Cuando más invencible parecía, un ignoto púgil norteamericano lo puso en la lona en un ring de Tokio, para cambiar para siempre el destino de su vida. Mike Tyson estaba llamado a ser uno de los más grandes púgiles de todos los tiempos, pero James Buster Douglas no sólo lo derribó aquella madrugada del 11 de febrero de 1990, sino que aceleró su decadencia, que tendría su punto cúlmine un año después, cuando terminó encerrado en una habitación con Desire Washington, quien lo acusaría de violación. Un cargo que le costaría tres años de cárcel y al que se aferró la PDI para prohibirle ayer el ingreso a Chile.

No era la primera vez, en todo caso, que Tyson quedaba privado de libertad. A los 13 años ya acumulaba más de 30 arrestos, la mayoría por robos menores y riñas en las peligrosas calles de Brooklyn . Precisamente durante una de sus estadías en un centro de detención juvenil conoció al hombre que lo acercaría al deporte de los puños: Bobby Stewart, un ex campeón aficionado de Estados Unidos.

El boxeo lo alejó por algún tiempo de los problemas con la justicia, no así de las polémicas. Ni el título mundial de los pesos pesados frenó su ímpetu ni las ganas de sumar líos. Como cuando perdió un rollo con un millón de dólares en efectivo o cuando le "regaló" 250 mil dólares a una mujer que lo demandó porque su cachorro de tigre la mordió.

La derrota con Buster Douglas lo despojaría de la corona y también del aura invencible que lo rodeó durante toda la década de los 80. A partir de ahí, la vida de Tyson comenzó a aparecer más en las páginas policiales que deportivas. Además del episodio con Desire Washington, se declaró en bancarrota y protagonizó uno de los episodios más bochornosos de la historia del boxeo: en junio de 1997, no encontró nada mejor que morderle la oreja a Evander Holyfield.

"A veces me odio. Detesto mi vida y siento que no merezco nada. Nunca quise ser Iron Mike. Odiaba a ese hombre. Pero es el hombre en el que tuve que convertirme para sobrevivir", confesaría hace un tiempo Tyson, el mismo que reconoció que probó la cocaína a los 11 años y que hoy se gana la vida participando en el cine, dando espectáculos de stand up alrededor del mundo y animando diversos eventos. Justamente a eso venía a Chile, pero su tormentoso pasado se lo impidió.