Hace 20 días, en un auditorio repleto y con cámaras y teléfonos en alto, la vocera de la Academia Sueca, Sara Danius, hizo un anuncio: "El Premio Nobel de Literatura 2016 es para... Bob Dylan". Aplausos, silbidos, reacciones de incertidumbre quizás. Una sorpresa que no tardó en difundirse a través de las redes sociales que ha generado toda clase de respuestas. El Premio Nobel había cambiado para siempre.

Pasaron al menos dos semanas hasta que el mismo Robert Allen Zimmerman (nombre real de Dylan) se manifestó al respecto. Dijo estar anonadado, tanto que no sabía realmente qué decir. Sería por eso que durante los conciertos que dio en ese periodo apenas saludaba al público y se limitaba a cantar los temas que le habían valido el premio. Y aunque él no hablaba, el resto del mundo expresaba su opinión. Mientras su amigo Leonard Cohen celebraba el dictamen, el escritor peruano, Mario Vargas Llosa, ganador del Nobel el 2010, dijo que "Bob Dylan es un buen cantante, pero no es un gran escritor (…) es la civilización del espectáculo, que ya llega a la Academia Sueca".

La última reacción que se ha conocido es la de Patti Smith, cantante, intérprete – como prefiere que la llamen – y escritora que, durante una entrevista concedida a la agencia EFE por su último libro, señaló que hubiera preferido que el Nobel se lo dieran a Haruki Murakami. A Dylan deberían haberle dado "un galardón especial por su enorme contribución poética, sentimental y política al cancionero americano, con algunos de los temas más increíbles de la historia", dijo.

La "madrina del punk" presentó a sus 69 años la secuela de Just Kids (2010) - su autobiografía -, titulada M Train, publicada el 2015. En esta revive algunas historias de su relación junto al artista Robert Mapplethorpe y también cita a diversos autores que la han influenciado en su carrera artística entre los cuales se encuentran Jack Kerouac, Jean Genet, William Borrough, Paul Verlaine y Roberto Bolaño, otro de los olvidados por el Nobel, según ella.