¿Pueden las películas pequeñas competir en las salas grandes? Al parecer, no. Para nada. No alcanzan siquiera a languidecer. Son carcomidas y desechadas antes de empezar a crecer. Son estrenadas sin ímpetu o deseo de poder permanecer. Son simples y pobres ofrendas para aparentar una cierta diversidad donde no existe. No nos engañemos: todo lo que no son franquicias y no poseen el músculo hollywoodense detrás terminan siendo como un food-track con las ruedas desinfladas que sirve empanadas veganas con kombucha en medio de una fonda muy concurrida donde la grasa chorrea y la fritanga no para y las piscolas son rey. Ese cine más pequeño que no hace tanto se llamaba indie tiene poca chance en este clima triunfalista exacerbado.

Blinded by the Light (Cegado por la luz, aunque ni siquiera se dieron el gusto de traducirla o darle un tagline acertado), una de mis cintas favoritas de este semestre, es de esas películas que están lejos de ser perfectas y redondas y hasta tiene algo incoherente, acaso no están del todo cuajadas, pero palpitan, transpiran y te hacen sonreír. Tienen buena vibra y mejor energía. Blinded by the Light duró menos de una semana en la cartelera y fue castigada, como tantas, por no rendir como lo que se esperaba. ¿Esperaban algo más si no hicieron nada? Cómo se puede criticar algo de no llegar al público si no se invierte en tratar de avisarle. Hoy esto es clave y, como nunca, aquellos productos que son apoyados son los únicos que realmente pueden volar. Es fascinante encontrar algo que está bajo el radar, pero hoy estar fuera de la grilla es como andar tratando de conectarte a la red sin tener señal. Estas películas chicas están en serios problemas. Lo cierto es que los grandes trituran a todas esas cintas pequeñas casi-de-autor acerca de un chico o de una chica que desea algo más. Es el llamado realismo el que está en jaque. O eres grande, algo como una franquicia, o estás frito. O se triunfa (o se arrasa) o no pasa nada de nada. Todo lo que huele a crisis existencial, a comedia romántica, a esas películas que lanzaron a la fama a John Cusack, hoy son trituradas con las fauces de la maquinaria de estrenos demente. Incluso, películas desconocidas se convierten en godzillas tales por ser de géneros que una vez fueron menores (el terror, lo infantil), pero que hoy captan todos los mercados (qué miedo). El boca a boca no funciona cuando no hay tiempo de mostrar los dientes. Te devoran.

Me gustaría celebrar la llegada de It, Capítulo Dos, pero la verdad es que ese payaso maldito ya dejó de ser el ícono de una miniserie de la tele (dos VHS que arrendé en el Blockbuster de la esquina). El payaso que se asomaba por las alcantarillas es la cara sangrante que nos acecha desde los buses y hasta de los altos de un par de edificios. Pennywise fue cooptado por los grandes. Seguimos amando a Stephen King y la deseo ver, lo admito, pero…. ¿en qué momento King pasó de ser nicho a ser un portaavión? No todas las adaptaciones de King volaban. Por el contrario. Eran gustos adquiridos. Cujo u Ojos de gato o Llamas de venganza eran artefactos para algunos, pero claramente no eran para todos. Incluso, El resplandor de Kubrick, que hoy todos celebran, fue algo así como un fracaso y fue recibida como algo así como una cinta-de-arte en ácido. Kubrick le quitó el pop a la trama y por eso fue celebrado. Por esa época (fines de los 70, mediados de los 80), el apellido King era sinónimo de terror, gore, rareza y nicho. Uno iba a ciertos cines a ver esas cintas. No todos: los raros. Hoy todos se creen raros, el nicho que vale es el que engloba y se traga a todos. The Dead Zone de Cronenberg ni llegó, no tuvo chance. El Astor y el Imperio eran los cines del centro donde iban los que se vestían de negro y no se sentían del todo parte con sus copias de los libros de King de la editorial Grijalbo. Recuerdo haber visto Maximum Overdrive, dirigida por el propio King, casi a solas una noche de sábado. La promoción original de Cuenta conmigo de Rob Reiner casi no nombraba al autor de Maine por miedo a ensuciar una cinta que pretendía ser algo más (¡y lo era!). Hoy todos aman a King, pero antes solo unos cuantos se atrevían. Su obra, su forma de mirar el mundo, no parecía tan masiva.

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¿Cuál es el nuevo nicho? Si el terror pop es hoy el agua potable del que todos desean beber, capaz que la comedia musical urbana de un chico distinto es la alternativa. Hay una tendencia que está naciendo y me gusta, aunque no siempre arrasan. Blinded by the Light es un ejemplo, como lo es Yesterday, acaso la mejor cinta de Danny Boyle, que partió este jueves. Son películas que tienden a venir de Inglaterra y dos de ellas, quizás las menos interesantes, han arrasado no tanto por la trama en sí, sino porque tanto en el caso de Rapsodia Bohemia y Rocketman, el chico "fuera del agua" o el outsider eran Freddy Mercury y Elton John, respectivamente. En el caso de las últimas dos cintas de estos pop boys ambos chicos son de origen paquistaní (¿cuándo el cine chileno se hará cargo desde la república del cariño con el tema de los inmigrantes?). Todas estas cintas han procesado la moral Nick Hornby, pero le han quitado el componente de chico-blanco-perdido-e-inmaduro. Han pasteurizado, quizás, el cine duro de Stephen Frears y Hanif Kureishi, y lo han llenado de música pop que ya estaba dentro del inconsciente colectivo. Todas estas cintas tienen algo de karaoke o de película-rockola. O de fiesta temática. Blinded by Light celebra la fuerza de Bruce Springsteen en la siquis de un chico de un pueblo que solo desea escapar y escribir. Yesterday, como ya todos saben, es acerca de un don nadie que comienza a triunfar recordando y cantando y grabando los temas de los Beatles luego de que, en un evento muy tipo Stephen King, un apagón mundial borra (de Internet, de la memoria, de las colecciones personales) todo lo concerniente a algunos hitos culturales del siglo XX. Este nuevo cine poco tiene de nuevo y quizás por eso funciona de manera algo ingenua, pero no por eso menos potente. ¿Puede un chico marginado escapar? Es cierto: pueden transformarse en rockeros y en millonarios, por cierto, esa siempre es una opción, pero la más interesante es que también pueden ser fans, pueden usar el pop como fuerza, pueden levantarse en torno a letras y melodías e historias que los hacen conectar, crecer, volar. Yesterday te hace escuchar a los Beatles por primera vez y lo que sucede es pura emoción. Blinded by the Light hace lo mismo con Springsteen. La secuencia en que Jared escucha por primera vez Dancing in the Dark en su cuarto es glorioso. Te hace confirmar lo importante del pop y, de paso, te hace darte cuenta de las posibilidades del cine que no intenta tanto. De ese cine que golpea la puerta más que aquel que la patea. Ciertos tipos de películas pueden seguir haciendo bien lo que saben hacer cuando quieren y necesitan financiar toda una corporación: emocionar, contener, entender y llevarte directo a tus playlists musicales.