retoño de la mencionada La habitación y en un tono levemente más ligero describe las luchas inútiles de una cineasta por conciliar su vida profesional y el apego a su madre, condenada a morir más temprano que tarde.

Moretti, que tiene fama de duro con la prensa, se mostró receptivo en la conferencia, quizás motivado por los aplausos que coronaron la proyección. Cuando le preguntaron por la curiosa opción de dejarse a sí mismo un rol secundario como el hermano de la directora de cine (Margherita Buy), Moretti dijo que jamás se le pasó por la cabeza que el cineasta fuera hombre: "Desde el principio estuvo pensado como mujer. Lo interesante para mí era poner en ella ciertas características que una mujer se supone no debe tener. Por ejemplo, ella duda de todo, siempre siente que va a perder el control, y se supone que las mujeres suelen tener bastante conexión con su entorno y siempre cuidar de sus familiares cercanos".

Después de los oficios de Moretti, le tocó el turno con la prensa a Gus Van Sant, que llegó con los dos actores principales de su película: Matthew McConaughey y Naomi Watts. Con una calma admirable tras saber que la película recibió abucheos múltiples, el realizador dijo: "Me acuerdo que en el 2003 , cuando Elephant ganó la Palma de Oro, también hubo una reacción curiosa de la prensa al término de la función. A algunos les gustó y a otros no, y al final hasta hubo peleas físicas". McConaughey tampoco eludió aquellas consultas, aunque se mostró algo más tenso al decir: "Todo el mundo tiene derecho a abuchear o aplaudir una película".