Nómadas digitales: tres historias de trabajo remoto

Cada vez son más las personas que se ganan la vida trabajando remotamente desde cualquier parte del mundo y a la vez más la oportunidades que se abren para este tipo de empleos. Aquí, tres chilenas cuentan su experiencia teletrabajando desde México, Italia y Dinamarca.


Aunque la amenaza del Coronavirus comienza poco a poco a difuminarse en todo el mundo, algo que trajo la pandemia y llegó para quedarse es el trabajo remoto, con sus beneficios y desventajas. Si bien los avances tecnológicos que lo permiten no son una novedad, el teletrabajo en tiempos de cuarentena puso en evidencia que este tipo de metodologías podían ser más efectivas de lo que se pensaba.

Así, el mundo laboral comienza a reconfigurarse y, con esto, una práctica que antes parecía excepcional empieza a replicarse cada vez más. Se trata de los nómadas digitales, personas que aprovechan las posibilidades de trabajar remotamente para poder instalarse o viajar por otros países, compatibilizando turismo con su vida profesional.

Camila cree que poder conocer distintas ciudades y países la ayudan a ser más creativa en su trabajo.

Camila Aguirre (39) cuenta que en 2017 se aburrió de la estabilidad de su vida en Santiago. En ese entonces, decidió irse a vivir a México y dejar el trabajo que tenía en una productora de arte. Para su sorpresa, cuando les dijo a sus jefas que iba a renunciar, ellas le propusieron que siguiera trabajando remotamente. “Tuve suerte porque la empresa fue visionaria y pionera”, reflexiona Aguirre.

Así fue cómo comenzó su recorrido como nómada digital, tramitando distintos tipos de visa de trabajo. Los primeros dos años y medio los pasó en Ciudad de México y ahora lleva el mismo período de tiempo en Guadalajara.

“Para mí fue hermoso, porque podía estar donde quisiera trabajando. Mi trabajo me gusta, pero la oficina de 8:00 a 18:00 horas nunca me gustó. Poder llevar mi trabajo a donde quisiera estar siempre fue mi sueño. Mi trabajo es creativo y siento que se nutre y diversifica si me muevo. Además desde México puedo viajar más fácilmente a cualquier país, es un buen centro de operaciones”, explica.

De todos modos, Aguirre admite que la distancia trae sus complicaciones. Una de ellas, es que, tal como le ha pasado a muchos, le resulta más difícil desconectarse y que a veces los cambios de horario le quitan tiempo de descanso. Aunque lo que más recalca es la dificultad extra por vincularse con sus colegas.

“Creo que los espacios off con el equipo de trabajo son claves para que ocurran buenas ideas. El humor, el espacio del copucheo, del cigarro en el patio, de la hora de colación, son las instancias que nutren y afiatan vínculos. Eso a distancia se dificulta. Por eso descubrí que es importante el whatsApp, un grupo donde poder hablar no solo de trabajo. Los stickers ayudan mucho. Uno se acerca pero nunca llega a ser lo mismo que la presencialidad”, dice.

En el último año, Catalina ha trabajado desde Chile, México e Italia

Tiempo para recorrer

El caso Catalina Bergström (31) es similar al de Camila, en cuanto ella también teletrabajaba desde antes de la pandemia y también en México, aunque en ese tiempo era empleada de una empresa de allá. A comienzos de este año, empezó a trabajar remotamente en la filial chilena de una compañía de recursos humanos.

En los meses que lleva en este nuevo empleo, Catalina ya ha trabajado desde Chile, México y ahora Trani, una pequeña ciudad del sur de Italia, en la costa del Mar Adriático, donde llegó junto a su esposo que es italiano.

Aunque ahora en Europa la diferencia horaria puede llegar a ser de entre cinco y seis horas, Bergström asegura que el desfase también trae ventajas. “Puedes disfrutar las mañanas y recorrer más de lo que uno se imagina y así conocer bien el país o ciudad donde estás instalada, lo mismo el idioma. En mi caso puedo aprovechar yendo a la playa en Puglia o haciendo deporte”, dice.

Si bien ella ya estaba acostumbrada al trabajo remoto desde antes, admite que la pandemia ha facilitado este tipo de empleos. “Todo se flexibilizó aun más y lo mismo con los clientes. Ya no esperaban que tomaras una hora de viaje para una reunión presencial de 30 minutos y así te puede cundir mucho mejor el día, sobre todo si estás desde tu casa o en otro país”.

Florencia ha tenido que lidiar con las cinco horas más que hay en Dinamarca.

La organización es clave

Tal como Catalina, Florencia Velázquez (28) ha aprovechado el teletrabajo desde Europa para tener mañanas libres de turismo. Ella está viviendo desde junio en Copenhagen, aunque ha aprovechado el verano europeo para conocer otros países.

“He podido compatibilizar muy bien los tiempos de ocio, de pasarlo bien con el estar ahí con mi computador atenta a lo que pase en el trabajo. Poder estar conectada con lo que está pasando allá estando lejos es bacán”, señala.

Velázquez trabaja en el área de marketing digital de una empresa financiera, empleo al que llegó cuando ya había comenzado la pandemia, por lo que nunca tuvo una oficina presencial. Aprovechando la naturaleza remota de su trabajo postuló a una visa Working Holiday en Dinamarca con el apoyo de sus jefes.

El único sacrificio ha tenido que ser adaptarse a los horarios chilenos desde Europa. Ahora, su jornada laboral termina a las 23:30. De todos modos, saca cuentas alegres. “He podido organizar bien mis tiempos para cumplir bien mis labores. Ha sido muy tranquilo el cambio. Es casi lo mismo que cuando estaba en Santiago”.

Una tendencia que crece

Si bien hay distintas visas y permisos para poder concretar una temporada de trabajo en un país extranjero, no son pocos los países que últimamente han lanzado un visado especialmente diseñado para quienes trabajan remotamente.

Si bien la tramitación difiere en cada país, normalmente este tipo de permisos permite al beneficiado seguir pagando impuestos en su país. Por otro lado, los países que han promocionado este tipo de iniciativas se benefician del impulso que genera en la economía tener visitantes por largas estadías.

Además, en algunos países europeos donde el envejecimiento de la población y el vaciamento de las ciudades más pequeñas es uno de los principales problemas, este tipo de visas ayuda a generar interés de jóvenes de todo el mundo.

Según el sitio especializado visadb.io, actualmente los ciudadanos chilenos pueden postular a visas de trabajo remotos en 40 países, entre los que destacan Brasil, Colombia, Costa Rica, Croacia, Panamá, Portugal, España, Alemania e Italia.

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