Martín Palermo supo de finales como jugador. Disputó muchísimas, la mayoría vistiendo la camiseta de Boca Juniors. Y de alguna u otra forma, siempre se las arregló para terminar festejando. El Loco, como se hizo conocido en el fútbol mundial, se cansó de dar vueltas olímpicas, transmitiendo una seguridad en sí mismo que contagiaba al resto.

Curiosamente, toda aquella experiencia en definiciones como jugador, cargado de títulos y de grandes epopeyas, no pudo o no supo transmitírselo a los jugadores de Unión Española, que en dos fechas vieron esfumarse casi por completo las chances de salir campeón. En un breve pestañeo, los hispanos pasaron de ser líderes, y con el fixture más favorable de todos los aspirantes al título, a estar relegados al cuarto lugar, a cuatro puntos de los ahora punteros. Y más encima, entremedio quedó eliminado de la Copa Chile a manos de Everton.

Panorama negro, que el propio Palermo quiso revertir en pleno segundo tiempo, una vez que Salom desperdició un lanzamiento penal, con el marcador en ventaja para el local. "Dejen de boludear, hasta cuándo. Somos un equipo", se despachó el DT ante los futbolistas, que sorprendidos intentaban volver al partido. A esa altura, Ampuero ya le  había reprochado al ariete argentino el fallo desde los 12 pasos.

De aquel equipo solidario, pragmático y sumamente efectivo que supo escalar a la cima del Apertura, prácticamente un símil de lo que fue Palermo como futbolista, no asomó nada en La Cisterna. Ya se habían advertido ante la U algunas grietas colectivas preocupantes, que ahora ante Palestino se agudizaron.

Aparte del penal desperdiciado por Salom, los hispanos se crearon un par de ocasiones claras para convertir. Muy poco para un equipo que tenía la posibilidad concreta de subirse nuevamente al tren del título.

Palestino siempre pareció más cerca de la victoria. No sólo porque tuvo más claro los caminos para llegar al gol. Además, contó con las individualidades que marcan diferencias en partidos cerrados. Caso Benegas, para romper el marcador con un gran giro en el área, y posteriormente Melo, quien le contuvo el

penal a Salom.

En el caso de los visitantes, no asomó nadie por la Cisterna que rompiera la monotonía. De la dupla de ataque no hubo mayores noticias. Caso aparte el de César Pinares, que lamentablemente para los hinchas hispanos acumula dos fechas desaparecido. Ni ante la U ni ante Palestino, el zurdo marcó presencia futbolística. Y desde aquella situación, Palermio vio resentido el rendimiento del equipo porque no encontró nunca una solución que pudiera disimular el bajón del mediocampista formado en Colo Colo.

Quizás el último gol, obra de Rosende, fue demasiado premio para Palestino. Pero si hubo un equipo que buscó más y mejor el triunfo fue el cuadro dirigido por Nicolás Córdova.

Obligada a buscar el triunfo, Unión Española se quedó en el camino para seguir alimentando la ilusión. Y lo que es peor, no mostró suficientes argumentos para plantar candidatura en la recta final. El pánico escénico se apoderó de un equipo dirigido por quien supo brillar en los más adversos escenarios del continente. Palermo lo advirtió en medio del partido, pero ya era tarde. El tren del torneo pasó por Santa Laura, pero el equipo no pudo subirse.