Terry Gilliam es un cineasta atribulado, qué duda cabe de eso. El rodaje interrumpido de The man who killed Don Quijote en 2001 -que aún no puede consumar- y la muerte de Heath Ledger en medio del rodaje de The imaginarium of Doctor Parnassus, son muestras fehacientes de sus eternos problemas.

Esta última cinta, recibida con gran expectación en Cannes por su aliento mortuorio, ha tenido variados problemas para llegar a las pantallas. Si alguien pensó que por el solo hecho de tener a Ledger en su última actuación sería grito y plata, se equivocó. El filme, que muestra el barroco imaginario del director y su gusto por la extravagancia y la desmesura, no causó una buena impresión en los estudios hollywoodenses, en vista de una posible distribución.

Ya en Cannes ningún productora se animó a comprarla, y en EEUU Gilliam intentó con varios, y solo después de arduas negociaciones con Sony Pictures Classics, el brazo independiente de Sony, se llegó a acuerdo para el lanzamiento en salas del filme.

La fecha elegida es altamente simbólica: 25 de diciembre de 2009, una de las últimas elegidas por las grandes películas para ser considerados en las listas para el premio Oscar. Y la apuesta es potenciar la actuación de Ledger para que pueda optar nuevamente en forma póstuma a un Oscar, como lo hizo con Batman, el caballero de la noche. La cinta tiene planeado estrenarse en el resto del mundo en noviembre.

En The imaginarium of Doctor Parnassus, Heath Ledger da vida a Tony, uno de los personajes que ayuda al Dr. Parnassus, encarnado por Christopher Plummer, a salvar el alma de su hija de las garras del mismísimo Diablo, interpretado por Tom Waits.

Un papel en que Ledger fue reemplazado por Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell, tres megaestrellas que rindieron así su pequeño homenaje al fallecido Ledger.