Casi al final de la película Underground (1995), una lluvia de bombas cae mientras dos traficantes de armas debaten en una casucha el precio de las balas y las granadas. A ninguno le importa la masacre que serbios y croatas tienen afuera: para ambos, la guerra es su negocio. Uno es el protagonista del filme, Marko, un mafioso que hizo carrera traicionando a su mejor amigo; el otro es un anónimo que representa a los que sacaron provecho de la tragedia que desangró a los Balcanes en los 90. La secuencia, que dura sólo un minuto, es el cameo más largo que había tenido Emir Kusturica en alguna de sus películas, pero desde entonces, el gusto del director serbio por ponerse frente a la cámara lo llevó a protagonizar cortos y filmes realizados, entre otros, por Pablo Trapero, Neil Jordan y Patrice Leconte.

Como Orson Welles o Woody Allen, a Kusturica le tentó la idea de autodirigirse. El primer paso lo dio con Nuestra vida, uno de los cortometrajes que forma parte de la película Words with gods, producida por Guillermo Arriaga y cuyo estreno tendrá lugar en 2014. En esa historia, escrita por su hija, la dramaturgista Dunja Kusturica, el cineasta interpreta a un monje que sufre el martirio de subir una colina cargando sacos con piedras de la construcción de su monasterio. Pero quedó con gusto a poco: inspirado en ese trabajo, Kusturica comenzó la filmación de su nuevo largometraje, titulado En la vía láctea, en el que él y la actriz italiana Monica Belluci tienen los papeles protagónicos.

LA CONTROVERSIA

La cinta, con la que el doble ganador de la Palma de Oro de Cannes retoma el drama luego de la comedia Prométeme (2007), se basa en la historia verídica de una espía de pseudónimo Luna, mitad italiana mitad serbia, que provenía de Krajina, actual Croacia. A partir de ese personaje, el cineasta construyó una ficción que comienza con un carnaval macabro: un grupo de soldados irrumpe en la boda de la mujer y asesina a los invitados. Sólo se salva ella y el pretendiente de su cuñada, interpretado por Kusturica, un hombre que transporta leche por los frentes de batalla y que en el camino alimenta a las serpientes, animales mitológicos que sirven al director para hacer su propia lectura sobre la guerra. Los personajes escapan y se enamoran, pero la mujer muere. La tragedia impulsa a su amante a convertirse en un monje.

Como todo rodaje de Kusturica, el proceso ha estado marcado por los cambios constantes en el guión, pero también por controversias políticas en torno al préstamo de material del ejército de Bosnia-Herzegovina, país donde el cineasta es considerado un "traidor" por no apoyar la causa de los bosnios musulmanes durante la guerra. El equipo también ha debido lidiar con el acoso de la prensa de farándula de los tres países donde se ha filmado la cinta, Serbia, Bosnia y Croacia, que como nunca se ha unido con un objetivo común: seguirle la pista a Bellucci, que acaba de anunciar su divorcio del actor francés Vincent Cassel.

En la vía láctea es el undécimo largometraje del director de Tiempo de gitanos (1989), luego de abandonar la idea de un filme sobre Pancho Villa que sería protagonizado por Johnny Depp. La prensa acaba de anunciar un posible documental sobre el Presidente de Uruguay, José Mujica, y aunque se ha dicho que el rodaje podría comenzar en diciembre, Kusturica está concentrado en terminar su proyecto actual, que espera estrenar en Cannes 2014. Sobre el futuro, el director ha mencionado dos proyectos: una película sobre el tráfico de órganos en Kosovo y una cinta en francés con Tahar Rahim (protagonista de Un profeta) y Bellucci, la que tendrá como escenarios Marruecos y Francia.