El futuro del mundo remoto: oficinas y ciudades inteligentes

El término "smart city", aunque su origen sea tecnológico, hace alusión también a la sustentabilidad en su construcción y entorno.

La oficina en tu bolsillo ya es una realidad. ¿Qué sucederá cuando el trabajo del futuro se mezcle con las smart cities? Internet de las cosas, edificios intercomunicados entre ellos, accesos sin control o con reconocimiento facial serán algunas de las innovaciones en las que la industria ya piensa y trabaja.


Todo es información. Desde una mera publicación en redes sociales hasta el trayecto diario al lugar de trabajo. Las ciudades inteligentes -o smart city, como se les conoce en el exterior- son el siguiente paso de la industria.

Si bien existen algunos proyectos alrededor del mundo, que van desde incluir un diseño sustentable del entorno, pasando por la realización de rutas adecuadas especialmente a los usuarios hasta la inclusión del Internet de las Cosas (IoT) y su vinculación e interacción directa con los ciudadanos / usuarios, ¿cuál es el futuro del trabajo en la ciudad inteligente?

El concepto de smart city, describe el arquitecto Iván Poduje, está asociado principalmente a la sustentabilidad en todas sus dimensiones, pasando por el tema ambiental, tecnológico y de equidad social. No hace alusión específicamente a la tecnología, aun cuando el concepto surge desde ahí. “Uno las puede identificar porque la arquitectura tiende a ser más sustentable, moderna, con un trabajo mucho más inteligente en los sistemas de calefacción, entre otros detalles”, especifica el también magíster en Desarrollo Urbano.

Un objetivo de las smart cities, explica el arquitecto, es reducir la cantidad de viajes al planificar la mayor cantidad de servicios cerca de la vivienda. “Pero para lograr eso necesitas una mixtura en los barrios, cambiar el paisaje urbano y nuestro transporte: los medios electrónicos y masivos, como los trenes, tendrán un rol más importante que los transportes de superficie”, asegura Poduje.

Jeremy Yap, gerente regional de desarrollo de negocios de Graymatics, empresa de inteligencia artificial con presencia en Chile y otros países como Singapur, India y Estados Unidos, dice que aquí comienzan a verse algunas luces sobre una ciudad inteligente. Por ejemplo, en Santiago ya existen varios edificios en los que se puede hacer ingreso con la cédula de identidad o tarjetas e incluso con reconocimiento facial o la huella digital.

Su empresa se dedica a transformar cámaras o sistemas de vigilancia en “inteligentes” y, sobre esto mismo, asegura que en un futuro próximo habrá también cámaras para ver quién va entrando o saliendo de una oficina, y así incorporar dispositivos para que puedan hacer distintos procesos automáticamente. ¿Va llegando a su oficina o lugar de trabajo? Las cámaras de su empresa podrán darle acceso sin problema alguno, sin tener que hacer un check in o “marcar tarjeta”. “Las empresas tendrán un mánager de oficina o edificio, claro, pero podrá ver todas estas cosas de forma online y remota”, propone.

Hoy día empresas y establecimientos utilizan el reconocimiento facial para darles acceso a sus colaboradores.

Jeremy Yap dice que las smart cities se vincularán directamente con el trabajo. Si un oficinista va llegando a su oficina, plantea el ejecutivo, los sistemas de vigilancia podrán escanear automáticamente las patentes y darle acceso y posterior seguimiento, para poder entregar resguardo y seguridad al interior de la empresa. Con ese reconocimiento, se dispondrán de todos los datos personales y el trabajador entrará al edificio por reconocimiento facial. Asegura que en Japón, por ejemplo, existen ya hoteles que les permiten a sus huéspedes ingresar sin trámite alguno. Pueden hacer check in desde sus pantallas, ingresan su tarjeta, se reconoce su patente y pueden entrar al hotel.

Pero, primero que todo, para que exista una ciudad inteligente debe haber una gran red desplegada y que permita a la ciudad en sí desarrollarse. Las construcciones y edificios mismos deben de ser levantadas pensando en las nuevas tecnologías y cuánto estas pueden sumar para el desarrollo y buen vivir de sus residentes.

Habrá que instalar cámaras de todas maneras, pero también sistemas de recepción automática, y tampoco hay que olvidar la relevancia que tendrán las redes 5G y las futuras generaciones. “Todo estará sincronizado: las cámaras de seguridad pueden detectar cuántas personas entran a un lugar, cuánto mapa de calor existe o también si hay algún tipo de intrusión o lista negra y que se envíen alertas a la empresa”, asegura.

Frank Diana, “futurista” de Tata Consultancy Services (TCS), recuerda que con la pandemia se aceleraron tecnologías subyacentes y que llegarían a Chile prontamente. Por ejemplo, la realidad virtual y las experiencias inmersivas en el metaverso desarrolladas para que podamos trabajar desde cualquier parte, pero sintiéndonos en el entorno que estaríamos si estuviéramos en la oficina. “Es esperable que estas tecnologías inmersivas cambien por completo la forma en que interactuamos, ya sea en el trabajo, educación o vida social”, dice desde Nueva Jersey.

¿Desaparición de la oficina física?

A pesar de la inclusión de nuevas tecnologías, y por mucho que haya quienes prefieran el trabajo remoto, la cuota física y presencial no puede ser erradicada. Hay áreas en las que, aunque existan avances, no puede desaparecer la cuota humana, incluso si se trata de una smart city en la que los trabajadores, en un futuro, quizás ni siquiera tengan que asistir a diario a su oficina y puedan realizar todas sus operaciones de forma remota. Jeremy Yap, de Graymatics, pone como ejemplo los call centers. En Singapur, país de donde es oriundo y que es uno de los mayores exponentes en cuanto a ciudades inteligentes, bancos y otros servicios están automatizados.

La oficina física, a pesar de las opciones que existen con el trabajo remoto, no debería desaparecer. El formato híbrido se mantendría, pero en cuotas muy reducidas.

Eso sí, en caso de tener problema alguno, siempre existe la atención humana de forma telefónica. “A pesar de todo, tenemos que mantener la conexión humana”, dice. Sumado a eso, plantea que la oficina física no puede desaparecer aunque desde ya existan plataformas o tecnologías que permitan “llevarla” en el bolsillo. “Hay gente que sigue queriendo tener reuniones o interacciones físicas, pero nos dirigimos hacia un futuro con la totalidad del trabajo remoto, considerando que aún el 35% lo está haciendo actualmente y con el tiempo deberían sumarse otras”, añade Yap.

De todas maneras, el mundo en la oficina será en un escenario más cercano al trabajo híbrido, dice Frank Diana, en el que la propia oficina se rediseña no solo para las personas que están ahí, sino que también para que quienes estén trabajando desde otros lugares puedan participar de forma mucho más eficaz.

Las empresas cambiarán la forma de reunirse y algunas de estas modificaciones estarán asociadas al propio lugar de trabajo, a su arquitectura y a la forma en que los rediseñemos, pero otros serán una evolución de la tecnología y de cómo esta nos permite reunirnos mejor y sentir que estamos realmente en nuestro espacio, aunque no sea así”, asegura Frank Diana.

“Con el efecto del teletrabajo o la eventualidad de que no sea necesario viajar para trabajar hay muchas tesis. Lo que se ha visto es que la gente sigue trabajando afuera de la casa, y por lo tanto el teletrabajo como masificación es un mito”, plantea Iván Poduje. Añade que el grueso de la población seguirá trabajando de forma presencial, y solo una cuota muy reducida podrá acceder a teletrabajo. “La oficina no desaparecerá, e incluso aumentará su demanda para ser distinta, flexible; es imposible tener a todos desde la casa: ahora lo que importa es la flexibilidad para la salida e ingreso”, apuesta.

El desafío smart

Más allá de la oficina física, construir una ciudad inteligente también conllevará una serie de desafíos que superan el levantamiento de un grupo de edificios o la implementación de tecnologías. “El principal desafío tiene que ver con la formación del capital humano y el talento”, dice Frank Diana. “Las ciudades se enfrentan cada vez más al reto de seguir el ritmo de los requisitos de educación y formación de la mano de obra del futuro, y debe surgir una nueva generación para hacer frente a la creciente necesidad de trabajadores altamente cualificados y a las implicaciones para los empleos afectados por los avances en la automatización”, añade.

Con una correcta gestión, que tome en consideración el flujo de usuarios y la frecuencia de Metro, podrían evitarse altas aglomeraciones.

A nivel empresarial, Jeremy Yap, de Graymatics, plantea que las mismas empresas tendrán que capacitar a las personas de mayor edad. “Si ellos no saben cómo usar las nuevas tecnologías, pueden generar problemas”, dice el ejecutivo, y recuerda que en Singapur se dio una situación similar. Empresas de tecnología, afirma, invitaron a personas ya adultas a participar en capacitaciones para saber cuestiones básicas en las que aún quedan expuestas las brechas digitales.

Son herramientas básicas que la ciudadanía debe de manejar en caso de querer vivir en una “ciudad inteligente”. “En Chile ya podemos usar Código QR para entrar al metro con el celular, pero aún se pueden ver a muchas personas de mayor edad usando sus tarjetas”, dice Yap, que considera a algunos referentes de smart cities en Singapur, China y Japón. En Latinoamérica, dice que Chile tiene la mayor fuerza.

Si existiera alguna automatización total de la ciudad, quizás podríamos, de acuerdo a un horario determinado, saber si poner o no más trenes, por ejemplo, y eso solo podríamos saberlo en la medida que existan datos”, dice Jeremy Yap. Pone como ejemplo el caso de las micros: a veces hay buses que vienen llenos, pero detrás vienen otros dos muy seguidos y vacíos. “Con cámaras se puede monitorear y registrar todos los días cuál es la frecuencia”, añade, y dice que Chile está muy cerca de poder tener sus primeras ciudades inteligentes. “Hay muchos jugadores en el mercado, pero tenemos que reunir una integración para poder transformarlas a smart cities”, plantea.

El arquitecto Iván Poduje dice que de todas maneras surgirán nuevos empleos asociados a las smart cities, sobre todo en el área de la distribución, la logística, y particularmente en el comercio electrónico. “Primero el Estado tendrá que reducir las brechas de acceso que hay de las tecnologías, fundamentalmente en los sectores periféricos y de menores ingresos. Es una tarea estatal y hemos detectado diferencias gigantescas en el acceso a coberturas 4G y lo que pueda ser 5G; eso impide que niños y jóvenes accedan al mismo contenido que otros”, dice el especialista.

¿Cree que Santiago tiene el potencial de convertirse en una “ciudad inteligente”? Poduje responde: “Tiene un potencial enorme, en la medida que controlemos los fenómenos de violencia e inseguridad, con una red de autopistas y estacionamientos muy fuerte, que podría funcionar perfectamente con pago electrónico, sistema de semáforos y una buena cobertura 4G”.

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