Desde que Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos, por instalar sus bases y tropas en el territorio de Arabia Saudita (ya que ahí se encuentran sitios sagrados para el islam), a consecuencia de la invasión iraquí de Kuwait (1990) y de la primera guerra del Golfo (1991), el yihadismo se ha expandido por zonas de Africa y Asia, y se ha situado como uno de los principales problemas que enfrentan los servicios de seguridad de buena parte de Occidente.

Una preocupación que se reeditó con los ataques contra la revista Charlie Hebdo y contra el supermercado kosher, ambos en París, y que dejaron 20 muertos, incluidos los tres atacantes, uno de los cuales parece estar vinculado al Estado Islámico, que opera en Siria e Irak, mientras que los otros dos al grupo Al Qaeda en la Península Arábiga (Aqpa).

Sin embargo, el surgimiento de otros grupos yihadistas, algunos de los cuales incluso compiten entre sí, no ha hecho otra cosa que crear una nebulosa donde se confunde la verdadera militancia de los atacantes con los que en realidad pueden ser llamados "lobos solitarios", es decir, quienes adhieren a la causa radical islámica, pero que actúan por su cuenta.

Atrás quedaron los tiempos en que los ataques terroristas de inspiración musulmana eran inmediatamente atribuidos al grupo creado por Bin Laden: Al Qaeda. Así ocurrió tras los atentados contra las Torres Gemelas en septiembre de 2011, con las acciones en Madrid, Londres, Bali, Casablanca, entre otros. Y en un comienzo los grupos integristas sunitas que luchaban contra las tropas estadounidenses en Irak, antes, y a las tropas de Bashar  Assad, en Siria, después, también eran circunscritos a esa llamada "franquicia terrorista", como fue definida Al Qaeda.

GIRO INESPERADO

Sin embargo, hubo dos hechos que posiblemente marcaron un giro en la presencia de los grupos yihadistas: la muerte de Osama bin Laden en Pakistán en mayo de 2011 y el estallido de la guerra civil en Siria ese mismo año. El primer hito marcó el comienzo de la decadencia de Al Qaeda y el segundo el fortalecimiento de un nuevo grupo que incluso se expandió a Irak: el Estado Islámico (EI).

Además, Siria se ha convertido en la nueva "cruzada" de los yihadistas, tal como en el pasado pudo haber sido Afganistán, durante la ocupación soviética. Hasta allí llegan, atraídos como un imán, jóvenes de todo el mundo árabe e incluso de Europa y Estados Unidos, que no sólo buscan convertirse en combatientes y pelear contra el régimen de Assad, sino que impulsar la creación de un califato, en un amplio territorio entre Siria e Irak.

Precisamente los grupos yihadistas actuales, que van desde Argelia a Filipinas, pasando por Nigeria, Somalia, Pakistán e Indonesia, si bien luchan, entre otras cosas, contra el estilo de vida y la influencia occidental, apuestan por la instauración de unos estados radicales islámicos en los territorios donde operan.

Ese es el caso de Abu Sayyaf, Al Shabab -que alcanzó notoriedad mundial en 2013 con el ataque a un mall en Kenia-, Ansar al Sharia e incluso de los talibanes, que ya estuvieron en el poder de Afganistán desde 1996 hasta 2001, cuando fueron derrotados por las tropas estadounidenses, en represalia por haber dado refugio a Bin Laden y por sus estrechos vínculos con Al Qaeda.

El surgimiento del Estado Islámico (EI), un grupo que desafió abiertamente la autoridad de Al Qaeda, por su presencia tanto en Siria como en Irak, puso en peligro incluso al gobierno iraquí apoyado por Estados Unidos y provocó la huída de minorías cristianas y yazidíes, por lo cual Washington y sus aliados conformaron una nueva alianza para atacar desde el aire las posiciones de ese grupo. Su líder, Abu Bakr al Baghdadi, es un iraquí que combatió a las tropas norteamericanas, pasó por la cárcel y escaló en las posiciones hasta convertirse en su máximo dirigente. Ya bajo su mando, en 2014, el EI se convirtió en la mayor preocupación de los gobiernos de Bagdad, Washington e incluso Teherán.

También en 2014, se puso en el tope de la atención mundial el grupo nigeriano Boko Haram por el secuestro de 276 niñas de una escuela en abril (se oponen a que las mujeres reciban educación), y esta semana generó nueva preocupación por la ofensiva que estaría llevando a cabo y que habría dejado más de 2.000 muertos sólo en lo que va de 2015 y una gran destrucción, según Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

El hecho de Al Qaeda en la Península Arábiga, que opera principalmente en Yemen, se haya atribuido la acción de los hermanos Said y Cherif Kouachi contra Charlie Hebdo, lo vuelve a poner en el foco de las agencias de inteligencia de la misma forma como ha estado el otro grupo que aun responde a la red, Al Qaeda del Magreb Islámico. Se trata de la única organización que tiene presencia en cinco países (Argelia, Libia, Níger, Mauritania y Mali). Su principal teatro de operaciones es el Sahara y sus raíces se remontan a la guerra civil argelina de los 90.