El chiste no es demasiado bueno y se sirve de un modismo rioplatense: "¿Sabes por qué Pinocho no puede jugar al fútbol? Porque es de madera". No es demasiado gracioso, pero es efectivo: fue la broma que, colgada en un video de YouTube, hizo que a fines de abril Jorge González tomara el teléfono de su residencia y contactara a Gonzalo Yáñez -cantautor uruguayo avecindado en Chile hace  dos décadas- con el sólo propósito de compartir esa risotada que provocan las historietas sin mayor gracia.

"Hablamos todos los días, al menos unas dos veces. A su cuerpo le hace bien cosas como digitar números, por eso me hace estos llamados, que por lo general son sólo para reírnos, para puro joder", resume el músico ante un relato que ilustra uno de los vínculos más férreos de la música local, extendido por cerca de 12 años y que llevó a Yáñez no sólo a colaborar en el epílogo de Los Prisioneros, sino que también a consolidarse como el guitarrista de la actual banda del sanmiguelino.

Y algo más: la secuencia del chiste malo de Pinocho se convirtió de manera inesperada en una suerte de nueva fase en la rehabilitación del cantante y en el primer paso para su retorno a los estudios de grabación, luego del infarto cerebrovascular de febrero y de iniciar un reposo que lo tendrá alejado de los escenarios durante gran parte del año.

Tras el telefonazo, Yáñez invito a su camarada a su casa en el sector de Colina, para compartir durante un par de horas y, sobre todo, para comer pizzas, la obsesión culinaria que guardan en común. Ya en la residencia, el uruguayo empezó a rasgar su guitarra, mientras que González se sentó frente a un piano y se largó a tocar algunas notas de manera gradual y pausada, sobre todo con su mano derecha, y por primera vez desde los problemas de salud diagnosticados en el verano. Es más, ya envalentonados, se aventuraron con versiones de los Bee Gees y con una sacrílega relectura para Knockin' on heaven's door, de Bob Dylan, con varias frases del estribillo cambiadas por palabrotas en español.

"Y de a poco se puso a cantar y a vocalizar, no igual que siempre, pero con muchas ganas y como una manera de agarrar confianza, de volver a vibrar con lo que siempre hizo. Es una señal de que su proceso de recuperación avanza bien", determina el hombre del hit Volvemos a caer, ante una pequeña revelación que los hizo apostar por un botín mayor: tras la improvisada sesión de piano y guitarra, le propuso al ex Prisionero que participara como invitado de su nuevo álbum e hiciera coros en alguna de sus canciones.

De hecho, el cantante aparecerá en Vuelve a creer en mi, tema que Yáñez imagina como una pieza soul revestida con un numeroso coro de músicos a la usanza de los grupos de gospel, en la que su aliado de siempre tendrá una intervención protagónica. Un track que es parte del disco que se grabará desde  el 2 de junio en los estudios Agartha de Providencia, en lo que materializa la vuelta de González a los proyectos artísticos. En su círculo privado, no se descarta que el compositor pueda lentamente embarcarse en otras iniciativas musicales de corte inmediato.

Yáñez sigue: "Se nos ocurrió la idea de que retome el canto a nivel profesional, pero con cero presión. Que tarde lo que quiera, sin apurarlo, que le sirva para su situación actual y que, más allá de lo técnico, sirva para ponerle su energía al álbum". José Ignacio Jaras, productor del trabajo, agrega: "Para un músico, no poder cantar es anular su forma de expresión. Por eso creemos que esto le puede ayudar mucho, casi como parte de su terapia".

Con médicos y con series

Además, el plan refleja una serie de instancias extra médicas impulsadas por González para sobrellevar los meses de rehabilitación. Por ejemplo, y más allá de escuchar discos o leer libros, el músico ha aprovechado de ver casi la totalidad de la serie argentina Los Simuladores, de la que se declara fanático. Igual que de Las Tortugas Ninja; de hecho, instó a Yáñez a que viera la película estrenada en 2014, pese a que su compañero se resistía al revival.

A la hora de las visitas, otro artista  con el que se ve de modo frecuente es Pedropiedra, también baterista de su conjunto. En el plano más técnico, el autor de La voz de los 80 sigue bajo la supervisión de un contingente integrado por un neurólogo, un fonoaudiólogo y un kinesiólogo. Además, ha barajado la alternativa de asistir junto al propio Yáñez a sus sesiones semanales con el fonoaudiólogo.

Por su parte, el hombre nacido en Montevideo se alista para facturar el sucesor de Careta (2012) y para continuar una de las carreras más consistentes del pop nacional en la última década. Con 10 temas, su próximo trabajo retratará la vida de un creador que hoy disfruta de una mayor estabilidad y madurez -hace poco más de un año fue padre de Julián, de quien precisamente es padrino González-, pero siempre bajo esa dimensión de canción pop fresca y confesional que tiene como faros a David Bowie, Bob Dylan o John Lennon.

"Siempre me he sentido más cerca de Camilo Sesto que de MGMT", sintetiza el cantautor frente a una obra que también tendrá como colaboradores a Leo Saavedra (Primavera de Praga), que ya adelantó su primer single (La calle de enfrente) y que guarda una novedad: se armará a través de la vía de financiamiento colectivo crowdfunding, la que a cambio entregará recompensas como participar en la grabación del título y cuya plataforma funcionará desde mañana en gonzaloyanez.com.