El arrojo de Javier Tapia

Antes de realizar una instalación en una ciudad, el chileno Javier Tapia (38) se traslada a vivir allí por un tiempo para investigar y recolectar toda clase de fetiches que hablen del lugar. Residente en Copenhague y todavía poco conocido en Chile, este artista, dibujante y escultor ha ganado presencia en Europa del Norte y Estados Unidos. A fines de este año realizará, junto al artista danés Peter Bonde, una gran instalación en el Museo Nacional de Bellas Artes.




Paula 1165. Sábado 17 de enero de 2015.

Antes de realizar una instalación en una ciudad, el chileno Javier Tapia (38) se traslada a vivir allí por un tiempo para investigar y recolectar toda clase de fetiches que hablen del lugar. Residente en Copenhague y todavía poco conocido en Chile, este artista, dibujante y escultor ha ganado presencia en Europa del Norte y Estados Unidos. A fines de este año realizará, junto al artista danés Peter Bonde, una gran instalación en el Museo Nacional de Bellas Artes.

En el contexto de la actual generación de artistas chilenos, Javier Tapia aparece como un fenómeno singular. Residente en Dinamarca desde hace 12 años, su obra integra referencias del arte europeo (sobre todo a partir de los años 90) con elementos de la tradición americana; influencias del suizo Thomas Hirschhorn y del norteamericano ya fallecido Jason Rhoades, entre otros. Tapia utiliza, sin ningún prejuicio, imágenes y objetos de procedencias, materialidades, significados y estéticas diversas, y los traduce a su obra aplicando también distintos lenguajes y formatos.

Su trabajo ha logrado importante reconocimiento en el norte de Europa y en California, Estados Unidos. Pero en Chile no es suficientemente conocido, porque ha estado casi ausente de la escena local. Apenas egresó de Arte en la Universidad Católica, a fines de los 90, se fue del país y, desde entonces, no ha parado de producir. En Barcelona vivió tres años y luego se trasladó a Dinamarca; hoy es el único chileno egresado de la Royal Academy de ese país, una de las instituciones de enseñanza de arte más importantes del mundo.

El dibujo es un lenguaje íntimo y muy propio de Javier Tapia.

La obra de Tapia puede entenderse como una traducción visual de un estado cultural determinado. Tapia opera como un explorador, historiador y arqueólogo. Investiga exhaustivamente la historia y las condiciones culturales del lugar donde realizará una intervención y se traslada a vivir allí por un tiempo, explorando calles, suburbios y paisajes, boliches, tiendas, bibliotecas, bares, museos. De esa experiencia elabora su propio relato sobre el lugar y lo narra a través de objetos e imágenes recolectados durante el proceso. Con este método ha realizado intervenciones en distintas ciudades del mundo. "Me interesa generar mapas personales sobre temas relativos a la situación actual y pasada de un barrio, una ciudad, una región o un país, combinando de manera personal elementos y significados, para abrir nuevas posibilidades de lectura", dice.

Extraordinariamente prolífico, desde que comenzó su carrera, Tapia ha realizado en promedio una muestra individual por año. También ha participado en más de 30 muestras colectivas y ha realizado otros 20 proyectos, que incluyen intervenciones, dibujos, publicaciones, películas, performances, etc. Su trabajo, apoyado por el Danish Art Council, se ha mostrado en decenas de países.

Un ejemplo cercano es la instalación que hizo hace un año en la galería alternativa Tajamar, un cubículo transparente ubicado en la plazoleta central de las emblemáticas Torres de Tajamar, en Providencia. Se trata de la única intervención que ha realizado en Chile desde que se fue. En esta especie de vitrina, el artista instaló múltiples objetos recolectados en Santiago: publicaciones y fotos nuevas y viejas, populares y elitistas, chilenas y extranjeras; libros de todas clases; imágenes de piezas precolombinas junto a adornos kitsch; cajas de cartón y bolsas de tiendas caras; utensilios domésticos y herramientas de trabajo; objetos industriales y artesanías; sombreros de vestir y cascos; héroes de la patria y modelos de revistas; piedras, plumas, palos. Y todo enmarcado en un impecable letrero de neón que decía: Problemas compartidos, preguntas compartidas, como también se llamó la intervención. Cada uno de los objetos portaba información muy propia de Chile y, al mismo tiempo, respondía a un pregunta personal que la ciudad le planteaba al artista. Cuestiones sobre la inmigración, la desigualdad, el modelo económico, las tradiciones precolombinas o el sistema político se traducían en imágenes y temas comunes. Mientras estuvo montada, los transeúntes solían acercarse a la vitrina para reconocer los fetiches allí exhibidos.

Detalles de la instalación Problemas compartidos, preguntas compartidas.

El proyecto que Tapia desarrollará a finales de este año en el Museo Nacional de Bellas Artes –con una exhibición secundaria en galería Departamento 21– es una obra realizada en conjunto con Peter Bonde, uno de los artistas más importantes de Dinamarca. La obra incorporará ideas e imágenes de la tradición cultural latinoamericana y vikinga.

Su último gran proyecto fue Travelling Dust, que acaba de exhibirse en el 18th Street Arts Center, de Los Ángeles, California. Para esta obra, se unió con el mexicano Camilo Ontiveros. Ambos conocían bien la ciudad e investigaron los conflictos culturales que allí se expresan. El trabajo se materializó como una plataforma sobre la cual se despliegan elementos que rescatan prácticas urbanas, en diálogo con la situación de los inmigrantes y de los pueblos originarios que se concentran en Arizona (en el límite con California). Entre ellos, incluyeron piezas arqueológicas originales que les prestó un museo especializado que hay en la ciudad.

Proyecto Travelling Dust en Los Ángeles, California.

Como toda situación cultural es, por definición, híbrida y contradictoria, así también son las obras de Tapia. Defiende abiertamente el valor de la diversidad cultural, a través de una estética carnavalesca que la traduce. Y siempre el proyecto va acompañado de un cuidadoso registro de los procesos e interacciones con personas, a través de filmes y libros de jugado diseño. Además, cada uno de sus trabajos se realiza de cara al público, pidiendo su complicidad y participación. Por ello, Tapia suele realizar actividades anexas a las exhibiciones, como performances, conciertos de música, comidas, que crea como espacios para que cualquiera pueda entrar, divertirse e intercambiar ideas.

Conceptual y expresionista al mismo tiempo, investigativa y vociferante a la vez, la obra de Tapia no calza con el "buen gusto" ni con lo supuestamente cool. Tampoco sigue tendencias reconocibles, no obedece a fórmulas ni ofrece discursos concluyentes. Tapia interroga al mundo y, en ese mismo proceso, se interroga a sí mismo. "Los artistas que me inspiran son, precisamente, aquellos que no codifico de inmediato, porque tienen contradicciones, tienen preguntas y su obra va cambiando", dice. "Cuando uno sobreexplica, mata las cosas".

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