La historia es conocida. El 16 de julio de 1969, los cinco motores F-1 del Apollo 11 se ponen en marcha para empujar al espacio al Saturn V y llevar a Neil Armstrong a pisar la Luna. Luego de unos minutos, la estructura se separa de la nave para reentrar a la atmósfera, deformarse y golpear el océano Atlántico a 7 mil kilómetros por hora, despedazándose por completo.

Más de cuatro décadas después, y a casi 5 kilómetros bajo el mar, una misión llevada en conjunto por la Nasa y Jeff Bezos, fundador de Amazon, logró localizar los retorcidos restos para traerlos de vuelta a la superficie.

Los motores F-1 tenían más de 3,5 metros de diámetro, 6 metros de alto, una potencia de 15 millones de kilogramos y 680 mil kilogramos de empuje.

Según cuenta Bezos en el sitio del proyecto, los restos serán sometidos a un proceso de restauración que evite su deterioro producto de la corrosión.