En la parte alta de Reñaca, donde el camino es una huella de tierra que no tiene nombre, existe una comunidad que parece villorio rural, más que asentamiento viñamarino. Rodeadas de bosques de eucaliptos, viven 30 familias en casas rústicas de barro y madera. Tienen hornos solares, huertas, humedales para purificar el agua de la cocina y composteras para hacer de la basura orgánica tierra fértil. Algunos hacen tofu que intercambian con algún vecino por pan fresco. Otros dan clases de yoga o les enseñan a los niños a leer. La comunidad se llama Blowing in the wind y casi todos los que viven en ella han levantado sus casas con sus manos. No son arquitectos ni ingenieros calculistas, pero su visión orgánica de la vida los ha hecho arreglárselas para construir con poco presupuesto, usando materiales reciclados o de bajo impacto ambiental.

Anselmo Magaña Stuven (42), ex publicista y esquiador, uno de los más antiguos moradores de la comunidad, imparte un taller de construcción en barro, material del que están fabricadas casi todas estas casas. "Aprendí la técnica de unos amigos que a su vez aprendieron con Gernot Minke, arquitecto alemán de la Universidad de Kassel que escribió un Manual de construcción en tierra que he estudiado en detalle. Lo demás me lo ha dado la experiencia: he participado de la construcción de la mayoría de las casas en la comunidad", cuenta y asegura que el barro tiene muchas cualidades. "Es un material inteligente, porque todo el calor que absorbe durante el día lo transmite durante la noche hacia el interior. Por eso las casas de barro son calientitas en invierno y no requieren tanta calefacción" dice.

TALLER PARA CONSTRUIR CON BARRO
Basado en su experiencia y los detalles técnicos del manual alemán, Anselmo Magaña dicta tres veces al año en la comunidad Blowing in the wind, en las estaciones más soleadas, un taller de dos días en los que enseña los pasos básicos para construir con barro (más información en huertasderenaca@gmail.com). Se aprende a reconocer la arcilla y a hacer mezclas con ella para obtener un buen barro para reboque, que se mezcla con bosta de caballo y paja de trigo para mejorar su consistencia. Se practican técnicas para aplicar el barro en la construcción: en encofrado, sobre un panel con quincha o sobre un panel con entramado de ramas. Y se experimenta sobre sellado y aislación. "El taller sirve para quienes quieran construir sus casas o hacerles mejoras con sus manos. Para hacer la estructura es imprescindible la ayuda de un maestro o de alguien con conocimientos en construcción, todo lo demás puede hacerlo cualquiera que conozca los pasos básicos del manejo del barro", asegura. Además de las técnicas con barro, el taller entrega tips para la construcción con elementos naturales, como:

-Botellas plásticas: "En medio de los paneles de madera colocamos paja y botellas de plástico rellenas con papeles, que luego recubrimos con barro. Los llamamos ladrillos ecológicos y son un excelente aislante".

-Baba de tuna: "Para sellar el barro, la baba de tuna es un estupendo impermeabilizante natural. Para obtenerlo, en un tambor con 50 litros de agua se dejan remojar por 3 días 4 palas de tuna. El líquido resultante es muy pegajoso y se aplica con escobillón sobre los muros exteriores. Se recomienda aplicar una vez al año".

AMPLIACION POR $ 300.000
Hace poco, Anselmo Magaña hizo una construcción de barro aledaña a su casa, en Reñaca, donde instaló la cocina y el comedor. Tiene las mismas dimensiones y estructura de tabique que una mediagua (17,3 m²), pero él la reforzó con entramado de quincha, botellas plásticas y paja, y la rebocó con barro. Por dentro la pintó con cal y le hizo decorados con tierras minerales que saca de los cerros. La ampliación le costó $ 300.000, la mitad de lo que cuesta una mediagua. "Los listones de madera me los conseguí en una barraca, la arcilla la obtuve de un camión que iba a botarla y me cobró cinco mil pesos por la bencina. Usé tres fardos de paja y ventanas de demolición. Una de las gracias de construir así es que es muy barato, porque se ahorra la mano de obra", cuenta. El valor no incluye la obra de gasfitería, electricidad y alcantarillado.

EN SANTIAGO
Aunque en la Comunidad Ecológica de Peñalolén casi todas las casas son de barro y madera, han sido levantadas por cuadrillas de maestros bajo el ojo atento de algún arquitecto o constructor. Pero no es el caso de Clara Yáñez, que con la ayuda de su hijo instaló los cimientos de su casa en 1996. A sus 72 años, con el mismo entusiasmo que fabrica juguetes y muebles de madera, hoy ayuda a su hijo a construir una nueva pieza para hacer crecer su casa, a pocos metros de la suya. "Construir es fácil, basta tener algunos conocimientos básicos y lo demás es sentido común. Nosotros construimos con ayuda de un solo maestro y usando un manual de autoconstrucción de casas básicas. Metimos harto las patas, porque medimos o calculamos mal, y no todo nos quedó perfecto, como el suelo de ladrillo, que quedó irregular, con baches", dice. "La gracia y también el defecto de la construcción artesanal es que es sumamente imperfecta", define.

QUE PIENSAN LOS CONSTRUCTORES

Loretxu García, socia de la empresa constructora chileno-española Infiniski dice que la autoconstrucción presenta dos problemas: "Puede ser muy romántica, pero la calidad de la construcción es infinitamente inferior. Las terminaciones no son las adecuadas y el aislamiento de las viviendas, las techumbres y los suelos son precarios. Y muchas veces se saltan los permisos municipales para construir, lo que genera problemas con el valor comercial de la vivienda, porque los bancos no las reconocen legalmente. Si quieres hipotecarla o venderla a alguien que necesite crédito hipotecario para comprarla, no es posible. Su valor comercial es nulo", dice.