En 1993, Bernard Sumner estaba harto de The Haçienda. Cada noche, la discoteca era una constante de peleas, pandilleros armados, tráfico de éxtasis, violencia, y para colmo, las ventas de la barra no alcanzaban para cubrir la gran cantidad de costos que demandaba el local, que financiaban el sello Factory Records y New Order.

Por esos días, la agrupación de Manchester vivía días duros. Las crecientes tensiones entre los integrantes, especialmente entre Sumner y el bajista Peter Hook, por el control creativo de la banda y la extensión de las giras, habían llevado a la agrupación a un punto en que dejaron de trabajar juntos hacia fines de ese año, justo en días en que la banda gozaba de gran popularidad especialmente gracias al álbum Republic, en donde aparece "Regret", uno de sus sencillos más exitosos.

Como un paralelo de su propia historia, Sumner, la tecladista Gillian Gilbert y el baterista Stephen Morris, no solo dejaron de colaborar entre sí, sino que decidieron alejarse de la administración del local, que habían contribuido a fundar en 1982.

"Como los demás habíamos llegado a comprender, The Haçienda era un problema que no se podía arreglar, y lo único que cabía hacer era cerrarla", cuenta el guitarrista en su autobiografía New Order, Joy Division y yo (2015, Sexto piso). Solo Hook y el mánager Rob Gretton, insistieron que se podía salvar la situación.

Un lugar diferente

La discoteca había crecido casi al mismo tiempo que la banda. Todo había comenzado a principios de los 80'. Cuando New Order aún estaba forjando su propio camino tras la muerte de Ian Curtis, antes de dar el gran salto con el clásico Power, Corruption & Lies (1983). En esos días, el sello Factory Records, al que pertenecía la agrupación, organizaba conciertos semanales, las "Noches Factory", en el Russell Club, en Hulme. Por allí pasaron agrupaciones como A Certain Radio, Gang of four, Public Image Ltd, y los mismos ex Joy Division.

Pronto, Tony Wilson, el periodista de Granada TV que dirigía el sello, notó que el espacio semanal no era suficiente y era hora de tener su propio club. Inspirado en los locales de Nueva York, que había conocido en sus viajes a Estados Unidos, el director invitó a la banda ser parte del proyecto y estos aceptaron. En busca de un espacio, dieron con una antigua sala de exposición de yates en Whitworth Street. Gretton insistió en hacerse cargo del proyecto y pidió al cuarteto dedicarse solo a lo musical.

En su libro, Sumner cuenta su impresión cuando entró por primera vez al local. "Desde el primer momento que vimos aquel lugar enorme y cavernoso, nos dimos cuenta de que nunca iba a ser una pequeña discoteca con una docena de adornos colgando del techo: era algo a una escala mucho mayor". La idea de la agrupación y de Wilson era crear un espacio diferente, que desafiara las otras salas de baile locales. Tras afinar los detalles, The Haçienda abrió en mayo de 1982.

Con un presupuesto original de cincuenta mil libras, pronto comenzó a generar más costos, sobre todo porque en sus primeros días tenía muy poca concurrencia debido a lo extraña que le resultaba a la gente. No había una cabina de DJ, este se colocaba en una oficina tras una pared, y podía mirar hacia la pista por medio de una ranura. Pese a que invirtieron mucho dinero en un sistema de sonido, el techo era tan alto, que el sonido era muy malo. Además, a diferencia de una sala común, la iluminación no era oscura, lo que desconcertaba a la gente.

Pero poco a poco las cosas comenzaron a mejorar. Se decidió incluir presentaciones en vivo, las que permitieron apuntalar las cifras. De esta forma hubo actuaciones de nombres importantes de la época como Echo and the Bunnymen, The Smiths, Happy Mondays, y unos jóvenes The Stone Roses. Incluso la primera actuación de Madonna en el Reino Unido, fue precisamente en ese sitio.

La era del acid house, a finales de los ochenta marcó la era de gloria de la disco. Rápidamente el nuevo ritmo se extendió por Gran Bretaña y el recinto se convirtió en un punto de referencia para los amantes del género, y por cierto, de quienes consumían éxtasis. Ello condujo a las primeras complicaciones, especialmente cuando en 1989, una joven murió tras consumir pastillas en el local.

Incluso los mismos New Order se entusiasmaron con el nuevo sonido. Empujados por Sumner, el conjunto viajó a Ibiza para trabajar las canciones que dieron forma a Techinique (1989), un álbum inspirado por el estilo. Las sesiones en España habitualmente acabaron en largas juegas. El baterista Stephen Morris detestaba tanto el calor, que pasaba los días encerrado grabado pistas de batería.

En sus días peak, hasta ochocientas personas se congregaban al ritmo de la música electrónica, con fiestas que se extendían hasta las 2 de la mañana, el horario establecido por las autoridades de la ciudad. Pero muchas veces, el mismo Sumner pedía a los Dj's que alargaran la velada.

Pero la alegría para La Haçienda no duraría mucho. Los crecientes problemas de seguridad suscitados por el consumo de éxtasis, hizo redoblar los esfuerzos por contar con personal más rudo, lo que incomodó a la banda y a los habitués del lugar. Además, los crecientes gastos pronto hicieron tambalear las finanzas, por lo que a principios de los 90, la situación comenzó a volverse compleja.

La historia de la discoteca llegó a la pantalla grande en la película 24 hours party people (2002), para la cual se construyó una recreación, justo en días en que la original estaba siendo demolida. Tras el fin del rodaje, se hizo una fiesta, que permitió a Sumner cerrar el círculo, pues había quedado tan saturado que cuando el edificio cerró, no habían hecho ninguna ceremonia. "Para mí, independientemente de cuánto tiempo más pueda seguir coleando todavía el tema, esa fiesta fue el último capítulo, la noche en que finalmente se puso el sol detrás de The Haçienda, y ahora ya sólo queda dejar que descanse en paz".

https://www.youtube.com/watch?v=HFiyEegpKUM