Lo anunció varias veces. Para que no quedara duda, Philip Roth lo repitió en entrevistas en Francia, Estados Unidos e Inglaterra: se retira. Con 81 años, no sólo deja la literatura, también la vida pública. Autor de un puñado de novelas decisivas para las letras americanas de los últimos 50 años, desde El mal de Portnoy (1969) a Pastoral Americana (1997), Roth llegó a cargar con el rótulo del ser el mejor escritor americano vivo. Y de los grandes del planeta también. Quizás sea cierto. Con su jubilación deja un cupo libre. Postulantes no faltan.

Pero, ¿qué significa ser el mejor en literatura? En el panteón de los clásicos brillan best seller que les ganaron a todos en vida, como Charles Dickens y Pablo Neruda, y anónimos derrotados, como Franz Kafka o Fernando Pessoa. Cada uno a su manera, abrieron nuevas rutas para los géneros que escribieron y expandieron los límites del lenguaje. O dieron cuenta de su época, crearon universos estéticos personales, etc. Perduran en el tiempo, como Tolstoi, Joyce o Flaubert.

Antes que el tiempo de su veredicto, pedimos a escritores y críticos chilenos y extranjeros ayuda para encontrar a los clásicos del futuro. Obviamente, es una lista tentativa. "Prefiero hablar de 'mis mejores'", dice el novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez, que menciona a una favorita de muchos: Alice Munro (82). La elegante cuentista canadiense, Nobel de Literatura 2013, también es mencionada por el crítico ecuatoriano Wilfrido del Corral, mientras Jonathan Franzen lleva años apuntándola como la mejor.

A contrapelo de la intimidad rural de Munro, V. S. Naipaul (81) quiere atrapar todas las contradicciones culturales del colonialismo del siglo XX en novelas que también son crónicas y diarios de viajes: al británico de origen trinitense, Nobel 2001, lo menciona el editor de UDP, Matías Rivas, también Vásquez. Menos ambicioso, pero social a su manera, es Rubem Fonseca (89): el brasileño lleva 50 años desarmando los códigos del policial en violentas fábulas urbanas. "Ahonda como nadie en el tema del libertinaje", dice el crítico Juan Manuel Vial.

En el Cono Sur hay un indiscutido: Mario Vargas Llosa (78). Mencionado por los escritores Edmundo Paz Soldán, Jorge Volpi, Vásquez y el administrador del sitio literario Complete Review.com, Michael Orthofer, el peruano es el último de una generación de autores que reinventó la literatura latinoamericana. En España, en tanto, los dardos apuntan a Javier Marías (62). Los mismos novelistas recién nombrados, más el crítico peruano Julio Ortega, lo destacan entre los mejores: las 1.500 páginas de Tu rostro mañana lo confirmaron.

El italiano Claudio Magris (75) ha levantado un registro de las palpitaciones históricas centroeuropeas a través de novelas que parecen ensayos y viceversa. "Es el máximo divulgador de aquel mundo misterioso al que llaman la Mitteleuropa", sostiene Vial sobre el autor de El Danubio. Geográficamente cercano, pero más controvertido, el austríaco Peter Handke (71) -dramaturgo, novelista, guionista, ensayista- ha ejercido de tábano moral para el destino de Europa de posguerra, a veces sin cálculo, como cuando se puso del lado de Serbia en la Guerra de los Balcanes. "Pese a ser políticamente incómodo, por lo que escribe, Handke es de los mejores", dice Orthofer, apoyado con vehemencia por Rivas.

Entre los restos de un imperio se pasean dos húngaros intensamente alabados. Peter Esterhazy (64), que merodea por sus antecedentes en el Imperio Austrohúngaro, y László Krasznahorkai (60), que describe desde el humor negro las cenizas aún tibias de la era soviética. Lo destaca Paz Soldán, que junto al argentino Patricio Pron, también señala al rumano Mircea Cartarescu (58). Poeta, crítico y novelista de ambiciosos proyectos -Orbitor es una compleja trilogía-, avanza al borde de lo fantástico, como Borges.

Nacido en la misma zona, el checo Milan Kundera (85) arrancó de la vida soviética para instalarse en Francia, donde ha escrito una obra lúcida y culta, llegando a conectar con las masas como La insoportable levedad del ser. Para Juan Gabriel Vásquez es de los mejores. Para Volpi, en Francia hay otro: Michel Houellebecq (58), el enfant terrible que capturó el desánimo de su generación en novelas como Las partículas elementales . Pero si capturar el signo de los tiempos se trata, hay un británico: Martin Amis (64). Mientras sus compañeros McEwan y Barnes se pierden en tramas ingeniosas, él sigue siendo un rabioso sarcástico, que en su desmedida ambición se equivoca con elegancia.

En el borde Europa, el turco Orhan Pamuk (61) ha ganado admiración por narrar el colapso de dos mundos en su país. Cruzando el Mediterráneo hacia el Oriente, aparecen el israelí David Grossman (60) o el chino Mo Yan (59). También Haruki Murakami (65), el japonés que conquista lectores en todo el mundo con sus novelas oníricas, melancólicas y fantásticas. Pocos concitan más apoyo que J. M. Coetzee (74): Volpi, Vásquez, Paz Soldán, Vial y el autor español Eduardo Lagos, indican al autor de Desgracia, Juventud y otras obras maestras como el mejor de todos. Es la contundencia y hondura de una escritura despojada, también su oblicuo retrato de la precariedad humana.

En terreno chileno, aparece la revolucionaria poesía de un autor que va por el siglo. "Nicanor Parra es por lejos el mejor poeta de nuestra lengua", dice Vial, que es apoyado por el peruano Julio Ortega. Los secunda Rivas, que lanza otro poeta al ruedo: el transparente y reflexivo John Ashbery (86), que para críticos como Harold Bloom es el mayor poeta americano de la segunda mitad del siglo XX. Antes de dejar este lado del mundo, entre los consultados se menciona a dos argentinos: Ricardo Piglia (72) y César Aira (65).

Volviendo a Bloom, algo tiene que aportar: Thomas Pynchon (77), Cormac MacCarthy (80) y Don DeLillo (77). Una tríada de perturbadores retratistas del caos estadounidense del siglo XX. Pron, Volpi y Lagos señalan entre los grandes a DeLillo, que en novelas como Ruido de fondo o Libra le da una forma y textura fascinante a la paranoia política americana. Para Vásquez y Vial, nadie como McCarthy (Meridiano de sangre) desplegó una oscuridad tan cruel y a la vez tan conmovedora.

Hay más americanos posibles. La prolífica Joyce Carol Oates, Toni Morrison, el ambicioso Jonathan Franzen, Jennifer Egann. Quizás en el futuro estén entre los mejores. Y también la británica Zadie Smith, el noruego Karl Ove Knausgård, el dominicano americano Junot Diaz. En todos los casos, tendrá que hablar el tiempo.